The Adversiter Chronicle

sábado, 26 de diciembre de 2015

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre


Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro: La conquista de México
Autor: Hugh Thomas
Editorial: Editorial Planeta S. A.
Traducción: Víctor Alba y C. Bourne
Edición: Marzo de 2000

Estamos ya entrados en el siglo XVI y un joven monarca llega al trono español ostentando además el título de Carlos V de Alemania, una España que extiende su poder por Europa tras la reconquista del último bastión musulmán en la Península Ibérica: Granada.

 Mientras los ejércitos españoles se profesionalizan y se nutren de mercenarios para sus conflictos europeos, en el otro lado del Océano Atlántico veteranos de la conquista de Granada y fogueados en la guerra de reconquista y sus tácticas y estrategias junto con veteranos de las guerras en Italia se preparan para zarpar desde la isla de Cuba a la conquista de nuevas tierras, en busca de oro, de mitos como las amazonas o la fuente de la eterna juventud y sobre todo lograr encomiendas que les conviertan en caballeros...

En la tierra en que van a desembarcar, un emperador de los mexicas gobierna su imperio de ciudades lacustres y honra a sus dioses con sacrificios humanos pero se encuentra atribulado por las noticias que llegan de las fronteras que comunican la llegada de los dioses anunciada en las profecías. En la bella ciudad de Tenochtitlan, lugar de la pera espinosa, el emperador Moctezuma no encuentra consuelo en sacrificios, sacerdotes y consejeros para tomar una decisión: recibir a los dioses o esperar si las noticias que hablan de su barbarie en las islas de Las Antillas donde los dioses hace tiempo que llegaron ávidos de oro y su extraña adoración a una cruz de madera y que prohíben los sacrificios humanos..

Deliciosa obra sobre la conquista de México por Hernán Cortés donde al autor logra que viajemos sin cansancio ni fatiga por farragosidad del texto, engarzando con dinamismo y ritmo literario datos, fechas, nombres, características y hechos que para sibaritas y yonkis de biblioteca cuenta con el apoyo de apéndices que harán que el goce sea pleno. Sin tópicos típicos de leyenda negra, sin fobias de autor y sí talento narrativo que hace que el viaje en el tiempo sea dinámico, atractivo y casi adictivo de seguir devorando lectura. Es el lector quien a la luz de los datos y la historia que se le muestran puede sacar sus propias conclusiones que siempre serán subjetivas para un lector del siglo XXI...


Hugh Thomas nació en 1931, estudió en la Universidad de Cambridge y en la Sorbona, y ha sido profesor de la Academia Real Militar de Sandhurst y de la Universidad de Reading. En 1961 se dio a conocer internacionalmente con su obra La guerra civil española, traducida a numerosos idiomas...

Datos sacados de la contraportada y actualizados al año de la edición, con lo cual ha pasado ya el tiempo, pero dejo mi verborrea y os dejo unas breves pinceladas que os inciten a la lectura y disfrutéis de su contenido...

Tenochtitlan...
Tenochtitlan debería haber tenido más confianza en sí misma: no había ciudad más grande, más poderosa ni más rica en el mundo conocido por los pueblos del valle.
En ella convergían miles de inmigrantes, algunos de los cuales habían llegado debido a la demanda de mano de obra de su oficio: lapidarios de Xochimilco, por ejemplo. Una sola familia había dominado la ciudad durante más de un siglo. Un `mosaico´ de casi cuatrocientas ciudades, cada una con su propio monarca, enviaba regularmente (hablando sólo de los artículos más importantes) maíz (el sostén local de la vida) y alubias (frijoles), capas de algodón y otra ropa, así como diversos tipos de trajes de guerra ( de treinta y ocho provincias, todas, menos ocho, enviaban túnicas de guerra, a menudo adornadas con plumas). Los tributos incluían materias primas y productos semiacabados (oro martillado pero sin adornos), así como productos manufacturados (incluyendo las clavijas de labio de ámbar y cristal así como collares de cuentas de jade o turquesa). El poder de los mexicas en 1518, o 13-conejo según su calendario, parecía descansar sobre cimientos sólidos.”

Hernán Cortés...
Era descendiente de algunas de las familias más turbulentas de la ciudad más indisciplinada, Medellín, en Extremadura, la parte más violenta de Castilla. Era hijo de una inmensa familia de hidalgos con la cual casi todos los de esa región que fueron a América tenían alguna relación. De su padre, Martín Cortés, se suele decir que formaba parte de la infantería, un soldado pobre que, si bien era hidalgo, no podía costearse un caballo para ir a la guerra. No obstante, el capellán y biógrafo de Cortés, fray López de Gomara, afirmó que Martín Cortés había servido en una compañía de caballería, bajo el mando de un `pariente, Alonso de Hinojosa´, probablemente originario de Trujillo. Cabe mencionar que el fraile solía escribir lo que le contaba su protector. Pero la información puede ser cierta, pues Martín Cortés luchó en varias guerras.”

