The Adversiter Chronicle

miércoles, 14 de agosto de 2019

"Ni a pata ni alpargata y menos a La Alcarria", suplemento viajero cutre


Suplemento viajero cutre de The Adversiter Chronicle

Viaje a la Feria

Llega el viajero a la ciudad que se encuentra en su semana grande de festejos que culminan el día del patrón de la ciudad. Hay tráfico, más del habitual, y pulula gente por las aceras. Los ropajes delatan que es época de vacaciones, de chanclas y riñoneras, mochilas y macutos que atestan el autobús municipal donde ocupan sitio un cochecito de bebé y una silla de ruedas motorizada. Los usuarios y usuarias se apretujan en el espacio del pasillo que queda libre y cuando se apean el cochecito de bebé y una parada más tarde la silla de ruedas motorizada, el espacio se amplia y ahora el viajero puede viajar holgado al igual que el resto...
Se apea el viajero del autobús y enfila el paseo hasta la entrada del recinto ferial. Como torrentes que desembocan al mismo río, la gente se agolpa a la entrada donde unos hacen cola para la taquilla, otros pasan sin pagar merced a las invitaciones y alguno con cara de despiste parece buscar a alguien. Entra el viajero al recinto y le resulta inevitable recordar otros veranos, aunque la verdad es que salvo los inevitables cambios, estos resultan familiares y le recuerda al viajero que aunque lleva más de una década sin visitar la feria, todo parece seguir igual y en su sitio. Hasta las personas que pasean y curiosean parecen las mismas...
Tal como recordaba el viajero, las exposiciones en el exterior tienen el reclamo de los automóviles con ofertas de feria pero el viajero, propietario del coche de San Fernando, no le tientan las tentadoras ofertas y se detiene a observar unos cuantos modelos clásicos que están expuestos a precios muy modernos...
Hay demasiada gente para el gusto del viajero que siempre huye de las masas para evitar que sean las masas quienes le persigan a él, ello pese a que es un día laborable y de temprana hora mañanera, pero ya hay colas para ver las exposiciones y los locales de distintas empresas. El viajero opta por ignorar las mismas y sigue paseando, visitando recintos donde se exponen desde peladores de patata hasta aspiradoras de alta tecnología sin olvidar muebles, pero el volumen de personas mirando hace que la cosa no sea muy relajante...
De nuevo en el exterior, la pituitaria del viajero reconoce el familiar y confortable aroma de comida en la parte de la feria dedicada a la gastronomía de alpargata donde se busca una degustación gratis, aunque sólo sea un miserable café porque es una grata sensación comer de gorra...
El viajero abandona la feria porque no busca nada en concreto, no hay dineros para gastar. Sale el viajero por la puerta enfrentándose a una masa de gente que busca llegar a la entrada, una anomalía con patas que en contra de la corriente avanza en sentido contrario, casi huyendo, casi escapando...
El viajero se para un momento y observa el recinto ferial ya lejos de la entrada y piensa que es confortable que las cosas que formaron parte del pasado sigan vigentes como la feria, porque el viajero guarda gratos recuerdos y le reconforta ver que la Feria sigue con su magia de antaño, atrayendo visitantes a sus fauces...
Es verano, son fiestas y hay Feria, piensa el viajero mientras la Feria se aleja por la ventanilla del autobús que le lleva de regreso.

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Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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martes, 13 de agosto de 2019

"Butaca de patíbulo", suplemento cinematográfico cutre


Suplemento cinematográfico cutre de The Adversiter Chronicle

EJECUTOR (1986)
-Raw Deal-

Terminar las vacaciones y volver al currelo la noche del lunes en pleno mes de agosto, es una buena motivación para dejar la faena a medias y que pringuen los eventuales que cubren las vacaciones de los privilegiados del turno de día que siempre pillan las mejores fechas para veranear. En resumen, que dejamos aparcados el mocho, la linterna y la caja de herramientas para visionar una pequeña joyita antropológica cinematográfica como es este Ejecutor que tiene ya la friolera de más de tres décadas desde su estreno...
 
