Unas memorias de
Antón Rendueles en
exclusiva para The Adversiter Chronicle
El mueble bar
En mi
universo infantil casero, era una parte fundamental del mobiliario de
la salita además de objeto de cierta fascinación y no era parte
fundamental porque era un mueble bar donde se guardaban licores, es
que era el soporte del televisor. Era un mueble bar de dos puertas y
tenía en las mismas una tira ancha en blanco donde se representaba un
ejército, ahora sé que del siglo XVII, que avanzaba en columnas
hacia una ciudad, me pasaba minutos absorto viendo aquel paisaje; el
resto era de color marrón con vetas imitando la madera. Lo cierto es
que nunca se abría salvo alguna cena de mis padres con otros adultos
y en navidades. Cuando abría la puerta me golpeaba el olfato un olor
dulzón a licor bastante repulsivo, pero me fascinaba que al abrirlo
se iluminaba por sus fondos naranjas y en las puertas había unos
soportes para meter las copas boca abajo y la base se encarrilaba
entre dos piezas metálicas. Recuerdo que había siempre dos botellas
de anís, una botella de ron, botellas de vermú, creo que también
de vino de moscatel. Para mí era algo que pertenecía al mundo de
los adultos y volvía a cerrar las puertas sintiéndome culpable de
haber profanado algo. Pero inevitablemente y cuando me quedaba solo
en casa, volvía a mirar el dibujo de la batalla de asedio y abría
las puertas del mueble bar, supongo que era casi una aventura y sólo
para mí era fascinante la escena en el frontal. Nunca me dio por
probar nada, no tenía bebedores en mi entorno y aquel olor dulzón
me resultaba repulsivo, era sólo admirar aquel conjunto de botellas
de distintas formas , las copas en las puertas, listo y preparado
para cuando fuera necesario y las tonalidades de color cuando les
daba la luz. Tal vez un día encuentre el mueble bar en una tienda de
cosas viejas y antigüedades, sería bonito volver a reencontrarnos y
contarnos historias de nuestras vidas, volver a ser aquel niño que
se asomaba cada vez que abría el mueble bar al mundo vetado de los
adultos. Creo que era una pieza de mobiliario popular de aquella
porque recuerdo sin precisión ver otros mueble bar estando de visita
y me gustaba más que ver botellas en los armarios de salón que no
eran tan fascinantes como en las entrañas del mueble bar. Y además
sostenía el televisor, cómo no iba a tenerle afecto...
Antón
Rendueles




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