Cortés visita el Templo Mayor de Tenochtitlan...
Cortés regresó a Tenochtitlan y a su Templo Mayor. Él y sus colegas se detuvieron ante este monumento, intentando, sin duda, como todo hidalgo que se preciara, no demostrar sorpresa. El edificio, con escaleras paralelas de ciento trece gradas, construido a un
ángulo de 45º, demasiado empinado para escalarlo con facilidad, era `más alto que la iglesia mayor de Sevilla´, insistiría Cortés con su habitual actitud comparativa. (La Giralda de Sevilla en esos tiempos se alzaba ochenta metros) De hecho, esta pirámide no era tan alta como la de Cholula y, con sus setenta y cinco metros de lado de la base, era considerablemente más pequeña que la pirámide del Sol de Teotihuacan, que Cortés, por supuesto, no conocía. Como casi todos los templos de la región, tenía en la cima una plataforma de piedra y, sobre ésta, dos santuarios, uno, al norte, dedicado a Tlaloc, y el otro, al sus, a Huitzilopochtli. Estos dos dioses, el de la lluvia y el del sol, las fuerzas que determinan la prosperidad de la tierra, eran objetos de devoción conjunta en la cima de un templo construido por un pueblo antaño nómada y ahora sedentario. El interior de cada santuario contenía sus propios ídolos y en el exterior figuraban ídolos guardianes. La existencia de ambos santuarios reflejaba un compromiso ya antiguo entre los sacerdotes de Tlaloc, que ya se encontraban en el valle antes de la llegada de los mexicas, y los de Huitzilopochtli, dios de los mexicas.”

La noche triste...
Algunos de los soldados de la retaguardia lograron llegar a tierra firme, entre ellos Francisco de Flores. Pero muchos, al percatarse de que no podían cruzar la calzada, decidieron desandar el camino y volver a su cuartel en Tenochtitlan. Presumiblemente a los que lo consiguieron resistieron uno o dos días, los capturaron, padecieron mucha hambre y fueron sacrificados. Según Alonso de la Serna, `don Hernando quería volver otra vez a la cibdad e que allí los que con el se hallaron se lo estovaron, diziendo que no fuese ala que mororian todos´. Corrió otra versión según la cual debido a la confusión, hasta doscientos setenta castellanos no se enteraron de la decisión de partir de Tenochtitlan y se quedaron en sus aposentos hasta ser finalmente capturados y sacrificados. Tal vez Alonso de Ojeda, a quien se le había encomendado la tarea de despertarlos, olvidó llamar a algunos de los hombres de Narváez en el templo de Tezcatilipoca.”

Recompensa imperial a Hernán Cortés...
Una cédula del 20 de octubre fijaba los sueldos de Cortés y su personal. Son interesantes sus cifras. Cortés, en su calidad de capitán general, recibiría trescientos sesenta y seis mil maravedís, anuales; el alcalde mayor, cien mil, mientras que los doctores, boticarios y cirujanos ganarían treinta mil. Los soldados de a pie, once mil ochocientos treinta y dos. Pero los nuevos funcionarios reales cobrarían quinientos cincuenta mil maravedís al año, lo que permitía adivinar los problemas que surgirían. No escaparía a la atención de Cortés que la suma fijada para él era la misma que la que se concedió veinte años antes a Ovando cuando salió hacia La Española, y también a Pedrarías al partir a Castilla del Oro. Aún teniendo en cuenta lo que en la corte se pensaba de Ovando y Pedrarías, parecería que los éxitos de Cortés merecían más. Claro está que el presidente del Consejo Real, recibía sólo trescientos cincuenta mil maravedís, el doctor Diego Beltrán, cien mil, y el piloto mayor de Sevilla, cincuenta mil, parte de veinticinco mil para gastos.”

Muerte de un conquistador...
Dándose cuenta de que ya no era joven, Cortés, a mediados de los años de 1540, decidió sensatamente pasar el resto de su vida en Sevilla o cerca de ella. Visitaba a veces la corte y se le conocía por su animada participación en algunas de las tertulias de la ciudad. Exageraba tanto su pobreza como su edad en una carta privada al rey en 1544. Como le sucediera a Colón, pasó sus últimos años desilusionado. Murió en las afueras de Sevilla, en Castilleja de la Cuesta, en una casa que todavía se conserva, el 2 de diciembre de 1547, a la edad de sesenta y dos años, dejando en México una gran leyenda, vastas propiedades, riquezas enormes y numerosos hijos. Entre sus posesiones había dos camas cubiertas de brocado que, tras su muerte, fueron a dar a manos del mercader florentino Jacome Boti, de Sevilla, para cancelar una hipoteca.”

Libro recomendable para amantes de la historia, de las hazañas bélicas, vacaciones partidas, liturgias hospitalarias y servicios tranquilos en noches de invierno y para quienes gusten saber de donde venimos para aclarar a dónde nos quieren llevar. A la suegra se le puede regalar en estas fechas como vida y obra de santos y nos aseguramos unas risas en la mesa mientras trata de pronunciar los nombres mexicas sin que se le salte el dentado postizo...
 

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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