La película supuso un punto de inflexión en la carrera del Arnold donde se despojaba de la fortaleza física y cara hierática de sus anteriores trabajos. Sin embargo, mientras el Stallone y el casposo del Chuck Norris rivalizaban en el género de acción, un Schwarzenegger lastrado por su imponente musculatura se iba abriendo paso y subiendo el nivel de sus papeles. Porque el Arnold de Poli de guardería, Los gemelos golpean dos veces y el ya actor de Mentiras arriesgadas, nace posiblemente en este título donde se ríe de si mismo, la fortaleza física es secundaria y la imprescindible sin acaparar las escenas de acción. Por otra parte, sus éxitos de taquilla le daban el padrinazgo de nada menos que la productora De Laurentis, que nunca superó el trauma como productora del fiasco de Dune, bastante sobrevalorada en su tiempo y que aún guarda una pequeña legión de adeptos aunque los más sólo la recordemos como desfasada en efectos especiales antes de su estreno y que aparece una joven y ya sensual Sean Young...

Es cierto que vista hoy peca de candorosa y hay multitud de incongruencias como que apunte a un sitio y acierte en otro, o la delirante escena de Arnold ametrallando todo bicho viviente desde el coche. Pero tiene un punto de humor, la chusquedad de este tipo de producciones con pequeños fallos de plano y de montaje pero también de un cine de oficio, con especialistas de conducción, de morirse desde las alturas o ver su rótula rota en la pelea. Pero hay todo un elenco de entrañables secundarios y de primera fila venidos a menos, dentro del mundillo de los secundarios. Citamos a Ed Lauter que repite personaje de inspector de policía que siempre llega tarde, al rebufo del protagonista y que se huele con cinismo de sabueso veterano que hay algo detrás de asesinatos sin conexión aparente. Un guiño también a las películas de justiciero urbano del Charles Bronson donde repite personaje de inspector.

Luego tenemos un secundario de lujo, agradable a la retina y a la taquilla que se convirtió en rostro imprescindible para hacer de malo, de malo del villano de turno; el bueno del Robert Davi que vive una rivalidad mortal con el Arnold, tanto por motivos profesionales de matones como de celos por la chica mala. Hay momentos memorables, de pareja de cómicos, entre ambos rivalizando por ser el malote del villano. Villano de la vieja usanza, de familia mafiosa que busca ganar terreno al rival, joder las ganancias al rival y deshacerse del rival evitando siempre el fantasma de una guerra entre bandas. Porque la historia es una historia de venganza y justicia por la muerte del hijo de un colega, con un fiscal corrupto que jodió la carrera del protagonista desterrado a un villorrio como ayudante del sheriff y un matrimonio que hace aguas porque el villorrio no tiene comparación con Nueva York para su esposa. Para ayudar a la venganza deberá fingir su muerte y hacerse pasar por un matón a sueldo en busca de familia mafiosa que le acoja con la única ayuda de...

Y entonces aparece ella en el casino, sensual de mujer plena que va dejando atrás la juventud pero aún conserva parte de la belleza juvenil. De mujer de vida canalla, que se acuesta con la mitad de los clientes del casino para sacarles información; que se acostó con el matón del villano pero las promesas de amor eterno se quedaron en placenteras noches de cama pero ya ni eso. De quedarnos un segundo con la boca abierta deseando que se abra más su escote antes de que comenzáramos el lanzamiento de latas de birra, ganchitos y pistachos a la pantalla entre alaridos de excitados machos alfa. Al final dan ganas de hostiar al nenaza sentimental del Schwarzenegger por despreciar los encantos de la Kathryn Harnold con la patética excusa de que está casado hace tiempo, ñoñez de la época del estreno que en la era de los follamigos y follamigas suena a Marcelino pan y vino.

