Con la colaboración del profesor T. A. Rambaina
en exclusiva para The
Adversiter Chronicle
CARAMELOS DE GELATINA
FRUTA ITALIANA
Dentro
de la categoría de `gourmet´ y `delicatessen´ que
se pone a ciertos alimentos procesados industrialmente, dando una
categoría y precio distinto a los mismos productos sin tales
etiquetas, suele ser el laterío el protagonista, pero son etiquetas
que también sirven para un alimento que en principio no hace
sospechar que pueda etiquetarse en categorías elitistas
gastronómicamente hablando como son las gominolas de toda la vida.
Hoy tratamos de la élite de las gominolas como son las vendidas como
caramelos de gelatina y que en apariencia no tienen más diferencias
a simple vista de otras gominolas una presentación colorista y, todo
hay que decirlo, sumamente apetitosa si se es tragaldabas ocasional
o crónico de las gominolas en general. Nadie mejor que nuestro
querido profesor para ilustrarnos sobre esta especialidad de
gominolas...
-¿Qué
diferencia la vulgar gominola de los caramelos de gelatina fruta
italiana? Todos hemos consumido gominolas y de adultos gorroneado
alguna...
-Esta
variante de gominola, recordemos que una gominola no es más que una
golosina blanda, elaborada con una sustancia gomosa o pegajosa y
comercializada de distintos sabores, colores y formas recubiertas de
más o menos azúcar. Pues esta variante, decía, es de categoría
`gourmet´, no me pregunte el motivo porque mirando los ingredientes
no hay nada que llame especialmente la atención puesto que se
elabora con azúcar, jarabe de glucosa, agua, agente gelificante como
es el ácido cítrico E-330, regulador de ácido, citrato de
trisodio que suena horrible pero no es dañino y los ya familiares
colorantes E130, E120 y E131 dando todo ello un alimento que cada 100
gramos aporta energía con 382 kilocalorías, carece de grasas, algo
de carbohidratos en forma de azúcares, proteínas y una pizquita
insignificante de sal. Pero la diferencia está en el paladar y la
psique.
-Para
nada, para nada. Para empezar son caras para ser vulgares gominolas
cuando las observamos en la bolsita de 200 gramos, coloridas de forma
llamativa a la vista con un formato que no es coger gominolas de un
expositor sin orden ni concierto. Aquí entra la psique porque aunque
no compremos gominolas desde hace décadas e incluso desde el pasado
siglo, algo nos motiva a comprarlas para probar. No es un producto
destinado a la infancia y edades en adolescencia temprana porque se
pueden adquirir más chuches y variados con lo que cuesta una bolsa
de, reitero, 200 gramos. Y llega la hora del paladar, al principio la
textura en la lengua es la típica azucarada de la típica gominola
cuando de súbito desaparece el azúcar expulsado por una textura
suave inundada del sabor a la fruta de turno. Se derrite en la boca
para suceder una partición de la golosina donde el paladar ya está
entregado a la fanfarria de textura agradable y sabor sublime donde
se derrite progresivamente el caramelo de gelatina en trozos hasta el
estertor final que parece prolongarse un instante cual estrella de
supernova que ilumina un segundo la oscuridad del universo que la
rodea... ¿Pero qué hace? Se ha ventilado el paquete que traje de
muestra...
The
Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake
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Director Editorial: Perry Morton Jr.
IV
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