Suplemento
viajero cutre de The Adversiter Chronicle
Viaje al cafelito un
soleado domingo de febrero
El
viajero sale del portal con ese aire mezcla de optimismo y pausa que
flota en el ambiente los domingos. Hace una mañana soleada y el
viajero tiene la sana costumbre de los domingos cambiar de ruta para
ir a un abrevadero donde sirven con el cafelito un generoso trozo de
bizcocho imperial...
No
hay mucho tráfico, casi nada en comparación con un día de semana y
de vez en cuando pasa un autobús municipal. Pasa por una tienda de
electrónica para echar un vistazo al escaparate pero tiene una reja
metálica que impide pasar al soportal con escaparates. Unos metros
después el viajero se para ante lo que era el escaparate de una
librería y que ahora es un local vacío puesto en el mercado
inmobiliario para su alquiler. Siente el viajero un instante de
pesar, nunca había entrado y siempre paraba en su ruta al cafelito
dominical a ver lo expuesto, recuerda que había literatura infantil
sobre todo y supone tristeza que una librería de las de siempre
tenga que echar el cierre sin continuidad...
El
viajero enfila la calle, recta y larga, en dirección al abrevadero
de los domingos, hay comercios de ropa, ambas aceras salpicadas de
cafeterías donde las terrazas invitan a sentarse pese a que, si bien
brilla el sol, no es un día caluroso donde no sobra la chaqueta.
Pasa el viajero delante de una pastelería y en la acera de enfrente
hay una panadería donde la cola sale del local y sigue en la acera,
debe tener buen obrador de pan porque todos los domingos que el
viajero pasa en dirección al cafelito dominical siempre hay cola. Al
cruzar la acera, hay otra confitería con cliente sentados en su
interior. Está la calle con bastantes transeúntes y una cuponera
vende sus números de la suerte a una abundante clientela que se
arremolina en busca de la suerte. También un estanco, es de reciente
apertura y abre los domingos por la mañana, siempre tiene alguien en
su interior y un escaparate poblado de utensilios y algún que otro
artefacto para fumadores. La avenida que corta la calle tiene un ir y
venir de gente paseando que el viajero observa y escucha, se oyen
acentos hispanos y algún otro idioma ininteligible para el viajero
que supone del este de Europa y del norte de África sin que falten
acentos de otras regiones...
El
viajero entra en el abrevadero, hay una mesa libre y se sienta. La
camarera ya le conoce con ese conocimiento de los profesionales de la
hostelería para recordar clientes fijos aunque sólo entren una vez a
la semana y no todas las semanas. Tienen un café muy rico, de taza
de tamaño mediano y además de la porción de bizcocho imperial
siempre viene el plato con una galletita que está muy rica para el
viajero, que la saca con liturgia dominical de su envoltorio, la
coloca en la cucharita y la sumerge unos segundos en el café con
leche hasta que tiene una textura semiblanda que se deshace en la
boca. El auténtico placer para el viajero es la porción de bizcocho
imperial, con una capa blanca de azúcar glaseado en su lomo y que salpica los
laterales como gotas congeladas en la superficie del bizcocho,
cogiendo la pieza entera sumergiendo una esquina en la taza y que al
paladar explota en una fanfarria de placer cuando se funden los
sabores del bizcocho con el sabor del cafelito. Es una porción de
bizcocho imperial que el viajero paladea como si fuera la primera o
la última vez que tuviera oportunidad de hacerlo, luego la bebida
reposada del cafelito con la temperatura ideal para tragarlo...
El
viajero se levanta de la mesa y paga dejando unos céntimos de
propina y sale del abrevadero satisfecho y reconfortado, también
tonificado y entonado disfrutando del ambiente dominical. Sigue calle
adelante porque le gusta en el regreso del cafelito dominical pasar y
echar un vistazo a...
Pero
ése, ya es otro viaje.
The
Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake
City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr.
IV
http://theadversiterchronicle.org































