Suplemento
literato cutre de The Adversiter
Chronicle
Autor:
Judith Herrin
Editorial:
DEBATE
Traducción:
Francisco J. Ramos Mena
Edición:
Julio de 2022
La propuesta de hoy es un fascinante viaje a Bizancio,
nombre mítico que durante siglos mantuvo las hechuras del imperio
romano con el boato y protocolo de la corte, envidia de los reinos
cristianos en que se fragmentó el imperio occidental y contuvo el
avance de la nueva religión proclamada por Mahoma que se extendía
rápidamente por las provincias orientales y acosaba los reinos
europeos. Pero también Bizancio fue durante siglos ejemplo de
decadencia con sus eunucos, enfrentada con el Papa de Roma hasta el
cisma y finalmente las cruzadas y la caída de la ciudad-estado a manos de los musulmanes y la diáspora huyendo del
invasor sería fundamental para sentar los cimientos de la Europa que
hoy es una Unión Europea...
Judith Herrin (1942) se licenció en Historia por la
Universidad de Cambridge y obtuvo su doctorado en la de Birmingham.
Ha trabajado como arqueóloga de la British School en Atenas y en la
excavación de la mezquita Kalenderhane en Estambul, además de haber
sido titular de la biblioteca de investigación Dumbarton Oaks, en
Harvard. Es una reconocida especialista en Bizancio y en la Europa
medieval, y autora de obras fundamentales sin contar sus numerosos
artículos académicos. Además, ha ejercido la docencia en
universidades de todo el mundo, como las de París, Munich, Princeton
o Londres. Fue profesora titular de Estudios Bizantinos y de la
Antigüedad Tardía en el King´s College de Londres, del que en la
actualidad es catedrática emérita. Entre otras distinciones,
recibió en 2000 la Medalla del Colegio de Francia y en 2002, de la
mano del presidente de la República de Grecia, la Cruz de Oro de
Honor en reconocimiento por su labor de investigación del pasado
helenístico.
Datos sacados de la contraportada y actualizados al año
de edición y en Internet puedes encontrar más información acerca
de la autora. Y sin más preámbulos, unas breves reseñas que os
inciten a su apasionante lectura:
Bizancio...
"Bizancio
se consideraba a sí misma el centro del mundo, al tiempo que
consideraba a Constantinopla la sustituta de Roma. Aunque de lengua
griega, se veía a sí misma como el Imperio romano, y a sus
ciudadanos como romanos. Ejerció el liderazgo sobre las comunidades
de habla griega de Sicilia y el sur de Italia, que eran un producto
de la antigua emigración griega. Protegió y estimuló a la vez el
desarrollo de las ciudades de la costa italiana como la Amalfi y la
Venecia medievales, que vivían del comercio internacional. En su
momento estos centros incluso llegarían a superar a Bizancio como
núcleos económicos por derecho propio, al tiempo que desarrollarían
una capacidad naval y mercantil superior. Pero su deuda con Bizancio
sigue siendo evidente: puertas de bronce encargadas en Constantinopla
adornan sus catedrales, que frecuentemente están decoradas también
con mármoles, mosaicos e iconos de estilo bizantino. Su prosperidad
nació bajo las alas del imperio. Quizá para nosotros, hoy en día,
el rasgo más significativo de Bizancio resida en su papel histórico
a la hora de proteger al Occidente cristiano de la alta Edad Media.
Hasta el siglo VII, Bizancio constituía, de hecho, el Imperio
romano. Dominaba el norte de África y Egipto -los graneros que
alimentaban tanto a Roma como a Constantinopla-, el sur de Italia,
Tierra Santa, Asia Menor hasta el monte Araran, toda la Grecia actual
y una gran parte de los Balcanes. Entonces las tribus de Arabia
inspiradas por la nueva religión islámica conquistaron la mayor
parte del Mediterráneo oriental. Combatían en nombre de una
revelación que se presentaba como la sucesora de las religiones
judía y cristiana. Bizancio frenó su expansión en Asia Menor y
evitó que cruzaran los Dardanelos y pudieran acceder a los
Balcanes."
Una capital para el Imperio de Oriente...
