Suplemento
viajero cutre de The Adversiter Chronicle
Viaje a echar la
apuesta semanal
El
viajero sale de su abrevadero habitual, tonificado y entonado tras el
cafelito. En realidad, el día de echar su apuesta semanal tiene su
pequeña liturgia, tomar el cafelito de forma reposada, coger el
periódico en el quiosco y andar hasta la administración de loterías; un trayecto con paradas que forma parte de la rutina, esa rutina que
se adquiere casi sin querer dándote cuenta de que es tal en el
momento más inesperado y también ese confort de que el mundo sigue
girando y todo está en el orden que proporciona la rutina...
Llega
el viajero a la administración, un local pequeño con un estrecho
pasillo aunque suficiente para tener su paragüero, una estantería
que recorre dos paredes, tampoco el local es muy ancho por no decir
estrecho sin llegar a tener apreturas de espacio, y el mostrador al
fondo. Hay dos personas antes que el viajero lo cual aprovecha para
ver si hay bote esta semana y mira con satisfacción el jugoso bote
con sus cientos de miles de euros que sumar al premio final. La
verdad, se dice el viajero para sus adentros, es que apostar poco más
de euro y medio sacando un premio de cientos de miles no deja de ser
un buen acicate para echar la apuesta una vez a la semana. Nunca le
gustaron al viajero los juegos de azar y no ha mantenido la costumbre
de jugar durante la semana boletos de variopintas loterías aunque sí
que tomó la decisión hace muchas lunas de jugar una vez a la semana
y siempre la misma combinación, luego guarda el boleto de la apuesta
en un cajón , ese cajón que no sabes exactamente qué hay pero se
recuerda perfectamente lo que se dejó en el mismo, y se olvida de la
apuesta, no gusta el viajero de ensoñaciones de ser agraciado, sabe
que lo más probable es que no le toque y para qué comerse la cabeza
y luego el disgusto de seguir igual de miserias que siempre...
La
persona que precede al viajero se encabrona porque no entiende que no
pueda apostar como él desea, el lotero trata de explicarle que se
equivoca en la forma de realizar la apuesta y el cliente se aparta
del mostrador rezongando y farfullando cosas feas, no sabe el viajero
si a sí mismo u a los boletos de apuestas que mira y remira. El
lotero ya conoce al viajero, ese conocimiento del cliente semanal, y
le imprime el boleto tras el saludo de rigor. Coge el boleto de la
apuesta y el viajero se queda un momento mirando los décimos de la
lotería sin evitar recordar cuando era niño y veía en su entorno
la ilusión de comprar un décimo, una quiniela o el célebre cupón,
pero el viajero no ha heredado esa ilusión de jugar en juegos de
azar sin saber si es motivado por haberlo visto siempre y nunca tocar
o simplemente que prefiere gastar el dinero y las ilusiones en otros
menesteres hasta que un buen día decidió al menos jugar una apuesta
gastando lo mínimo y que si toca sería muchísimo...
El
viajero sale a la calle, hay trajín matutino y piensa en la barra de
pan que tiene que comprar de regreso y mira la hora por si coincide
que pille pan recién horneado y se encamina decidido en dirección
a...
Pero
ése, ya es otro viaje.
The
Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake
City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr.
IV
http://theadversiterchronicle.org




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