Siempre había escuchado
lo de sentir vergüenza ajena, incluso estoy casi seguro de que
alguna vez lo he dicho en alguna situación. Pero no lo he sentido de
verdad hasta esta última Asamblea General de la ONU, sitio solemne
donde los haya y desde que tengo uso de razón, la ONU era algo que
estaba ahí donde las naciones se reunían. Siempre me fascinó que
enemigos irreconciliables e incluso alzados en armas unos contra
otros, pudieran viajar a Nueva York y estar en el imponente
edificio...
De Donald Trump ya no
espero otra cosa que un nuevo espectáculo televisivo con su imperial
persona de protagonista, o al presidente israelí desafiante cogido
de la mano de su poderoso e imperial muy mejor amigo y, a este paso,
casi el único. La vergüenza ajena me invadió junto con una
sensación de bochorno cuando veo al representante patrio hacer un
discurso entre pares en clave electoral, con un papanatismo escénico
que siguió en entrevistas de canales extranjeros...
También desde que tengo
uso de consciencia he visto a gentes de la cosa política hacer el
ridículo, pero siempre a nivel interno. Verlo en la ONU, se supone
que hablando en mi nombre por su cargo y a quien representa en la
ONU, era para pedir la dimisión y solicitar ir de colono a Las
Malvinas, o al menos que no me relacionen con esa cosa parlante que
no me representa en absoluto...
Luego, llego a casa,
ordeno mis papeles, enciendo un cigarrillo que cantaba el poeta y veo
a una pobre señora de avanzada edad utilizada de una forma digna de
ser soviética, un activismo demagogo que aprovecha cualquier
desdicha para catalizarlo, apropiarse y lograr seguir otra
legislatura de prebendas y buenos sueldos a cargo del erario público.
La buena señora les importa una mierda al igual que Ceuta, las
familias de las víctimas de accidentes ferroviarios o de las
inundaciones, hay que citar a los ciudadanos que aún viven en
contenedores en la zona del volcán de La Palma...
Al final, apago el
televisor y apago el cigarrillo, ojalá se pudiera apagar igual el
populismo y la demagogia campante en el orbe civilizado y parte del
sin civilizar. Tal vez, sólo tal vez, atravesamos un periodo
histórico de crisis una vez más. No hay peste ni hambrunas ni malas
cosechas, ahora se estilan otros motivos aunque todo se reduzca a que
no tenemos dinero para gastar como tuvimos hace ya casi tres décadas
mientras el sistema nos sigue alienando con el consumismo...
Es el mundo del revés...
Aunque en realidad es un
calcetín gastado, roto y mal oliente.
The
Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake
City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr.
IV
http://theadversiterchronicle.org




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