The Adversiter Chronicle

lunes, 21 de septiembre de 2026

"Memorias de La Transición", por Antón Rendueles

Unas memorias de Antón Rendueles en exclusiva para The Adversiter Chronicle

El mueble bar

En mi universo infantil casero, era una parte fundamental del mobiliario de la salita además de objeto de cierta fascinación y no era parte fundamental porque era un mueble bar donde se guardaban licores, es que era el soporte del televisor. Era un mueble bar de dos puertas y tenía en las mismas una tira ancha en blanco donde se representaba un ejército, ahora sé que del siglo XVII, que avanzaba en columnas hacia una ciudad, me pasaba minutos absorto viendo aquel paisaje; el resto era de color marrón con vetas imitando la madera. Lo cierto es que nunca se abría salvo alguna cena de mis padres con otros adultos y en navidades. Cuando abría la puerta me golpeaba el olfato un olor dulzón a licor bastante repulsivo, pero me fascinaba que al abrirlo se iluminaba por sus fondos naranjas y en las puertas había unos soportes para meter las copas boca abajo y la base se encarrilaba entre dos piezas metálicas. Recuerdo que había siempre dos botellas de anís, una botella de ron, botellas de vermú, creo que también de vino de moscatel. Para mí era algo que pertenecía al mundo de los adultos y volvía a cerrar las puertas sintiéndome culpable de haber profanado algo. Pero inevitablemente y cuando me quedaba solo en casa, volvía a mirar el dibujo de la batalla de asedio y abría las puertas del mueble bar, supongo que era casi una aventura y sólo para mí era fascinante la escena en el frontal. Nunca me dio por probar nada, no tenía bebedores en mi entorno y aquel olor dulzón me resultaba repulsivo, era sólo admirar aquel conjunto de botellas de distintas formas , las copas en las puertas, listo y preparado para cuando fuera necesario y las tonalidades de color cuando les daba la luz. Tal vez un día encuentre el mueble bar en una tienda de cosas viejas y antigüedades, sería bonito volver a reencontrarnos y contarnos historias de nuestras vidas, volver a ser aquel niño que se asomaba cada vez que abría el mueble bar al mundo vetado de los adultos. Creo que era una pieza de mobiliario popular de aquella porque recuerdo sin precisión ver otros mueble bar estando de visita y me gustaba más que ver botellas en los armarios de salón que no eran tan fascinantes como en las entrañas del mueble bar. Y además sostenía el televisor, cómo no iba a tenerle afecto...
Antón Rendueles

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido

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