The Adversiter Chronicle

martes, 16 de enero de 2018

"Ni a pata ni alpargata y menos a La Alcarria", suplemento viajero cutre


Suplemento viajero cutre de The Adversiter Chronicle

Viaje a la biblioteca con idas y venidas por despiste y averías

El viajero mira por la ventana mientras se toma el cafelito matutino y el cielo anuncia mañana despejada y soleada mas el viajero observa a la gente que va abrigada y decide dejar el chubasquero por una prenda de más abrigo. Debe el viajero viajar a la biblioteca donde se provee de material de lectura. El viajero está optimista como la mañana soleada, es un paseo que sirve para hacer ejercicio y tonificar las piernas, podría coger el autobús municipal pero la biblioteca está a solo dos paradas de la suya y siempre le presta al viajero dar un paseo hasta la biblioteca...
El viajero sale del portal y se encamina en la dirección correcta, hay una pequeña subida pero el viajero se lo toma como un deporte de esfuerzo. Hay tráfico y peatones pero una vez finalizada la cuesta el tráfico es más fluido y los peatones se pueden contar con los dedos de la mano. No cae en la tentación de entrar en la cafetería que hay de camino a la biblioteca, hace poco del cafelito mañanero y se plantea que igual lo deja para el viaje de vuelta.
Como siempre hace el viajero, mientras sube en el ascensor a la biblioteca del moderno y funcional edificio municipal, echa mano a la cartera en busca del carnet y descubre con horror y pavor que se ha dejado el carnet en casa, lo sacó de la cartera para tenerlo a mano y seguramente se le olvidó encima de la mesa, o tal vez lo ha extraviado lo cual hace que el viajero se acuerde de todos los santos para sus adentros. Ofuscado y enrabietado debe el viajero limitarse a devolver el préstamo y sale de la biblioteca como un toro, pensando en que ahora deberá hacer otro viaje si quiere material de lectura siendo la alternativa dejarlo para otro día y mientras tanto leer alguno de los múltiples folletos publicitarios que a diario dejan en el buzón...
El viajero enfila el regreso que se le hace ameno y prefiere deleitarse a la vez que se mentaliza de tener que repetir el trayecto. Casi sin darse cuenta llega a casa, sube en el ascensor, recoge el jodido carnet y baja de nuevo en el ascensor, sale del portal y tira rumbo a la biblioteca de nuevo no sin antes asegurarse al menos una docena de veces de que el carnet está en su poder. La cuesta de los cojones al inicio de la ruta se convierte en una rampa de puerto y las piernas piden misericordia a su dueño, que reduce el paso y decide que ahora sí se tomará el café en la cafetería. Sólo hay una pareja que parecen agentes comerciales y la camarera. El café está rico y el viajero decide desprenderse del mal humor consigo mismo y sale de la cafetería con propósito de enmienda y encomienda de volver al optimismo. Espera que se ponga el semáforo cuando se detiene en un rápido vistazo en la fachada del centro comercial próximo a la biblioteca y las apagadas luces de la pasada navidad adquieren un tinte grotesco en plena cuesta de enero y el viajero recuerda volver a clase tras las fiestas y sentir la misma sensación grotesca de lo que antes era alegría ahora es un andamio con bombillas esperando a que lo retiren hasta las próximas navidades...
El viajero disfruta entre los estantes de la biblioteca y comienza la liturgia de buscar título, de hojear, de pasar páginas o mirar contraportadas. Escogido un título, el viajero se acerca al mostrador donde el probo funcionario le mira con cara de asombro y le indica el cartel encima del mostrador donde se puede leer que hoy y mañana no hay préstamo de libros por avería del sistema. El viajero siente que en su interior estallan llamas de azufre y vapores de sulfuro ante tal demostración de despiste por parte del viajero tras patearse dos veces el camino de ida y quedarle una segunda del de vuelta más volver dentro de dos días...
El viajero regresa al hogar rezongando y el ruido insoportable del tráfico es banda sonora de su cabreo y frustración que le invade a cada paso, ya cansado y cansino del viaje de regreso, idas y venidas como la vida misma y el recuerdo constante de cómo se puede ser tan gilipollas. El viajero toma la decisión de realizar medidas preventivas y avisa en el curro que ha cogido la gripe, baja la persiana y se mete en la cama de la que no piensa levantarse hasta que haya pasado día tan aciago y lleno de paseinos arriba y abajo, abajo y arriba una y otra vez y cierra los ojos con temor de que haya sido una pesadilla y volver a la realidad donde se repite el sueño una y otra vez. El viajero busca la postura cómoda y recuerda ese viejo dicho que dice que hay días en que es mejor no levantarse de la cama....
 
The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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