The Adversiter Chronicle

miércoles, 25 de febrero de 2026

"Memorias de La Transición", por Antón Rendueles

Unas memorias de Antón Rendueles en exclusiva para The Adversiter Chronicle

23 de febrero de 1981

Había sido una día más de colegio, podría mirar qué día de la semana era consultando en la hemeroteca o Internet mas prefiero conservar el recuerdo íntegro tal y como quedó grabado en la memoria. El autobús escolar me dejó en la parada como siempre y en el trayecto a casa había una tienda de electrodomésticos con un escaparate donde se mostraban reproductores de vídeo doméstico, cámaras de vídeo y televisores, a veces me detenía a ver el escaparate porque habitualmente permanecía encendido un televisor reproduciendo algo en un vídeo, alguna serie de dibujos o algo que me llamara la atención. Todo estaba como siempre, el tráfico, transeúntes, todo salvo el escaparate donde se apiñaba un montón de gente y eran adultos y no la chiquillería habitual. Me acerqué y vi la histórica secuencia sólo que en directo. Allí estaba el guardia civil pistola en mano, algo estaba pasando que no era normal. Supongo que luego fui a casa aunque no recuerdo nada especialmente y cobra intensidad al caer la tarde, recuerdo estar en la salita con mi madre y puede que mi padre tuviera turno de tarde. En mi familia no había nadie metido en política, sindicatos o militancia en un partido, mis abuelos y padres pertenecían a las generaciones que vivieron su periplo vital en un sistema dictatorial, eran ciudadanos anónimos que viven y mueren en el anonimato. La cosa era seria y entonces viene el claro recuerdo del Rey hablando en televisión y cuando acabó sentí que la cosa se había solucionado, era un niño al fin y al cabo. Tampoco recuerdo comentarios o algo tras la transmisión televisiva del monarca, sí que me dormí con el runrún de la radio y la voz del periodista deportivo José María García o entonces jóvenes periodistas de televisión. Al día siguiente me levanté, desayuné y fui a la parada del autobús escolar como todas las mañanas. La novedad era una destartala tanqueta de color blanco apostada al pie de la acera, no había nadie a la vista y tampoco se notaba actividad en su interior. Las clases fueron normales y en el patio de recreo sí comentamos la cosa entre los escolares. Luego comprendí que aquel 23 de febrero era comparable a un sanguinario atentado de la asesina banda terrorista ETA y que la normalidad era la mejor manera de combatir el terror. Estoy agradecido a Juan Carlos I Rey, pese a que como ciudadano Borbón es un mal ejemplo, porque podría haberse sumado y mantenerse en el poder y con poder, seguramente hasta el fin de la Guerra Fría y el fin también de la monarquía en España; pero al igual que hizo a la muerte del dictador antepuso España a su poder político. Estoy agradecido a los adultos, mi familia y mis profesoras, señoritas se decía entonces, que al día siguiente hicieron que mi mundo no se derrumbara y sentaron las bases del que disfruto ahora. Coincide además la muerte del mando operativo que tomó el Congreso al asalto armado con el día en que se desclasifican los documentos relativos al intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Pero al día siguiente, la vida transcurrió como siempre y fue otro día de escuela más, aunque con tema de conversación en el patio de recreo que seguramente quedó olvidado jugando la pachanga de fútbol de todos los recreos cuando no llovía...
Antón Rendueles

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido

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