Recomendable si queréis pasar unas risas, bucear en la Era y en definitiva cine de oficio con la firme mano del director, John Irvin, y esa cutrez que sólo superaban las producciones de la Cannon con el Chuck Norris pero que De Laurentis lograba producir con un toque de diferencia, un escalón más arriba dentro del bajo escalafón que suplían la ausencia de estrellas consagradas con secundarios de lujo, escenas rodadas por especialistas, director solvente para este tipo de películas y por supuesto el favor de un público que pagaba por ver a su estrella de acción favorita. También un salto de calidad en Schwarzenegger que rodaría posteriormente Predator para quedar consagrado como actor, lejos ya del protagonismo de la masa muscular y cara de cemento donde su mayor expresión facial era que le cayera una gota de sudor. Es además un visionado refrescante entre tanto título plagado de imágenes sintéticas, precuelas de secuelas, revisiones pésimas de otros títulos o zombis y súper héroes...
Cine de verano.

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lunes, 12 de agosto de 2019

REFLEXIONES EN VOZ ALTA de Skizo´s Blues

Otra vez esa fragancia, esa...
Ese aroma o colonia...
Era el suyo y otra vez, de repente, fue volver...
Es curiosa la memoria olfativa, directamente ínter actuando con el recuerdo, denso como un segundo ralentizado...
Creo que tengo trauma o que, si lo confieso, sigo enamorado en el mundo de los fantasmas del pasado, que a fin de cuentas, esto sólo es el futuro del presente de antaño.


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sábado, 10 de agosto de 2019

"Días de vinilo y cassetes", suplemento musical cutre


Una sección de El Bis en exclusiva para The Adversiter Chronicle

AYATOLLAH! (1982)

Que una canción lanzada en 1982 sirva de banda sonora en 2019 con Occidente y sus cuitas con el régimen iraní de los ayatolás, ya indica que es un tema atemporal, al menos mientras dure el pulso entre Irán y la Cristiandad consumidora de petróleo. Posiblemente si Donald Trump supiera de su existencia y ordenara un ataque preventivo, la canción sonaría como actualización de guerra psicológica sonando por los altavoces de los helicópteros artillados...

Pero hablamos de una banda mítica como es Siniestro Total que ocupan un lugar por derecho propio en la historia de la música del orbe hispano. La canción es toda una declaración de intenciones donde se mezcla el humor, el cachondeo sobre el escenario, una portada mítica de su primer LP y un tema entonces candente porque el régimen de los ayatolás llevaba poco tiempo y enfrascados en una guerra con Irak. La coletilla de ¡Ayatola no me toques la pirola! Se convirtió en fenómeno viral de la era analógica en patios de colegio, pasillos de instituto y movidas fin semaneras. Siniestro Total tiene otras canciones que forman parte del imaginario colectivo, pero es sin duda ésta la que está incrustada en el hipotálamo de quienes eran contemporáneos de su lanzamiento ya que el estribillo traspasó generaciones y quien más y quien menos lo ha mentado alguna vez en su vida.

Oportunidad pues de unas lágrimas de nostalgia para unos, recordar aquellos tiempos otros y un pequeño homenaje a, posiblemente junto con La Unión, una banda que supo surfear por el tiempo y seguir en el candelero sin caer en la degeneración, estancarse en los mismos temas y evolucionar como músicos de entre todos los grupos de la movida ochentera. Míticos y profetas en su tierra, populares entre las gentes con una canción mítica por varios aspectos y profetas por cuanto la letra sigue plenamente vigente...
¡Un estribillo mítico, oiga!



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viernes, 9 de agosto de 2019

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre


Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro: Medianoche en Pekín
Autor: Paul French
Editorial: Plataforma Editorial
Traducción: Ricard Vela
Edición: 2014

La propuesta de hoy es un libro ideal para el periodo estival, sin menosprecio de cualquier época del año. Intriga, emoción, un viaje en el tiempo al poco conocido periodo de la expansión japonesa en China aprovechando las divisiones políticas entre comunistas y nacionalistas. Un escenario siempre enigmático a ojos occidentales como es la ciudad de Pekín donde nos asomamos al universo de las delegaciones diplomáticas con su clasismo y el orgullo de un Imperio Británico donde las autoridades británicas anteponen el buen nombre de la nación ante cualquier problema que empañe la imagen y finalmente una emocionante historia detectivesca donde, con ágil estilo narrativo, el autor nos presenta un magnífico relato y esclarecimiento del misterio...

