The Adversiter Chronicle

martes, 2 de junio de 2026

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre

Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro:
Bizancio -El imperio que hizo posible la Europa moderna-
Autor: Judith Herrin
Editorial: DEBATE
Traducción: Francisco J. Ramos Mena
Edición: Julio de 2022

La propuesta de hoy es un fascinante viaje a Bizancio, nombre mítico que durante siglos mantuvo las hechuras del imperio romano con el boato y protocolo de la corte, envidia de los reinos cristianos en que se fragmentó el imperio occidental y contuvo el avance de la nueva religión proclamada por Mahoma que se extendía rápidamente por las provincias orientales y acosaba los reinos europeos. Pero también Bizancio fue durante siglos ejemplo de decadencia con sus eunucos, enfrentada con el Papa de Roma hasta el cisma y finalmente las cruzadas y la caída de la ciudad-estado a manos de los musulmanes y la diáspora huyendo del invasor sería fundamental para sentar los cimientos de la Europa que hoy es una Unión Europea...

Judith Herrin (1942) se licenció en Historia por la Universidad de Cambridge y obtuvo su doctorado en la de Birmingham. Ha trabajado como arqueóloga de la British School en Atenas y en la excavación de la mezquita Kalenderhane en Estambul, además de haber sido titular de la biblioteca de investigación Dumbarton Oaks, en Harvard. Es una reconocida especialista en Bizancio y en la Europa medieval, y autora de obras fundamentales sin contar sus numerosos artículos académicos. Además, ha ejercido la docencia en universidades de todo el mundo, como las de París, Munich, Princeton o Londres. Fue profesora titular de Estudios Bizantinos y de la Antigüedad Tardía en el King´s College de Londres, del que en la actualidad es catedrática emérita. Entre otras distinciones, recibió en 2000 la Medalla del Colegio de Francia y en 2002, de la mano del presidente de la República de Grecia, la Cruz de Oro de Honor en reconocimiento por su labor de investigación del pasado helenístico.
Datos sacados de la contraportada y actualizados al año de edición y en Internet puedes encontrar más información acerca de la autora. Y sin más preámbulos, unas breves reseñas que os inciten a su apasionante lectura:

Bizancio...
"Bizancio se consideraba a sí misma el centro del mundo, al tiempo que consideraba a Constantinopla la sustituta de Roma. Aunque de lengua griega, se veía a sí misma como el Imperio romano, y a sus ciudadanos como romanos. Ejerció el liderazgo sobre las comunidades de habla griega de Sicilia y el sur de Italia, que eran un producto de la antigua emigración griega. Protegió y estimuló a la vez el desarrollo de las ciudades de la costa italiana como la Amalfi y la Venecia medievales, que vivían del comercio internacional. En su momento estos centros incluso llegarían a superar a Bizancio como núcleos económicos por derecho propio, al tiempo que desarrollarían una capacidad naval y mercantil superior. Pero su deuda con Bizancio sigue siendo evidente: puertas de bronce encargadas en Constantinopla adornan sus catedrales, que frecuentemente están decoradas también con mármoles, mosaicos e iconos de estilo bizantino. Su prosperidad nació bajo las alas del imperio. Quizá para nosotros, hoy en día, el rasgo más significativo de Bizancio resida en su papel histórico a la hora de proteger al Occidente cristiano de la alta Edad Media. Hasta el siglo VII, Bizancio constituía, de hecho, el Imperio romano. Dominaba el norte de África y Egipto -los graneros que alimentaban tanto a Roma como a Constantinopla-, el sur de Italia, Tierra Santa, Asia Menor hasta el monte Araran, toda la Grecia actual y una gran parte de los Balcanes. Entonces las tribus de Arabia inspiradas por la nueva religión islámica conquistaron la mayor parte del Mediterráneo oriental. Combatían en nombre de una revelación que se presentaba como la sucesora de las religiones judía y cristiana. Bizancio frenó su expansión en Asia Menor y evitó que cruzaran los Dardanelos y pudieran acceder a los Balcanes."

Una capital para el Imperio de Oriente...
"Tras su victoria sobre Licinio, Constantino decidió que el Imperio necesitaba una capital
en Oriente, más cerca de su rival más serio, Persia, que regularmente amenazaba con la invasión. La antigua ciudad de Troya se consideró como candidata. Pero en lugar de ello, Constantino eligió la colonia fundada por los griegos de Megara, supuestamente en el siglo VII a. C., en la orilla europea del Bósforo. A partir de ese mítico origen había surgido Bizancio, que ahora controlaba el paso de barcos por las traicioneras aguas que unen el mar Negro con el Mármara, que a su vez desemboca en el Egeo en los Dardanelos. Bizancio se construyó en una elevación y contaba con un puerto bien resguardado en el Cuerno de Oro. Dado que el mar la rodeaba por tres lados -por el norte (el Cuerno de Oro), el este (el Bósforo) y el sur (el mar de Mármara)-, la única fortificación requerida para cercar la ciudad era una muralla en la parte oeste. Además, Bizancio dominaba las rutas del lucrativo transporte marítimo de ámbar, pieles, metales y madera del norte, aceite, cereales, papiro y lino del Mediterráneo, y especies importadas de Extremo Oriente, así como el comercio terrestre entre Occidente y Asia. A finales del siglo III, el emperador Septimio Severo había reforzado las murallas, que siempre representaban un punto débil, y había añadido nuevos monumentos. Constantino transformó Bizancio en una nueva capital con su propio nombre, del mismo modo que Adriano había fundado Adrianópolis y Alejandro Magno había fundado Alejandría."

