The Adversiter Chronicle

miércoles, 22 de agosto de 2018

"Ni a pata ni alpargata y menos a La Alcarria", suplemento viajero cutre


Suplemento viajero cutre de The Adversiter Chronicle

Viaje en domingo por autovía

El viajero se ha levantado animado porque la persiana filtra rayos de sol, al menos la iluminación exterior suficiente para intuir que hace una mañana soleada cuando abre los ojos tras una noche de plácido sueño aunque no recuerde más que retazos del mismo. Por otra parte el viajero ha sido invitado a comer y ello conlleva un viaje en autobús, en poder mirar por la ventanilla el paso fugaz del paisaje y esa extraña sensación de que pasa el paisaje fugazmente al igual que los pensamientos que se vuelven recuerdos...
El viajero se ha duchado y prepara su café mientras termina de confirmar por la ventana, ya sin persiana, que sí luce el sol, temperatura agradable y una buena comida en grata compañía en lontananza. Cuando sale a la calle se deleita en esa quietud de domingo donde el asfalto no ruge por tubos de escape como en días por semana, laborables, cuando el sonido urbano alcanza molestas cotas de decibelios; tampoco hay muchos peatones, alguno con la prensa debajo del brazo, parroquianos del cafelito en el bar y hasta los semáforos parecen tomarse con calma su cambio de colores como si fueran conscientes de que no hay tráfico con prisas y peatones cruzando apresurados, todo es calma casi onírica para el viajero que nunca deja de viajar en sueños, en pensamientos, en recuerdos...
El viajero ya está aposentado en su asiento, se amarra el cinturón de seguridad porque el viajero sabe que subirse a un vehículo, sea cuál sea, es meterse dentro de un tubo de acero y encomendarse a Dios y al Diablo para ser estadística de fiabilidad del transporte y no una estadística negativa en forma de recuento de fallecidos, pero el riesgo siempre lo hay aunque sea un pequeño porcentaje y le puede tocar a cualquiera en cualquier viaje por cualquier medio de transporte. No puede evitar el viajero reírse para sí mismo pensando que la vida es igual porque la muerte siempre se presenta en cualquier momento y ello tranquiliza al viajero porque igual riesgo tiene el avión, el tren y hasta la alpargata que no puede evitar que su usuario resbale y se rompa el tobillo por no hablar de trastabillar y pegar con el cráneo sobre el asfalto...
El autobús entra en la autovía, reciente de construcción pero que parece que llevara toda la vida ahí, pero el viajero conoció la vieja carretera nacional y sabe que la autovía llegó muy tarde, recordando que lo que ahora es un trayecto de poco más de dos cuartos de hora era a veces un suplicio de casi tres horas, camiones y autobuses que ralentizaban una sinuosa carretera donde, según los mayores, habían soltado un burro para hacer su trazado. Tiempos pasados que no son tales hasta que el viajero nota que esos tiempos pasados ya son parte de sus propios tiempos y de su propio pasado, una triste levedad del ser que el viajero aparta observando el autobús, el hueco donde una vez hubo un televisor, aspecto por los asientos y ciertas comodidades que hacen suponer al viajero que en otro tiempo debió de ser un autobús de trayecto largo y recuerda el viajero otros autobuses en otros viajes, largos también...
Detiene el viajero la vista en el conductor, el viajero está sentado en la tercera fila, ventanilla derecha, y tiene una vista privilegiada. Medita el viajero sobre el trabajo de chófer de autobús, del chófer de camión que se pasan su jornada laboral sentados y con los cinco sentidos atentos, humildes trabajadores en cuyas manos se deposita la vida de sus pasajeros, el gran olvidado de un viaje alegre, sentado por debajo del nivel de la fila de asientos, lo suficiente para marcar una distancia, acompañado en su jornada laboral de la fiel amiga que es la radio cuando es compañera de tajo. No envidia el viajero la profesión de chófer...
El autobús sale de la autovía y el cartel de una nueva ciudad pasa fugazmente por la ventanilla como versos de un poema, los viajeros comienzan a removerse en sus asientos, aquel coge algo del compartimento superior, otra apaga su móvil casi con dolor y el viajero que suspira porque ha sido un viaje rápido y en el fondo le gusta aquella vieja carretera con sus recuerdos y se plantea que la próxima vez elegirá la ruta vieja, esa que para cada pocos kilómetros y el viajero sonríe ante la perspectiva de una buena comida en buena compañía, un día soleado de maravilla y que le sigue gustando viajar...

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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