The Adversiter Chronicle

martes, 26 de mayo de 2026

"Manual del Buen Comer", con la colaboración del profesor T. A. Rambaina

Con la colaboración del profesor T. A. Rambaina 

en exclusiva para The Adversiter Chronicle

CARAMELOS DE GELATINA FRUTA ITALIANA

Dentro de la categoría de `
gourmet´ y `delicatessen´ que se pone a ciertos alimentos procesados industrialmente, dando una categoría y precio distinto a los mismos productos sin tales etiquetas, suele ser el laterío el protagonista, pero son etiquetas que también sirven para un alimento que en principio no hace sospechar que pueda etiquetarse en categorías elitistas gastronómicamente hablando como son las gominolas de toda la vida. Hoy tratamos de la élite de las gominolas como son las vendidas como caramelos de gelatina y que en apariencia no tienen más diferencias a simple vista de otras gominolas una presentación colorista y, todo hay que decirlo, sumamente apetitosa si se es tragaldabas ocasional o crónico de las gominolas en general. Nadie mejor que nuestro querido profesor para ilustrarnos sobre esta especialidad de gominolas...

-¿Qué diferencia la vulgar gominola de los caramelos de gelatina fruta italiana? Todos hemos consumido gominolas y de adultos gorroneado alguna...

-Esta variante de gominola, recordemos que una gominola no es más que una golosina blanda, elaborada con una sustancia gomosa o pegajosa y comercializada de distintos sabores, colores y formas recubiertas de más o menos azúcar. Pues esta variante, decía, es de categoría `gourmet´, no me pregunte el motivo porque mirando los ingredientes no hay nada que llame especialmente la atención puesto que se elabora con azúcar, jarabe de glucosa, agua, agente gelificante como es el ácido cítrico E-330, regulador de ácido, citrato de trisodio que suena horrible pero no es dañino y los ya familiares colorantes E130, E120 y E131 dando todo ello un alimento que cada 100 gramos aporta energía con 382 kilocalorías, carece de grasas, algo de carbohidratos en forma de azúcares, proteínas y una pizquita insignificante de sal. Pero la diferencia está en el paladar y la psique.

-¿Convertirnos en yonkis de gominolas, ein?

-Para nada, para nada. Para empezar son caras para ser vulgares gominolas cuando las observamos en la bolsita de 200 gramos, coloridas de forma llamativa a la vista con un formato que no es coger gominolas de un expositor sin orden ni concierto. Aquí entra la psique porque aunque no compremos gominolas desde hace décadas e incluso desde el pasado siglo, algo nos motiva a comprarlas para probar. No es un producto destinado a la infancia y edades en adolescencia temprana porque se pueden adquirir más chuches y variados con lo que cuesta una bolsa de, reitero, 200 gramos. Y llega la hora del paladar, al principio la textura en la lengua es la típica azucarada de la típica gominola cuando de súbito desaparece el azúcar expulsado por una textura suave inundada del sabor a la fruta de turno. Se derrite en la boca para suceder una partición de la golosina donde el paladar ya está entregado a la fanfarria de textura agradable y sabor sublime donde se derrite progresivamente el caramelo de gelatina en trozos hasta el estertor final que parece prolongarse un instante cual estrella de supernova que ilumina un segundo la oscuridad del universo que la rodea... ¿Pero qué hace? Se ha ventilado el paquete que traje de muestra...

-Ef quef yof lash comoch a mordischcoss... ¡Puraf ffpoesiaf suf cheschripción...! ¡Brrrrreepp!

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV
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