"Tras
su victoria sobre Licinio, Constantino decidió que el Imperio
necesitaba una capital
en Oriente, más cerca de su rival más serio, Persia, que regularmente amenazaba con la invasión. La antigua ciudad de Troya se consideró como candidata. Pero en lugar de ello, Constantino eligió la colonia fundada por los griegos de Megara, supuestamente en el siglo VII a. C., en la orilla europea del Bósforo. A partir de ese mítico origen había surgido Bizancio, que ahora controlaba el paso de barcos por las traicioneras aguas que unen el mar Negro con el Mármara, que a su vez desemboca en el Egeo en los Dardanelos. Bizancio se construyó en una elevación y contaba con un puerto bien resguardado en el Cuerno de Oro. Dado que el mar la rodeaba por tres lados -por el norte (el Cuerno de Oro), el este (el Bósforo) y el sur (el mar de Mármara)-, la única fortificación requerida para cercar la ciudad era una muralla en la parte oeste. Además, Bizancio dominaba las rutas del lucrativo transporte marítimo de ámbar, pieles, metales y madera del norte, aceite, cereales, papiro y lino del Mediterráneo, y especies importadas de Extremo Oriente, así como el comercio terrestre entre Occidente y Asia. A finales del siglo III, el emperador Septimio Severo había reforzado las murallas, que siempre representaban un punto débil, y había añadido nuevos monumentos. Constantino transformó Bizancio en una nueva capital con su propio nombre, del mismo modo que Adriano había fundado Adrianópolis y Alejandro Magno había fundado Alejandría."
en Oriente, más cerca de su rival más serio, Persia, que regularmente amenazaba con la invasión. La antigua ciudad de Troya se consideró como candidata. Pero en lugar de ello, Constantino eligió la colonia fundada por los griegos de Megara, supuestamente en el siglo VII a. C., en la orilla europea del Bósforo. A partir de ese mítico origen había surgido Bizancio, que ahora controlaba el paso de barcos por las traicioneras aguas que unen el mar Negro con el Mármara, que a su vez desemboca en el Egeo en los Dardanelos. Bizancio se construyó en una elevación y contaba con un puerto bien resguardado en el Cuerno de Oro. Dado que el mar la rodeaba por tres lados -por el norte (el Cuerno de Oro), el este (el Bósforo) y el sur (el mar de Mármara)-, la única fortificación requerida para cercar la ciudad era una muralla en la parte oeste. Además, Bizancio dominaba las rutas del lucrativo transporte marítimo de ámbar, pieles, metales y madera del norte, aceite, cereales, papiro y lino del Mediterráneo, y especies importadas de Extremo Oriente, así como el comercio terrestre entre Occidente y Asia. A finales del siglo III, el emperador Septimio Severo había reforzado las murallas, que siempre representaban un punto débil, y había añadido nuevos monumentos. Constantino transformó Bizancio en una nueva capital con su propio nombre, del mismo modo que Adriano había fundado Adrianópolis y Alejandro Magno había fundado Alejandría."
La cultura en Bizancio...
"El
sistema educativo bizantino era, y seguirá siendo siempre, clásico,
basado en las siete artes liberales de la Antigüedad: tres materias
literarias (gramática, retórica y lógica), seguidas de cuatro
matemáticas (aritmética, geometría, armonía y astronomía). La
argumentación filosófica informaba todo el currículo, aunque sólo
los alumnos avanzados estudiaban los textos de Platón y Aristóteles.
Los niños empezaban con las letras básicas, y practicaban la
escritura del alfabeto en tablillas de cera o en pizarras. Luego
pasaban del estudio de las fábulas de Esopo a realizar ejercicios
basados en el `Arte de la gramática´ de Dionisio de Tracia (un
gramático del siglo II a. C.). Aprendían poesía de memoria, sobre
todo la épica de Homero. Como media, podían memorizar y entender
unas treinta líneas diarias, de modo que su progreso a través de la
`Iliada´, con más de quince mil, debía d eresultar muy lento. Tras
la poesía y la gramática, el adolescente estaba preparado ya para
la retórica, ele studio de las oraciones y la forma de realizar
discursos persuasivos, utilizando breves textos modelo
(progymnasmata) de Aftonio de Antioquía y otras recopilaciones
posteriores. Leían discursos de Demóstenes y Libanio, y practicaban
pronunciando los suyos propios en ocasiones especiales, como los
matrimonios imperiales. Todo ello precedía a los estudios del
cuadrivio de ciencias matemáticas y filosofía, que se concentraban
en la capital."