Habréis notado que he disfrutado con su lectura, pero reconozco que es un libro que me ha sorprendido gratamente y de esas lecturas que te atrapan. La historia es fascinante para la lectura casi un siglo después de los hechos: una joven mujer occidental es asesinada y cruelmente descuartizada como si fuera una pieza de caza al lado de la Torre del Zorro, lugar en horas nocturnas que despierta los miedos de la población china por la leyenda que la acompaña. De la mano de la investigación posterior, viajamos a los bajos fondos de la capital china donde conviven rusos y rusas huidas de la revolución rusa, occidentales en busca de emociones o escondidos de sus semejantes y todo un universo que se derrumba ante la inminente ocupación de la ciudad por las tropas niponas.

Paul French, nacido en Londres y educado en la capital británica, ha vivido y trabajado en Shanghái durante muchos años. Sus análisis y comentarios sobre China gozan de una amplia difusión y ha escrito varios libros.

Y no puedo contaros más del autor porque la contraportada es parca en datos aunque es de suponer que en Internet encontréis más información. A continuación una breve reseña que os incite a su apasionante lectura:

 
Un crimen en el Pekín de 1937...

El sector oriental del viejo Pekín ha estado dominando desde el siglo XV por una robusta torre de vigilancia que se construyó, como una parte de la muralla tártara, para proteger la ciudad de los invasores. Conocida como la Torre del Zorro, se creía que estaba poseída por espíritus zorro, una superstición que provocaba que el lugar quedara desierto de noche.
Cuando se ponía el sol, esa zona se convertía en el dominio de miles de murciélagos que vivían en los aleros de la Torre del Zorro y revoloteaban bajo la luz de la luna como sombras gigantes. Las otras únicas presencias vivas de la zona eran los perros asilvestrados, cuyos aullidos despertaban continuamente a los vecinos. En las mañanas invernales, el viento azotaba los ojos y las manos desnudas, ya que transportaba el polvo del cercano desierto de Gobi. Muy pocos se aventuraban a salir pronto de sus casas en esa época del año, pues preferían disfrutar de la calidez de sus camas.
Pero el 8 de enero de 1937, justo antes del alba, los culís que tiraban de los rickshaws a lo largo de la muralla tártara, que era lo suficientemente ancha como para transitar sobre ella a pie o en bicicleta, se fijaron en las luces de unas linternas cerca de la base de la Torre del Zorro y vieron unas figuras que no alcanzaron a distinguir. A falta de tiempo y de ganas para detenerse, continuaron con sus quehaceres, con la cabeza baja y un pie delante del otro, y se alejaron de los espíritus del zorro que merodeaban en busca de almas.”

Lectura que atrapa desde el inicio hasta el final en definitiva. Ideal para lecturas vacacionales, de mesita de noche o estancias hospitalarias sin menosprecio de momentos de escaqueo en turno de noche aprovechando que no hay jefatura laboral por los alrededores. Cuidado de regalar a la suegra que igual se trastorna y empieza a dar la turra en que hay que mandar donativos para bautizo de paganos bebés chinos amén de darles un nombre cristiano, ojito.
 
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jueves, 8 de agosto de 2019

"Manual del Buen Comer", por el profesor T. A. Rambaina


Con la colaboración del profesor T. A. Rambaina
en exclusiva para The Adversiter Chronicle

PIÑA DE LATA

El tema del laterío siempre despierta odios y pasiones. Invento para las tropas napoleónicas, forma parte de la cesta de la compra y de la dieta aunque se reniegue de ellas en francachelas familiares, convites de empresa o indigestas comilonas veraniegas. Desde pistachos hasta aceitunas pasando por lentejas y sin olvidar el atún o los mejillones, el laterío siempre es omnipresente. Hoy traemos además de un alimento sano, un alimento que desde la infancia nos atrae; puede ser su color apetecible o la forma de la piña sin olvidar el clásico de Barrio Sésamo: ¡Al rico helado de piña para el niño y la niña!

