Otra
cosa no, pero este 2026 está resultando cuando menos preocupante y
da que pensar a plebeyos, plebe y clases pudientes, todos los días
con un susto internacional y espantos al resto de niveles incluyendo
el personal. Por eso es necesario buscar alternativas a la realidad
que nos permitan desconectar, pensar en otra cosa y nadie mejor que
Indalecio Charcón que es pensador en las musarañas, pese a que se
usa el término casi como despectivo de alguien que no se concentra
en una tarea y está pensando en quién sabe qué pero damos por
hecho que está pensando en las musarañas. En definitiva,
entrevistar a otro de esos personajes que nos acompañan toda la vida
y a todos y todas alguna vez nos han pillado pensando en otras cosas
y no precisamente en las musarañas...
-Antes
que nada quiero puntualizar que tiene usted razón al señalar mi, no
oficio ni trabajo, auténtica pasión por las musarañas; puntualizar
que es cierto que se usa como algo despectivo el pensar en las
musarañas y es muy injusto porque, por ejemplo, a quien es corrupto
se le dice que piensa en el dinero, al trepa progresando en política
que piensa en el poder e incluso un psicópata piensa en sus cosas,
pero cuando quieres hundir a alguien en la miseria, pues está
pensando en las musarañas. Yo llegué a este mundillo por mi
profesión de sexador de pollos, una tarea mecánica aunque cierto
que bien retribuida, pero uno llega un momento que se hace la tarea
de forma mecánica, casi autómata, y la mente busca evadirse.
Entonces vi que entraba por un agujero una criatura de aspecto
similar al ratón, de hocico puntiagudo, ojitos pequeñitos y una
larga cola. Mi primera reacción era la de coger el escobón y
atizarle bien que se quedara frito, pero entonces vi la luz.
-No,
para nada. Era la luz del baño y que éste quedaba libre, así que
fui a orinar y cuando me di cuenta estaba pensando en ese animalillo
silvestre que aparece de sopetón en mi rutina laboral. Nada más
llegar a casa me documenté y descubrí el fascinante mundo de las
musarañas. Resulta que la ciudadanía en general considera como
musaraña cualquier sabandija, insecto u animal pequeño, ignorantes
del mamífero que es la musaraña. Incluso a las personas contrahechas
se las tilda de musaraña. Supe que mi vida había encontrado un
destino, una meta y un objetivo que debía asumir y aceptar la
responsabilidad que conlleva.
-No,
mi esposa, mi vida y mi todo pues encontró un lugar ideal para las
vacaciones y además podíamos ver la llegada de la Vuelta Ciclista
por esas fechas y me compré un objetivo nuevo para la cámara de
fotos. Todo ello no me evitaba pensar en las musarañas, me entró un
afán investigador, de prospección en los conocimientos sobre las
musarañas, cómo hacen sus madrigueras, su capacidad intelectual
para resolver acertijos aunque no les libró de que les pillara el
gato que tiró el terrario donde tenía mis musarañas, importadas de
Ceilán aunque el giro de dinero era a una dirección de Cuenca. Así
supe que esa especie de nubecilla que se pone en los ojos se la
denomina musaraña. Me entró un ansia creativa donde realicé
musarañas en escayola, cerámica, con pinzas, con papiroflexia y
hasta unos bocetos de una casa inspirada en las madrigueras de las
musarañas y me encerraron.
-Para
nada, oiga, para nada. Me encerraron en el pabellón psiquiátrico
del hospital y estuve cerca de tres meses en observación. Fue allí
donde escribí mi libro: ¿En qué piensan las musarañas? La verdad
es que estoy agradecido porque tuve la oportunidad de hablar con
otros pacientes y se formó una interesante mesa de debate sobre si
una persona enferma mental puede pensar en las musarañas. La cosa
fue creciendo en participantes con el resultado de llamar la atención
del personal sanitario del pabellón que informaron a las
autoridades del hospital que decidieron suspender la mesa de debate,
doblar la ración de neurolépticos y ansiolíticos por pensar
demasiado en las musarañas y me cambiaron el tratamiento y aislado
del resto por mala influencia.
-No,
para nada. Resulta que quien más o quien menos tenía enchufe por
conocer a alguien y así te aflojan las correas de noche, te dan algo
para dormir o te sirven doble de postre, pero mi enchufe tenía poca
influencia, cosa de un pariente de una tía de mi padre vecina de
Fulanito. Pero era un enchufe de tres al cuarto porque me tenían
atado hasta de día, nunca me gustaba el postre y cuando pedí un
ansiolítico me tuvieron caminando por el pasillo adelante y atrás,
adelante y atrás, algo horrible. Menos mal que el tribunal médico
comprendió que mi pensar en las musarañas no era falta de atención,
de interés o pocas neuronas, era una auténtica vocación de alguien
con la mente totalmente cabal y responsable de sus actos. Creo que
incluso el gran Donald Trump tiene un ejemplar de mi libro en su
mesilla de noche...
The
Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake
City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr.
IV
http://theadversiterchronicle.org







































