Una crónica de
nuestro enviado espacial en el BAR `El castillo´
Los Conquistadores de
La Roja logran con su fútbol coral El Dorado del Mundial doblegando
a la Argentina de Messi que dice adiós entre lágrimas
Los
Conquistadores de La Roja afrontaban las vísperas de la gran final
en la Gran Manzana con calma, tranquilidad y serenidad mientras que
la afición se contagiaba del canguelo que los tribuletes deportivos transmitían
con angustia y poca fe en las huestes acaudilladas por Luis de La
Fuente. Si no hubiéramos visto la superioridad sobre Francia en la
semifinal se podía tener respeto y temor a la Argentina de Messi, la
selección más suertuda del Mundial en forma de sutilezas arbitrales
a su favor, ir al choque y rucar la oreja del árbitro de turno y
encomendarse a Messi. Una Argentina de Messi que llegaba a la final
gracias al seleccionador inglés y sus cambios majaderos en la semifinal ganando 1-0.
Previamente, el partido de consolación entre Inglaterra y Francia
que tuvo un primer tiempo de agonía gala con los jugadores
completamente desconectados y los ingleses perforando hasta en cuatro
ocasiones la portería francesa. En el segundo tiempo entraron los
titulares y un Mbappé que se puso el mono de trabajo quedando la
cosa maquillada con un 6-4 en un partido desquiciado y casi patético
de Francia en el primer tiempo. Y tocaba la final con los argentinos
y su seleccionador aparentando que España era la favorita, lo cierto
es que España saldría con su once titular salvo en el primer
encuentro frente a Cabo Verde y Scaloni sería quien introduciría
cambios en los jugadores titulares buscando dar batalla en el centro
del campo para evitar el dominio del mismo por parte de España...
Fiesta
de la Hispanidad en el majestuoso MetLife Stadium de Nueva York con
más de 80.000 espectadores en la grada, 50.000 de ellos ardientes
seguidores de la albiceleste rodeando a un puñado de miles de
españoles cuales Tercios de Lombardía, Nápoles y Sicilia con el
apoyo de nativos neoyorkinos y de otros Estados que no cejaron de
animar pese a la inferioridad numérica, De árbitro principal el
esloveno Slavko Vincic que lo mejor quie se puede decir es que la
Argentina de Messi no ganó ni contando con el favor del árbitro.
Porque sobre el césped había dos propuestas claras de juego, la
Campeona de América y Campeona del Mundo vigente defendiendo título
con la propuesta de dormir el encuentro, esperar como buitres un
fallo del rival y encomendarse a que Messi haga una genialidad, todo
ello con brusquedades, caídas teatrales sin contacto del rival y
malos modos y maneras incluso cuando ya había finalizado el
encuentro. La otra propuesta es el fútbol coral de los jóvenes y no
tan jóvenes atletas a las órdenes de Luis de la Fuente con
jugadores polivalentes, ideas claras y donde el que sale a sustituir
sigue haciendo un buen trabajo como el sustituido y no caer en
marrullerías, provocaciones y malos modos y maneras. A los
Conquistadores de La Roja sólo les faltó el acierto de cara al gol
y tener Argentina bajo los palos a un espléndido y maravilloso
guardameta como lo fue Dibu que una y otra vez evitaba a sus
compañeros la humillación de ser goleados en una final mundialista.
Scaloni pronto movió el banquillo y al inicio de la segunda parte
parecía que Argentina por fin plantaba cara mas fue un espejismo y a
los diez minutos de la segunda parte de nuevo La Roja dominaba a una
albiceleste sin propuesta de alternativa a la superioridad del rival,
aumentando el nivel de violencia en las entradas que les costó jugar
con uno menos, pero ni con el árbitro a favor era la Argentina de
Messi de hacer algo que no fuera tratar de llegar a la tanda de
penaltis mientras los españoles erraban una y otra vez en el remate
a puerta. Se llegó a la prórroga y su primera parte fue un calco
del partido aunque la entrada de Nico Willians dio profundidad al
ataque español, le anularon un gol por falta previa inexistente y
caída teatral de un jugador argentino que engañó al árbitro y no
quiso saber nada del VAR mientras en el BAR se escuchaban cagamentos
mentando a la madre y muertos del árbitro esloveno. Y entonces surge
un balón en principio sin peligro alguno que Nico Willians atrapa y
deja a Ferrán, que había sustituido en el minuto sesenta a
Oyarzabal, un balón que chuta sin piedad al fondo de la red sin que
el bravo Dibu, última trinchera de defensa de su selección, nada
pudiera hacer por evitar que perforara su portería el chut de Ferrán
que inscribía su nombre en la historia junto al de Iniesta. Hubo algo
de susto al final porque, como en todo el Mundial, Argentina recurrió
a que Messi recibiera un balón en un extremo fuera del área, centra
al centro del área de Unai Simón esperando que un compañero remate
a gol, cosa que les funcionó hasta la final donde el susto era más
psicológico que por peligro real de los intentos argentinos por
empatar. Enzo acabó expulsado y Parades hizo méritos de sobra para
haber sido también expulsado. Los jugadores argentinos no supieron
perder y como última bofetada se pusieron de espaldas cuando los
españoles recibían su trofeo. La afición argentina ha tenido una
selección que no se merece su fervor en este Mundial. España fue
siempre superior y sólo Dibu se ha ganado el respeto de los
argentinos en la final. De todas formas, la afición argentina en el
estadio ya notaba al descanso que algo no funcionaba y que Scaloni
planteó en realidad llegar a los penaltis. Gran partido de España
donde Dibu fue lo único que se interpuso para que la Argentina de
Messi no se fuera con una manita de regreso a casa, esa es la
realidad y quien dude puede visionar de nuevo la final.
Los
Conquistadores de La Roja ya descansan en suelo patrio y se abre un
futuro fascinante para la selección española con un entrenador y un
equipo técnico que se han ganado junto a sus pupilos la confianza
ciega, lejos de esos cuchillos largos que se vieron tras el empate
frente a Cabo Verde. Unai Simón se ha ganado una marca de portero
menos batido en un Mundial que se mantendrá durante décadas y los
jóvenes talentos encabezados por Lamin Yamal sabrán defender el
trono mundialista. Luis de La Fuente es sólo la cabeza visible de un
trabajo sordo, de análisis y proyecto de equipo que ha sumado su
segunda estrella. Un Mundial donde se ha visto sobre todo defensas
poniendo el autobús y esperar la tanda de penaltis, árbitros que
estorbaban siempre en todos los partidos, la ausencia de Italia que
siempre se añora, las absurdas interrupciones para hidratarse o descanso en la final de casi media hora y el fin de las selecciones de una estrella y el
resto a su servicio por una selección que debe ser un equipo
brillante como las estrellas que brillan juntas en el cielo nocturno.
Los Conquistadores de La Roja acaudillados por Luis de La Fuente
tienen sus nombres grabados en oro en la historia del Mundial y
están creando escuela que sin duda otros tratarán de imitar para la
próxima Eurocopa y el Mundial 2030. Gracias por hacernos
ilusionarnos, soñar y despertar con otra estrella en el escudo,
enhorabuena campeones por ser tales y hacernos campeones al resto de
la nación.
F.
O. R






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