 
 
-¿Por qué nos atrae desde niños la piña, ein?

-La piña es un fruto exótico, no vemos piñas en los árboles del entorno occidental y por otra parte su forma hace que el cerebro, aunque sea inmaduro y sin acabar de formar, vea una cara familiar, un tipo con pelos que parece sonreír. Además cuando somos pequeños el arte de abrir una piña, que conlleva una herramienta culinaria tabú para la infancia de la casa como es el cuchillo. Pero es un fruto que despierta empatía por no mencionar que su gusto al paladar es delicioso. Además hubo un tiempo del consumismo donde la piña era un producto caro, lo cual aumentaba su leyenda, y no siempre disponible como ahora en los estantes. La piña ha pasado de ser un postre exótico a ser una oferta más en la compra como lo fue el kiwi, el aguacate o la papaya, que hasta hace relativamente poco era impensable que formaran parte de la dieta tanto por su precio como su escasa disponibilidad al consumidor.

-¿ Y por qué las latas despiertan tanta antipatía si son omnipresentes en la dieta y elaboración de platos, ein?

-Las conservas siempre han sido un alimento plebeyo. Primero de soldadesca imperial, luego de profesiones y exploraciones marineras, sustituto de chuletones en la clase obrera sin olvidar a quienes hacían servicio militar obligatorio. Ahora se ha normalizado su consumo y además la industria supo crear productos enlatados diferenciados de los mismos. La conserva en lata no es nada más que un alimento, como es la piña en este caso que nos ocupa hoy, que en virtud de cierta preparación y envasados herméticamente se conservan durante mucho tiempo. Las latas palian hambrunas donde se mueren de hambre, están presentes en las grandes catástrofes que acaban con las infraestructuras. Pondré un ejemplo: muchas mentes pensantes creen que no llegamos a la Luna pero si no hubiéramos ido, no tendríamos sopicaldos o sopa de sobre. Sin las latas, la sociedad no hubiera pasado al estado burgués y el acaparamiento de alimentos seguiría siendo arma de poder y dominio... ¡La lata es democrática!

-¡Redios que si lo pienso bien, resulta hasta patriótica profesor, democrática y patriótica! Bien, aquí tengo una lata de rica piña para el niño y la niña... ¡Qué pinta tiene en la foto, profesor! A ver de dónde es... ¡Por los clavos de Cristo, profesor, esta mierda enlatada es africana! ¡Quiero decir que si no voy a Nairobi a comer la jodida piña por razones de salubridad, no pienso meterme una mierda africana enlatada! ¡Podría ser carne de mono y contraer el puto ébola, profesor!

-¡Refalfies! ¡Refalfies de consumidor mal acostumbrado! Hoy en día el mercado está globalizado y las latas de piña africana cumplen todas las normativas occidentales de salubridad, como usted dice. Es cierto que la piña en lata, amén de sus bondades, tiene como todo preparado alimenticio que prepara un macho alfa unos cuantos potenciales riesgos: hemorragia de carácter severo que precisa asistencia sanitaria en el menor tiempo posible, amputación traumática de miembros de las extremidades y un estado de shock. Pero con la debidas precauciones, es un alimento muy sano aunque venga en lata. En Occidente, si fuera carne de mono, vendría etiquetado... ¡Sólo le falta decir que su color amarillo es una reivindicación de Puigdemont!

-Mmm... No lo había pensado... Me recuerda más a los Simpson, ahora que lo dice... Bueno, pues tomaré las precauciones propias ante cualquier alimento africano envasado y abriré la lata... Está dura de cojones la jodida anilla... ¡AAAAaagGGGGGsssgggg! ¡Me he cortado y sangro como un cerdo, profesor!

-Se lo dije.

-¡AAAAAaaahhHHssssxxxAAAAggg! ¡Tengo el meñique colgando de un hilillo sanguinolento, profesor!

-Se lo advertí.

-¡AAAAaaaahhh! ¡Creo...! ¡Creo que entro en visión de túnel, profesor! ¡Me voyyyy...!

-Mire que se lo avisé.
 
 
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