Suplemento
literato cutre de The Adversiter
Chronicle
Autor:
Roman Frister
Editorial:
Galaxia Gutenberg, S. A.
Traducción:
Rosa Pilar Blanco
Edición:
Primera edición, 1999
La
propuesta de hoy es rendir homenaje y memoria a las víctimas del
holocausto nazi, en este caso de la mano de un superviviente
perseguido por su condición de judío. Nacido en el seno de una
familia burguesa y espabilado desde niño con unos padres
conservadores, se verá obligado a madurar mentalmente cuando se
promulgan las leyes nazis y comienza el hostigamiento, persecución y
por último el exterminio de los judíos. Enseguida comprende que
está solo tras la muerte de su madre primero y de su padre
posteriormente, llegando a un punto en que tras ser violado por el
kapo de confianza éste le quita la gorra que le condenará a un tiro
en la nuca cuando tenga que formar en el recuento de la mañana para
ocultar el asalto sexual y teniendo que decidir si debe aceptar su
destino u bien robar una gorra condenando a su dueño a la muerte
durante el recuento. Pero es también una crónica de que en mayo de
1945 el odio a los judíos sigue presente en una Polonia satélite de
la URSS, un sistema opresivo e igual de antisemita que le hace tomar
conciencia de que es un judío. El autor nos muestra su vida y
comparte los recuerdos que le asaltan porque en realidad una parte de
su ser necesita volver al holocausto permitiendo una visión de las
víctimas, desconocida en su mayoría, como era volver a la vida tras
haber pasado por el infierno...
Roman
Frister nació en Bielsko/Bielitz (Polonia) en 1928 y falleció en
Varsovia en 2015. Logró sobrevivir la reclusión en un campo de
concentración nazi y, al finalizar la guerra, trabajó como
periodista en su país natal, hasta que fue detenido por las
autoridades comunistas. En 1957 emigró a Israel, donde durante
varios años colaboró como redactor y corresponsal en el periódico
Ha´aretz, el de mayor difusión en el país. En 1990 asumió la
dirección de la escuela de periodismo Koteret en Tel Aviv. Es autor
de novelas, obras de teatro y libros de ensayo y ha sido traducido a
diversos idiomas. La
gorra o el precio de la vida es
su primer libro publicado en español y viene avalado por su gran
éxito de crítica y público en Polonia, Israel y Alemania.
Datos
sacados de la contraportada salvo su fallecimiento que miré en
Internet y donde puedes encontrar más información del autor. Y sin
más verborrea, unas breves reseñas que os inciten a su apasionante
lectura...
Un
esclavo adolescente...
"Cuando
volvía de la acería aún no había oscurecido. A mis quince años,
era el más joven de los trabajadores de los altos hornos
Siemens-Martin. Éstos estaban tan anticuados como el resto de la
fábrica, construida a finales del siglo pasado por un financiero
judío llamado Salomon Fränkel que creía en el futuro de la
revolución industrial. En los años treinta, la fábrica fue cerrada
porque a sus nuevos propietarios no les pareció rentable invertir
dinero en renovar las instalaciones. Sin embargo, poco después de la
ocupación de Polonia por los nazis, los conquistadores insuflaron
nueva vida a las frías chimeneas. Encendieron los altos hornos,
trabajadores asalariados y forzados rascaron el óxido de las
vagonetas del ferrocarril de la fábrica, rtiraron de los raíles
burbujas de hormigón petrificadas, ahuyentaron a las ratas que se
enseñoreaban de las naves vacías, y se pusieron a trabajar. Se
trasladaron equipos modernos desde Alemania; oficialmente asociada a
las fábricas Hermann Göring, la planta reanudó su actividad bajo
la protección del mariscal del Reich. Se fundían minerales y
chatarra para fabricar el acero que los nazis necesitaban tanto como
el aire que respiraban. La fábrica producía carcasas para bombas y
cañones para la artillería de combate de larga distancia, y las
llamas dse los altos hornos Siemens-Martin ardían sin interrupción
día y noche. Qué bueno era creer quie mientras ardiera esa antorcha
y les fuéramos útiles a los nazis llevábamos en nuestros bolsillos
un salvoconducto contra la muerte."
El
gueto de Cracovia...
"El
gueto de Cracovia iba disminuyendo lentamente. Los nazis seguían
desgajando del barrio cada vez más bloques de casas, hasta que sólo
quedó una pequeña porción que se dividió en dos secciones: la A y
la B. Los habitantes de las casas desaparecieron en el yermo
nacionalsocialista de la muerte, como si jamás hubieran existido. Me
enteré por Bialski de la liquidación definitiva del gueto. `Ten
cuidado, la ciudad es un hervidero de cazadores de judíos que han
logrado escapar de allí en el último momento´, dijo de pasada
mientras me entregaba un paquete de carpas frescas, la entrega
semanal para Wilhelm Kunde, oficial de las SS. Kunde tenía fama de
ser uno de los miembros más crueles del Servicio de Seguridad. Por
aquel entonces yo todavía no imaginaba que nuestros caminos se
cruzarían pronto en circunstancias muy diferentes. Gretchen no me
había contado que la suerte estaba echada y que todos los habitantes
del gueto iban a ser internados en un campo de concentración rodeado
de alambradas que se había construido algunos meses antes sobre el
terreno de dos cementerios judíos del arrabal de Podgórze. Quizá
no había oído hablar del asunto. Hoy todavía es un misterio para
mí cómo llegó a enterarse mi padre. Es cierto que leía todos los
periódicos alemanes y polacos, pero la prensa oficial no decía ni
una palabra al respecto. "
Huyendo
del invasor...
