The Adversiter Chronicle

jueves, 2 de abril de 2020

DIARIO DE LA GUERRA DEL CORONAVIRUS, por A. Nónimo

Jueves 26 de marzo


Las cifras aumentan y las noticias son contradictorias aunque el virus sigue cebándose en los internos en residencias privadas. Ojalá todo esto sirva para poner orden en el sector. Los soldados de la UME se encuentran cadáveres desasistidos incluso en su muerte...
Una partida de material comprado por el Gobierno es defectuosa. Parece ser que cosa de un nacional y no de los chinos aunque nuestra dependencia manufacturera en material sanitario es aprovechada ya por la clase política que, aunque apoyan en mayor o menor medida al Gobierno en el estado de alarma, ya parecen pensar en el mañana aprovechando para hacer oposición. Oír hablar ahora de política suena obsceno y hay que pensar en las personas que hacen que esto funcione con falta de medios. En todas las guerras el país invadido tiene carencias de arsenal. Todos y todas arriman el hombro por encima de ideologías aunque el fanatismo es azuzado por los politicastros regionalistas. La ciudadanía hace un poco de todo, desde mascarillas, movidas para animar al vecindario, utilización de Internet. Nos forjamos a cada nuevo día como férreos soldados aunque en alguna partes del planeta parecen no querer enterarse y se toman medidas para amortiguar la dura recesión de posguerra, se nos dice que hay datos de mejora a la vez que advierten de repuntes. Las cifras españolas son terribles, aunque en Nueva York tampoco les va muy bien...
Parece que una forma de contención es dejar que la población se contagie para crear inmunidad, pero parece una solución de antes de los vuelos comerciales. Esta es una guerra planetaria y quien siga pensando que los muros, fronteras o ínsulas garantizan inmunidad es que tenemos unos dirigentes bastante cretinos...
Aún nos queda hervir un poco más para comprender que la unidad de acción a todos los niveles es la única forma de que el sacrificio, también a todos los niveles, sea eficaz. El resto es negar la dura realidad. Que lo digan a quienes trabajan todos los días y noches para que nuestro confinamiento sea sólo una molestia pasajera disfrutando de las comodidades del hogar quienes lo tienen, de dar techo a quienes no, de garantizar el cumplimiento y servir a la población. La limpiadora del portal, que todos los días se enfrenta al virus y lo elimina para que no me contagie...
Pero los contagios entre el personal de primera línea aumentan y hay que movilizar a jubilados y pensionistas...
Y los niños y niñas... ¿Sabrán que los columpios les echan de menos? Yo les hecho de menos y ver un parque vacío entre la soledad del asfalto con bandas policiales que impiden el paso y advierten de que está prohibido jugar, reír, llorar es muy... No sé, muy algo. Al menos en los parques porque en sus casas luchan a su manera mientras intentamos que no se den cuenta de la magnitud del combate...
Mañana más y posiblemente peor.


