The Adversiter Chronicle

jueves, 14 de julio de 2022

ENTREVISTA AL TIPO QUE SE FUE A VIVIR AL PUEBLO

Hoy nos trasladamos a la localidad de Palmamochuelo de Pingarata para entrevistar al típico urbanita que decide trasladar su domicilio de la ciudad a una localidad rural. Nadie mejor que Jacinto Brochetas, vecino desde hace un año en Palmamochuelo de Pingarata, bello páramo si se es rumiante y que, la verdad, visto en persona no tiene nada en especial o diferente a cualquier paisaje rural. ¿Cuesta adaptarse de la ciudad al campo? ¿Con los tiempos que corren es mejor el campo que la ciudad?

-¿Cuándo decide que hay que trasladarse a vivir al campo? ¿En la pandemia?

-Decir que me voy de la ciudad al campo es más sencillo que llevarlo a la práctica. Supone un cambio de esquemas, de adaptarse a los tiempos rurales que son menos frenéticos que los de ciudad. Pesan muchas cosas a la hora de plantearse un cambio tan radical de domicilio. La pandemia que nos expone a confinamientos domiciliarios, huelgas de transporte que nos dejan sin suministros en los supermercados, un misil ruso con giroscopios pakistanís, disturbios callejeros y delincuencia muy habitual, pagar la viñeta del aparcamiento y ciertas desavenencias con determinadas entidades bancarias donde carecer de Internet es una bendición.

-¿Tardó mucho en encontrar esta casa, pequeña pero coqueta con cierto encanto arquitectónico lugareño...?

-Si lo dice por el olor a mierda es estiércol del vecino, un auténtico gañán que no se le ocurre otra cosa que tener su rebaño, que es un auténtico rebaño, de vacas estabuladas en plena zona residencial. Los cencerros al amanecer con la fresca, el muy garañón las saca por el camino vecinal y lo llenan todo de mierda, de moscas y de mugidos. ¡Que las guarde en el prado y no en zona residencial! En fin, respondiendo a su pregunta puedo decirle y debo confesar que la casa y los terrenos circundantes hasta la casa del cura, eran de mis bisabuelos pero mi cuñada y mi suegra se encargaron de vender todo menos esta casita, modesta, pero no le falta de nada, desde la tranquilidad de Arcadia pastoril de una casa en el pueblo hasta tele por cable y como el Internet es colectivo por el aislamiento geográfico esos sabuesos de las entidades bancarias no me localizan sin faltar agua corriente y hasta cisterna en el váter. Bidé, sí que no hay. Por tanto encontrar un techo no fue tarea ardua y sólo me costó ceder a la parienta parte de mi sueldo los próximos cuarenta años. Es curioso que uno siempre desea que se muera la suegra y gracias al divorcio deseas que se muera la parienta... ¡Si es que en la naturaleza hasta se medita la vida!

-Supongo que utilizará transporte público y colectivo, Jacinto.

-¡Qué dice alma cándida! El autobús de línea pasa dos veces al día y seguidas. Sin medio de locomoción particular uno se queda atrapado en este labriego y pastoril lugar. Mire, acompáñeme a la cuadra. Ahora es garaje y aprecie mi ultratodoterreno donde hay la comodidad de una berlina y la potencia de un deportivo, comprado a precio de ganga por el tema de subida de precios. Es lo mejor para estos andurriales dejados de la mano de Dios. Además, el humo contaminante no es nocivo como en la ciudad, se disipa entre la naturaleza y el olor a estiércol. Ya sé, ya sé, huele a mierda que tira para atrás, es cosa de ese patán de la finca colindante que en lugar de echar abonos debidamente alterados utiliza, aunque no se lo crea, el estiércol de las vacas... ¡Si es que están atrasados!

-¿Y el tema de la comida, los huevos por ejemplo?

-¡Pueblo pequeño, Infierno grande! ¡Lleva usted una hora en Palmamochuelo de Pingarata y ya se ha enterado de mi pleito judicial! Antes de que saque conclusiones erróneas deje que le explique de qué va el tema. El de la finca que da a la parte de atrás y a la habitación donde duermo, ese cateto que tengo por vecino le gustan las jodidas gallinas y ya se sabe que donde hay gallinas no falta un gallo... ¡Un gallo hijo de puta que todas las mañanas a eso de las cinco, cinco y media empieza a cacarear como un poseso! ¡Y estoy hasta los cojones de las vacas y sus mierdas con cencerro incluido y limpiar los neumáticos de sus cagadas, estoy hasta los cojones de las gallinas y estoy hasta los cojones de no poder dormir! ¡Le he denunciado a él, al de las vacas y hasta a la comisión de fiestas! Contestando a su pregunta, sígame al corral que le muestre...

-¡Pero no dice que no le gustan las gallinas y tiene un corral...! ¿Con un dron?

-¡Qué tiene que ver un corral con tener o no tener gallinas! Mire, le presento al Cóndor. Así le llamo, excedente de la OTAN tras salir por patas de Afganistán. Lo arranco, lo elevo un metro y medio en vuelo estático y le cuelgo la cesta en el gancho para tal fin. En este bolsito con cremallera pongo la nota con el pedido. Luego aterrizo el dron cerca del cruce a la general y espero que pase un nativo en coche, elevo el dron, lo aterrizo en el techo con suavidad y hala, hasta el súper del centro del pueblo y regreso volando con la compra. Es magnífico, sin las aglomeraciones de centros comerciales, sin muchedumbres contagiando variantes y sub variantes de coronavirus o viruela del mono. Todo naturaleza y vergel, todo.

-Jacinto, no quiero ser impertinencias, pero hay un subsahariano en la caseta del perro...

-¡El Mustafá, no sé pronunciar su nombre así que le llamo Mustafá y tranquilo que no muerde, es el jardinero pero no encontraba alojamiento y le cedí la caseta, me ahorro un pastón en veterinario y alarmas! Se adapta a todo y sustituye al dron cuando la cesta pesa más de tres kilos, un auténtico atleta porteador, como aquellos de las películas de Tarzán. A veces y cariñosamente, es cierto que donde hay confianza hay asco, le digo: `Yuyu, mangani mutia´, que buenas aquellas películas. Y mire, energía limpia, directa de la conexión al lado de la fuente. Es que la vida rural es una delicia, una auténtica delicia.


-
Para finalizar, ¿añora la ciudad?

-Yo... Yo... ¡Quiero volver a ver semáforos! ¡Ver escaparates! ¡Ver mendigos! ¡Quiero salir de aquí! ¡Usted parece pudiente y seguro que tiene una habitación de sobra! ¡Estoy dispuesto a pagar los pufos pero no tengo para pagar a un picapleitos! ¡Quiero salir! ¡Quiero vivir! ¡Hasta echo de menos a mi suegra y a mi cuñada, auténticas arpías hijas de Satanás, pero son mi suegra y mi cuñada! ¡Hasta disculpo a mi esposa, le regaló al Mustafá que seguro que tiene buena tranca como el Kunta Kinte, ya sabe! ¡Me haré progresista y acepto el cambio de sexo de mi esposa! ¡Pero quiero volver a la ciudad! ¡Ayuda!

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido

Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV
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