The Adversiter Chronicle

martes, 25 de marzo de 2025

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre

Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro:
La gorra o el precio de la vida
Autor: Roman Frister
Editorial: Galaxia Gutenberg, S. A.
Traducción: Rosa Pilar Blanco
Edición: Primera edición, 1999

La propuesta de hoy es rendir homenaje y memoria a las víctimas del holocausto nazi, en este caso de la mano de un superviviente perseguido por su condición de judío. Nacido en el seno de una familia burguesa y espabilado desde niño con unos padres conservadores, se verá obligado a madurar mentalmente cuando se promulgan las leyes nazis y comienza el hostigamiento, persecución y por último el exterminio de los judíos. Enseguida comprende que está solo tras la muerte de su madre primero y de su padre posteriormente, llegando a un punto en que tras ser violado por el kapo de confianza éste le quita la gorra que le condenará a un tiro en la nuca cuando tenga que formar en el recuento de la mañana para ocultar el asalto sexual y teniendo que decidir si debe aceptar su destino u bien robar una gorra condenando a su dueño a la muerte durante el recuento. Pero es también una crónica de que en mayo de 1945 el odio a los judíos sigue presente en una Polonia satélite de la URSS, un sistema opresivo e igual de antisemita que le hace tomar conciencia de que es un judío. El autor nos muestra su vida y comparte los recuerdos que le asaltan porque en realidad una parte de su ser necesita volver al holocausto permitiendo una visión de las víctimas, desconocida en su mayoría, como era volver a la vida tras haber pasado por el infierno...

Roman Frister nació en Bielsko/Bielitz (Polonia) en 1928 y falleció en Varsovia en 2015. Logró sobrevivir la reclusión en un campo de concentración nazi y, al finalizar la guerra, trabajó como periodista en su país natal, hasta que fue detenido por las autoridades comunistas. En 1957 emigró a Israel, donde durante varios años colaboró como redactor y corresponsal en el periódico Ha´aretz, el de mayor difusión en el país. En 1990 asumió la dirección de la escuela de periodismo Koteret en Tel Aviv. Es autor de novelas, obras de teatro y libros de ensayo y ha sido traducido a diversos idiomas. La gorra o el precio de la vida es su primer libro publicado en español y viene avalado por su gran éxito de crítica y público en Polonia, Israel y Alemania.
Datos sacados de la contraportada salvo su fallecimiento que miré en Internet y donde puedes encontrar más información del autor. Y sin más verborrea, unas breves reseñas que os inciten a su apasionante lectura...

Un esclavo adolescente...
"Cuando volvía de la acería aún no había oscurecido. A mis quince años, era el más joven de los trabajadores de los altos hornos Siemens-Martin. Éstos estaban tan anticuados como el resto de la fábrica, construida a finales del siglo pasado por un financiero judío llamado Salomon Fränkel que creía en el futuro de la revolución industrial. En los años treinta, la fábrica fue cerrada porque a sus nuevos propietarios no les pareció rentable invertir dinero en renovar las instalaciones. Sin embargo, poco después de la ocupación de Polonia por los nazis, los conquistadores insuflaron nueva vida a las frías chimeneas. Encendieron los altos hornos, trabajadores asalariados y forzados rascaron el óxido de las vagonetas del ferrocarril de la fábrica, rtiraron de los raíles burbujas de hormigón petrificadas, ahuyentaron a las ratas que se enseñoreaban de las naves vacías, y se pusieron a trabajar. Se trasladaron equipos modernos desde Alemania; oficialmente asociada a las fábricas Hermann Göring, la planta reanudó su actividad bajo la protección del mariscal del Reich. Se fundían minerales y chatarra para fabricar el acero que los nazis necesitaban tanto como el aire que respiraban. La fábrica producía carcasas para bombas y cañones para la artillería de combate de larga distancia, y las llamas dse los altos hornos Siemens-Martin ardían sin interrupción día y noche. Qué bueno era creer quie mientras ardiera esa antorcha y les fuéramos útiles a los nazis llevábamos en nuestros bolsillos un salvoconducto contra la muerte."

El gueto de Cracovia...
"El gueto de Cracovia iba disminuyendo lentamente. Los nazis seguían desgajando del barrio cada vez más bloques de casas, hasta que sólo quedó una pequeña porción que se dividió en dos secciones: la A y la B. Los habitantes de las casas desaparecieron en el yermo nacionalsocialista de la muerte, como si jamás hubieran existido. Me enteré por Bialski de la liquidación definitiva del gueto. `Ten cuidado, la ciudad es un hervidero de cazadores de judíos que han logrado escapar de allí en el último momento´, dijo de pasada mientras me entregaba un paquete de carpas frescas, la entrega semanal para Wilhelm Kunde, oficial de las SS. Kunde tenía fama de ser uno de los miembros más crueles del Servicio de Seguridad. Por aquel entonces yo todavía no imaginaba que nuestros caminos se cruzarían pronto en circunstancias muy diferentes. Gretchen no me había contado que la suerte estaba echada y que todos los habitantes del gueto iban a ser internados en un campo de concentración rodeado de alambradas que se había construido algunos meses antes sobre el terreno de dos cementerios judíos del arrabal de Podgórze. Quizá no había oído hablar del asunto. Hoy todavía es un misterio para mí cómo llegó a enterarse mi padre. Es cierto que leía todos los periódicos alemanes y polacos, pero la prensa oficial no decía ni una palabra al respecto. "