Viernes 27 de marzo

Hoy me he levantado con la intención de hacer ejercicio. Tanta propaganda de personas que se graban haciendo deporte para los que no lo hacemos nunca, salvo algún levantamiento de vaso en barra fija y a veces esporádica, que me ha picado la curiosidad. A los diez minutos me puse a ver un documental y mis ansias deportivas se habían difuminado...
Decía la canción que en todas partes hay gente idiota, no porque los maestros lloren por los cristales rotos, son personas con poder en distintas partes del mundo que pasan olímpicamente de la pandemia y se resisten a poner a sus súbditos y votantes en estado de guerra al coronavirus. No aprendemos nunca y una vez más irá gente al matadero por la estupidez de un dirigente. Desde el que dice que los pobres son inmunes al que se contagia después de pregonar que estaban a salvo en su isla...
La Unión Europea parece carecer de unión una vez más y se dan otros quince días para tomar medidas en común. Cuando llegué la hora de la paz deberemos hacer que todo esto haya merecido la pena para que no vuelva a repetirse que nos pillen desprevenidos. Es curioso, pero hay un latido de esperanza en el ambiente aunque no en la clase política que ya velan armas como si esto fuera una mera contingencia electoral. Demasiado muertos, demasiados sacrificios y demasiada fuerza para ser detenida cuando acabe la guerra...
A medida que pasa este viernes que parece otro día de año nuevo, cunde un poco el desánimo, un bajón pasajero condimentado con las imágenes que escupe el televisor. Dicen que estamos cerca del final del principio machaconamente pero se preparan hospitales de campaña en previsión de un colapso de la red hospitalaria que siguen la lucha sin medios completos. Los contagios en tropas de primera línea aumentan pero la moral sigue alta, creo que subliminalmente preparados para la ofensiva final que conllevará nuevas medidas restrictivas.
Las tropas de choque dan ejemplo a sus jefes políticos y policías autonómicas y del Estado se apoyan con los caídos en camaradería de trinchera por encima de otras consideraciones que no sean cumplir con su tarea en la guerra con profesionalidad y fortaleza, son un ejemplo que no gustará a determinados sujetos políticos que veían en la policía autonómica una fuerza armada para sus delirios de poder...
Trato de dormir, radio, tele, leer algo y hasta el consabido vaso de leche tibia que induzca al sueño. Oigo al camión de la basura y ese insignificante sonido me calma y reconforta, los soldados del frente siguen su trabajo y sacrificio para que alguien como yo pueda dormir...
Tal vez sea culpable de egoísmo, de quejarme cuando hay hombres y mujeres ahí fuera batiéndose cara contra el virus y dispuestos al contagio por cumplir su deber...
Les admiro, a todos y a todas, y me siento orgulloso de mis compatriotas.


Sábado 28 de marzo

Pesa el confinamiento pese a cierto aire onírico al ver todas las mañanas al levantar la persiana las calles vacías. Esta tarde el Presidente del Gobierno salió en la tele para anunciar que quienes no trabajan el fin de semana tendrán uno de catorce días remunerado. También hizo un llamamiento a que la Unión Europea sea Unión y no una reunión de mercaderes donde cada Estado miembro sólo mira su ombligo. En 1939, los españoles que trataban de cruzar la frontera fueron recibidos en campos de concentración y el desprecio de la población. Sólo año y medio después eran los franceses quienes vivían el éxodo de refugiados de guerra ante el avance de las tropas nazis. Holanda y otros siguen el mismo camino... ¡Catorce días para pensar! Serán sus ciudadanías quienes sucumban al coronavirus y cuando les alcance la guerra total querrán que la Unión sí reaccione...
Hay muchas esperanzas puestas en el día después y se alimenta la ficción de que todo volverá a ser como antes de la guerra. No hay desfiles de gallardas tropas en las calles, son gallardos funcionarios de la sanidad y el orden público quienes desfilan para mantener alta la moral...
Las cifras de bajas hoy son terribles: casi ochocientos nuevos cadáveres para incinerar donde se pueda. Las tropas de primera línea sucumben al contagio en proporciones alarmantes mientras nuestra dependencia de las manufacturas chinas retrasa equipar a nuestros y nuestras valientes...
Estamos a punto de llegar al pico, esa palabra mágica que significará ver luz al final del túnel. El coronavirus ha llegado a zonas de África donde está presente el ébola. Durante un angustiante instante he imaginado en mi analfabetismo científico que mutaran ambos en uno con la letalidad del virus del ébola y la capacidad de contagio del coronavirus...
La gran ofensiva se acerca y seguimos cavando trincheras, pero es mejor no pensar, apoyarse en lo colectivo para soportar en lo personal...
Hay que adelantar la hora esta noche, aunque resulta absurdo cuando el tiempo se ha detenido parcialmente. Leo un instante pero a medida que pasan los días del confinamiento me resulta difícil abstraerme en la lectura porque me invaden los pensamientos. La radio, aunque sigue la programación, cumple su función de recordar continuamente que estamos en guerra...
Miro el despertador pero parece reprocharme que no lo pongo para despertarme ninguna noche.


