CUANDO NOS CUENTAN
DOLENCIAS EN EL ASCENSOR CON LA PUERTA ABIERTA
La
vida urbanita tiene sus composturas del postureo particulares que no
se dan, por ejemplo, en el ámbito rural o poblaciones sin edificios
de grandes alturas porque hoy trataré de una compostura del postureo
que se da en las torres de edificios de diez plantas o más que
requieren de ascensores y a partir de esa altura lo habitual es que
haya dos, uno más pequeño que el otro, con la particularidad de que
si hay un ascensor con la puerta abierta el otro no funciona. Los
usuarios de tales ascensores sufren en ocasiones que una vecina,
también un vecino pero en menos porcentaje, comienza a narrar sus
múltiples dolencias durante el trayecto y al llegar a su planta no
acaba de salir del ascensor ni de contar sus dolencias provocando que
quien quiera usar el otro ascensor pues éste no funcione mientras
está la vecina bloqueando la puerta y nuestros tímpanos. No es una
cuestión baladí, las iras vecinales por no permitir usar el
ascensor porque estamos dándole a la lengua con la puerta abierta
pueden ser causas de tirrias y fobias que se trasladan al día a día
del edificio y a las reuniones de vecinos. Otro aspecto es el
realtivo a la vecina, que suele ser entrada en años y usuaria de
bastón o muleta y que vive con dolores crónicos en la mayoría de
los casos según la estadística que hace inviable una compostura del
postureo para frenar en seco su monólogo de dolencias y que cierre
la puerta de una puñetera vez, todo lo contrario ya que la única
compostura del postureo posible es tener paciencia y dejar que la
vecina desahogue un poco, sin meterle prisa ni cortar con brusquedad,
sólo rezar si se es creyente o pedir a la fortuna que termine pronto
y que nadie tenga que utilizar el otro ascensor en ese preciso
momento en que la vecina tiene un pie afuera y otro dentro del
ascensor. Ya digo que las consecuencias a nivel de convivencia entre
vecinos pueden ser desastrosas y la mejor compostura del postureo
alternativa es simular una severa otitis que nos impide oír nada,
tomando nosotros la iniciativa a la hora de contar dolencias y sin
darle tiempo a responder, hay que tener zuna y montar nuestro paripé
de forma que dure lo que dura el trayecto del ascensor hasta la
planta deseada. Es una compostura del postureo que puede resultar un
conflicto ético ya que montar el paripé no deja de ser una mentira,
pero mentira piadosa en todo caso porque hacer de buen samaritano
escucha puede tener consecuencia para el resto de nuestra vida en el
edificio como ya he señalado más arriba. En todo caso, podemos
llegar en el futuro a ser nosotros la vecina o vecino y siempre se
tiende a escuchar de forma comprensiva al menos la primera vez que
nos toca coincidir con la vecina o vecino y por si el karma es mejor
no utilizar la compostura del postureo de primeras, salvo que ya
sepamos de qué dolencias se queja por haber coincidido varias veces
ya en el ascensor previamente y es aquí donde se puede usar sin
cortapisas religiosas o morales la compostura del postureo con paripé
y hasta con gaitas destempladas en forma de golpecitos disimulados
con el tacón del zapato, imperceptibles a la vista de la vecina de
tal forma que piense que están picando en el otro ascensor para que
cerremos la puerta. Finalizar recomendando que si se pasa por el
trance, mejor bajarse una planta antes o después para no sufrir la
ira de quien no podía usar el otro ascensor.
The
Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake
City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr.
IV
http://theadversiterchronicle.org




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