La cultura en Bizancio...
"El sistema educativo bizantino era, y seguirá siendo siempre, clásico, basado en las siete artes liberales de la Antigüedad: tres materias literarias (gramática, retórica y lógica), seguidas de cuatro matemáticas (aritmética, geometría, armonía y astronomía). La argumentación filosófica informaba todo el currículo, aunque sólo los alumnos avanzados estudiaban los textos de Platón y Aristóteles. Los niños empezaban con las letras básicas, y practicaban la escritura del alfabeto en tablillas de cera o en pizarras. Luego pasaban del estudio de las fábulas de Esopo a realizar ejercicios basados en el `Arte de la gramática´ de Dionisio de Tracia (un gramático del siglo II a. C.). Aprendían poesía de memoria, sobre todo la épica de Homero. Como media, podían memorizar y entender unas treinta líneas diarias, de modo que su progreso a través de la `Iliada´, con más de quince mil, debía d eresultar muy lento. Tras la poesía y la gramática, el adolescente estaba preparado ya para la retórica, ele studio de las oraciones y la forma de realizar discursos persuasivos, utilizando breves textos modelo (progymnasmata) de Aftonio de Antioquía y otras recopilaciones posteriores. Leían discursos de Demóstenes y Libanio, y practicaban pronunciando los suyos propios en ocasiones especiales, como los matrimonios imperiales. Todo ello precedía a los estudios del cuadrivio de ciencias matemáticas y filosofía, que se concentraban en la capital."

Bizancio y Venecia:
"Constantinopla cultivaba especialmente esas relaciones por razones no sólo culturales sino también estratégicas: la flota veneciana se había diseñado para servir a fines militares, además de comerciales, y se revelaría un aliado esencial en los esfuerzos de Bizancio por proteger sus territorios del sur de Italia. Tales relaciones se consagrarían en un documento de marzo de 992, promulgado por Basilio II (976-1025), que otorgaba a Venecia un estatus comercial privilegiado bajo el control directo del ministro de Exteriores. Garantizado por un sello de oro (chryso-boullos), y conocido por ello como `crisobula´, el documento enumeraba las prerrogativas de las que disfrutaban los mercaderes venecianos a cambio de la ayuda militar y naval. La más importante era la reducción de los cargos de entrada y de salida que se pagaban en el puerto de Constantinopla, una reducción restringida únicamente a los comerciantes venecianos y que no podía hacerse extensiva a comerciantes ni productos de otras ciudades; se excluía expresamente a los mercaderes amalfitanos, lombardos o judíos, así como a los bizantinos de la capital. Citando antiguas costumbres, el imperial documento recordaba que los venecianos siempre habían actuado como leales servidores del emperador, especialmente cuando se les había pedido que ayudaran a las fuerzas imperiales en aguas italianas, y contaba con que tal situación se mantendría."

Bizancio y el cristianismo...
"Bizancio, por su parte, representaba también una rama concreta del cristianismo, la ortodoxia griega, que existía paralelamente a la pluralidad de otras versiones. Y aunque el imperio estaba profundamente configurado por las creencias cristianas, también se distinguía del Occidente medieval por su incorporación activa de una gran parte de la antigua cultura precristiana. Algunos elementos paganos era relativamente primitivos, como la veneración de imágenes de los dioses y la quema de incienso en su honor; otros se derivaban de fuentes externas al mundo de Roma, como las prácticas cortesanas de Persia. En los niveles superiores de conocimiento, la cultura bizantina incluyó así mismo antiguas nociones de debate filosófico: si el mundo era eterno o creado, plano o redondo... Las matemáticas, la geografía, la ciencia médica y veterinaria, la literatura, la ética y la moral, ámbitos que abarcaban la mayoría de las cuestiones humanas, arraigaron en su erudición y fueron transmitidos junto con numerosos comentarios. Bizancio adaptó y desarrolló los modelos literarios, de modo que en su seno florecieron el antiguo romance griego, varias formas de métrica poética, los himnos y la épica. Auqnue el teatro antiguo no sobrevivió durante mucho tiempo en la era cristiana, los grandes dramaturgos griegos fueron leídos, estudiados y aprendidos de memoria por una generación tras otra de escolares bizantinos. De esta manera fundamental, pues, Bizancio era intrínsecamente clásica y todavía parcialmente pagana."

Breves pinceladas de un libro que se devora de un tirón gracias a la propuesta de la autora de no seguir un desarrollo lineal, Bizancio se nos muestra a través de varios aspectos que acaban formando una imagen nítida de Bizancio. Es un libro para llevarse de viaje siguiendo la ruta del imperio bizantino y recorrer de su mano iglesias, monasterios, murallas y restos de un pasado que nos suena lejano y que es la base de la Europa que hoy conocemos. Ideal para lectura veraniega, viajeros culturales, estancias hospitalarias y turnos de noche sin jefatura a la vista. No merece la pena regalar a la suegra porque acabaría forrando la pata del viejo armario ropero de su dormitorio...

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV
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