Huyendo del invasor...
"Todavía estábamos en Chelm, cuando la línea defensiva se rompió definitivamente y los alemanes irrumpieron deprisa en el corazón de Polonia. El gobierno y los altos funcionarios huyeron a Rumanía. Había llegado el momento de separarnos de la tía Wilenko. Cargamos el equipaje en el coche y nos pusimos en camino. ¿Hacia dónde? Daba igual. Lo importante era huir del ejercito nazi. Al igual que centenares de miles de fugitivos, nos dirigimos hacia el este. El éxodo masivo se propagó como una fiebre, arrastrando a polacos y a extranjeros. Las carreteras de las zonas orientales del país no estaban pavimentadas, y el aire arrastraba nubes de polvo y suciedad que se depositaba en las ventanillas del coche. Había que maniobrar con cuidado entre carros y peatones, pasar junto a automóviles que se habían quedado al borde del camino porque se les había acabado la gasolina, tener cuidado con los socavones que podían provocar la rotura del eje, y con los camiones del ejército que pasaban a toda velocidad sin preocuparse de los demás. A través de los sucios cristales contemplaba a la gente que huía del terror de la guerra sin adivinar que ésta no pasaría de largo, que nos enviaban Stukas que se precipitaban desde el cielo como azores en busca de su presa. No había nadie capaz de ofrecer resistencia, nadie excepto un soldado que había pasado a engrosar por casualidad el torrente de fugitivos y que, en lugar de ponerse a cubierto, se situó en medio de la carretera y disparó su pistola contra los aviones de combate. Los Stuka ametrallaron la carretera alcanzando al soldado, que cayó con la boca abierta. Mientras se retorcía en los estertores de la agonía, su sangre tiñó el polvo de la carretera. Era el primer muerto que veía en mi vida. No me asustó."

Marcado por lo vivido...
"Cuando me hice mayor, empecé a comprender que las vivencias del pasado se instalan, una tras otra, en nuestro cerebro conformando nuestra conciencia. En general, no percibimos este proceso, al igual que la tierra tampoco sabe si echan raíces en ella flores hermosas o malas hierbas. Resulta sorprendente y misterioso que recuerdos enterrados en lo más hondo de nuestra intimidad afloren de manera incontrolada a nuestra realidad presente. Cada brote de esos recuerdos constituye un elemento fundamental de la química que nos ha convertido en lo que somos. Ahí está todo mezclado: personas, y hechos, sonidos armoniosos y cacofonías, buen y mal humor, flexibilidad y tozudez, y quizá también el hilo conductor de la lógica que recorre el denso caos. Aunque aprendamos de milagro a vigilar lo que sucede dentro de nosotros, rara vez conseguimos modificar la dirección de nuestro pensamiento. ¡Qué irritación y decepción provoca nuestra incapacidad para controlar la génesis de nuestra personalidad igual que los músculos de nuestro cuerpo! Cuando la función de los músculos está dañada, hablamos de invalidez. La separación del alma y la razón, por el contrario, la aceptamos sin rechistar. Total, que acepté como algo completamente natural el absurdo de las contradicciones. No derramé una lágrima cuando mi madre fue asesinada, ni fui capaz de llorar delante de mi padre en Plaszóv. ¿Por qué entonces se humedecen mis ojos cuando presencio un melodrama en el cine? ¿Por qué freno bruscamente mi coche, poniendo en peligro mi vida, para no atropellar a un perro que cruza la calle, mientras que jamás he tenido compasión de mis semejantes o incluso de mí mismo? Aparentemente, albergamos dentro de nosotros sentimientos enterrados en la sima de nuestra alma por nuestro sistema de defensa, igual que un pájaro en una jaula, hasta que una pequeña conmoción los sacude con violencia abriendo la jaula y dejando libre al pájaro."

Ahora que Europa vuelve por sus fueros bélicos, es una lectura recomendable para ver cómo se derrumba todo un mundo a causa de la guerra. El autor comparte con el lector sus vivencias, sus secuelas que también lo era de todo un continente que se forjaba en un nuevo orden mundial tras la victoria aliada y que ha durado hasta hoy. Libro ideal para amantes de las historias que quedan sepultadas por los acontecimientos y que son la memoria de los supervivientes y también de los asesinados, con un interesante enfoque donde el presente conduce al pasado marcado por aprender a sobrevivir en el mundo de los campos de concentración donde el bien y el mal desaparecen y sólo prevalece sobrevivir o abandonarse al destino mortal, y en el primer caso todas las demás consideraciones dejan de tener valor. Ideal para lectura reposada, turnos de noche sin jefatura a la vista y lectura antes de caer en brazos de Morfeo, amén de rendir homenaje con su lectura a las víctimas del nazismo ahora que los supervivientes desaparecen por ley de vida pero han dejado sus testimonios para que no olvidemos ni nos hagan olvidar la tragedia de la guerra y el odio racial que sacudió a Europa no hace tanto tiempo...

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV
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