Bizancio y Venecia:
"Constantinopla
cultivaba especialmente esas relaciones por razones no sólo
culturales sino también estratégicas: la flota veneciana se había
diseñado para servir a fines militares, además de comerciales, y se
revelaría un aliado esencial en los esfuerzos de Bizancio por
proteger sus territorios del sur de Italia. Tales relaciones se
consagrarían en un documento de marzo de 992, promulgado por Basilio
II (976-1025), que otorgaba a Venecia un estatus comercial
privilegiado bajo el control directo del ministro de Exteriores.
Garantizado por un sello de oro (chryso-boullos), y conocido por ello
como `crisobula´, el documento enumeraba las prerrogativas de las
que disfrutaban los mercaderes venecianos a cambio de la ayuda
militar y naval. La más importante era la reducción de los cargos
de entrada y de salida que se pagaban en el puerto de Constantinopla,
una reducción restringida únicamente a los comerciantes venecianos
y que no podía hacerse extensiva a comerciantes ni productos de
otras ciudades; se excluía expresamente a los mercaderes
amalfitanos, lombardos o judíos, así como a los bizantinos de la
capital. Citando antiguas costumbres, el imperial documento recordaba
que los venecianos siempre habían actuado como leales servidores del
emperador, especialmente cuando se les había pedido que ayudaran a
las fuerzas imperiales en aguas italianas, y contaba con que tal
situación se mantendría."
Bizancio y el cristianismo...
"Bizancio,
por su parte, representaba también una rama concreta del
cristianismo, la ortodoxia griega, que existía paralelamente a la
pluralidad de otras versiones. Y aunque el imperio estaba
profundamente configurado por las creencias cristianas, también se
distinguía del Occidente medieval por su incorporación activa de
una gran parte de la antigua cultura precristiana. Algunos elementos
paganos era relativamente primitivos, como la veneración de imágenes
de los dioses y la quema de incienso en su honor; otros se derivaban
de fuentes externas al mundo de Roma, como las prácticas cortesanas
de Persia. En los niveles superiores de conocimiento, la cultura
bizantina incluyó así mismo antiguas nociones de debate filosófico:
si el mundo era eterno o creado, plano o redondo... Las matemáticas,
la geografía, la ciencia médica y veterinaria, la literatura, la
ética y la moral, ámbitos que abarcaban la mayoría de las
cuestiones humanas, arraigaron en su erudición y fueron transmitidos
junto con numerosos comentarios. Bizancio adaptó y desarrolló los
modelos literarios, de modo que en su seno florecieron el antiguo
romance griego, varias formas de métrica poética, los himnos y la
épica. Auqnue el teatro antiguo no sobrevivió durante mucho tiempo
en la era cristiana, los grandes dramaturgos griegos fueron leídos,
estudiados y aprendidos de memoria por una generación tras otra de
escolares bizantinos. De esta manera fundamental, pues, Bizancio era
intrínsecamente clásica y todavía parcialmente pagana."
Breves pinceladas de un libro que se devora de un tirón
gracias a la propuesta de la autora de no seguir un desarrollo
lineal, Bizancio se nos muestra a través de varios aspectos que
acaban formando una imagen nítida de Bizancio. Es un libro para llevarse de viaje siguiendo la ruta del imperio bizantino y
recorrer de su mano iglesias, monasterios, murallas y restos de un
pasado que nos suena lejano y que es la base de la Europa que hoy
conocemos. Ideal para lectura veraniega, viajeros culturales,
estancias hospitalarias y turnos de noche sin jefatura a la vista. No
merece la pena regalar a la suegra porque acabaría forrando la pata
del viejo armario ropero de su dormitorio...
The
Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake
City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr.
IV
http://theadversiterchronicle.org