"Todavía
estábamos en Chelm, cuando la línea defensiva se rompió
definitivamente y los alemanes irrumpieron deprisa en el corazón de
Polonia. El gobierno y los altos funcionarios huyeron a Rumanía.
Había llegado el momento de separarnos de la tía Wilenko. Cargamos
el equipaje en el coche y nos pusimos en camino. ¿Hacia dónde? Daba
igual. Lo importante era huir del ejercito nazi. Al igual que
centenares de miles de fugitivos, nos dirigimos hacia el este. El
éxodo masivo se propagó como una fiebre, arrastrando a polacos y a
extranjeros. Las carreteras de las zonas orientales del país no
estaban pavimentadas, y el aire arrastraba nubes de polvo y suciedad
que se depositaba en las ventanillas del coche. Había que maniobrar
con cuidado entre carros y peatones, pasar junto a automóviles que
se habían quedado al borde del camino porque se les había acabado
la gasolina, tener cuidado con los socavones que podían provocar la
rotura del eje, y con los camiones del ejército que pasaban a toda
velocidad sin preocuparse de los demás. A través de los sucios
cristales contemplaba a la gente que huía del terror de la guerra
sin adivinar que ésta no pasaría de largo, que nos enviaban Stukas
que se precipitaban desde el cielo como azores en busca de su presa.
No había nadie capaz de ofrecer resistencia, nadie excepto un
soldado que había pasado a engrosar por casualidad el torrente de
fugitivos y que, en lugar de ponerse a cubierto, se situó en medio
de la carretera y disparó su pistola contra los aviones de combate.
Los Stuka ametrallaron la carretera alcanzando al soldado, que cayó
con la boca abierta. Mientras se retorcía en los estertores de la
agonía, su sangre tiñó el polvo de la carretera. Era el primer
muerto que veía en mi vida. No me asustó."
Marcado
por lo vivido...
"Cuando
me hice mayor, empecé a comprender que las vivencias del pasado se
instalan, una tras otra, en nuestro cerebro conformando nuestra
conciencia. En general, no percibimos este proceso, al igual que la
tierra tampoco sabe si echan raíces en ella flores hermosas o malas
hierbas. Resulta sorprendente y misterioso que recuerdos enterrados
en lo más hondo de nuestra intimidad afloren de manera incontrolada
a nuestra realidad presente. Cada brote de esos recuerdos constituye
un elemento fundamental de la química que nos ha convertido en lo
que somos. Ahí está todo mezclado: personas, y hechos, sonidos
armoniosos y cacofonías, buen y mal humor, flexibilidad y tozudez, y
quizá también el hilo conductor de la lógica que recorre el denso
caos. Aunque aprendamos de milagro a vigilar lo que sucede dentro de
nosotros, rara vez conseguimos modificar la dirección de nuestro
pensamiento. ¡Qué irritación y decepción provoca nuestra
incapacidad para controlar la génesis de nuestra personalidad igual
que los músculos de nuestro cuerpo! Cuando la función de los
músculos está dañada, hablamos de invalidez. La separación del
alma y la razón, por el contrario, la aceptamos sin rechistar.
Total, que acepté como algo completamente natural el absurdo de las
contradicciones. No derramé una lágrima cuando mi madre fue
asesinada, ni fui capaz de llorar delante de mi padre en Plaszóv.
¿Por qué entonces se humedecen mis ojos cuando presencio un
melodrama en el cine? ¿Por qué freno bruscamente mi coche, poniendo
en peligro mi vida, para no atropellar a un perro que cruza la calle,
mientras que jamás he tenido compasión de mis semejantes o incluso
de mí mismo? Aparentemente, albergamos dentro de nosotros
sentimientos enterrados en la sima de nuestra alma por nuestro
sistema de defensa, igual que un pájaro en una jaula, hasta que una
pequeña conmoción los sacude con violencia abriendo la jaula y
dejando libre al pájaro."
Ahora
que Europa vuelve por sus fueros bélicos, es una lectura recomendable
para ver cómo se derrumba todo un mundo a causa de la guerra. El
autor comparte con el lector sus vivencias, sus secuelas que también
lo era de todo un continente que se forjaba en un nuevo orden mundial
tras la victoria aliada y que ha durado hasta hoy. Libro ideal para
amantes de las historias que quedan sepultadas por los
acontecimientos y que son la memoria de los supervivientes y también
de los asesinados, con un interesante enfoque donde el presente
conduce al pasado marcado por aprender a sobrevivir en el mundo de
los campos de concentración donde el bien y el mal desaparecen y
sólo prevalece sobrevivir o abandonarse al destino mortal, y en el
primer caso todas las demás consideraciones dejan de tener valor.
Ideal para lectura reposada, turnos de noche sin jefatura a la vista
y lectura antes de caer en brazos de Morfeo, amén de rendir homenaje
con su lectura a las víctimas del nazismo ahora que los
supervivientes desaparecen por ley de vida pero han dejado sus
testimonios para que no olvidemos ni nos hagan olvidar la tragedia de
la guerra y el odio racial que sacudió a Europa no hace tanto
tiempo...
The
Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake
City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr.
IV
http://theadversiterchronicle.org
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