Domingo 29 de marzo

Hay un silencio sepulcral, ya medianoche, en el exterior. Tráfico inexistente salvo por alguna ambulancia, un par de coches y de vez en cuando un autobús vacío. Casi parece una maqueta y hay una macabra sensación en ver el bus vacío de pasajeros. Los conductores en esta guerra también son tropas de primera línea, sin lavabos ni café, conduciendo y transportando para que nuestro confinamiento sea como es, una molestia pero sin estragos. Nunca quienes cobran tan poco por su trabajo trabajaron tanto por todos: kioskeros, conductores, funcionarios. Surge un atisbo de remordimiento cuando, cómodo en la casa, te pones a hacer alguna actividad. La imagen de las UCI, los fallecidos entre sanitarios y cuerpos de policía, ese conductor con su autobús vacío, parando en todas las paradas como un tren fantasma...
Para fantasma el presidente autonómico de Cataluña que ahora se apunta los tantos. Parece claro que se resisten a aceptar la realidad y ya preparan su particular ofensiva para adoctrinar a sus votantes de que la culpa es nuestra y los jodidos son ellos como siempre. No hay suficientes muertos, pero ya hay más que en su amada vía balcánica para desmembrar la nación. Pero se ve que el nazionalismo catalán, quiero creer que una casta política y no sus votantes, necesita más muertos, más que Madrid, más perjudicados que nosotros. Tal vez sea que a quienes votan a estos descerebrados políticos son inmunes al hedor de los cadáveres por el coronavirus. Tal vez sea que como el gobernador de Texas, el presidente catalán y sus compañeros de abordaje piensen y opinen que los ancianos catalanes no son suficiente para dejar de poner trabas políticas de romper la unidad y se sacrificarán gustosos por el ideal. Recuerdo a un botarate embozado escupirle a una rectora de universidad que ésta no se amparase en las leyes, que no sirven de nada. Pues sí que sirven, pequeño cretino inducido, sirven para plantar a un enemigo temible, sirven para que sigas en tu casa disfrutando de tu libertad y servirá para que ningún joven escupa a sus profesores que la Ley no sirve, como les decían a los judíos en 1933...
Tengo buenos propósitos para esta semana de confinamiento que se aproxima, hoy de nuevo la cifra de muertes es brutal, más de ochocientos, más de mil seiscientos en dos días. Ya tienen la autorización y las imágenes de camiones militares sacando cadáveres como en Italia es cuestión de horas...
Hoy estuve leyendo sobre el coronavirus y se sigue investigando al pangolín como el culpable de la transmisión a humanos, un bicho que por lo visto es todo un manjar y una exquisitez en países del lejano oriente. Me he dado cuenta de que se acerca la semana santa y me temo que este año no habrá ni visitas con ramos y palmas ni presentes en forma de pastel con figura de chocolate. Me asusta un poco pensar que dentro de un año sí podremos hacer una semana santa como mandan los cánones, pero y si no fuera así...
Es difícil acostarse y conciliare el sueño. Hay cifras relativas que parecen un halo de esperanza pero todos los días caen compatriotas como moscas y se contagian casi otros tantos. Recuerdo cuando era pequeño y mi madre venía a arroparme y, casi por instinto, adopto una posición fetal y me cubro con la colcha, como si de esa forma pudiera espantar el miedo. La infancia es la gran reserva de esperanza y vigor para el combate...
Pero esta noche el miedo es más miedo que cuando era niño y mi madre me arropaba.


Lunes 30 de marzo

Ya no me sorprende levantarme cada mañana, abrir la persiana y que, sea el día que sea, parezca que es domingo. Sin embargo, al abrir para ventilar la habitación, escuché el trino de un pájaro, un trinar que hacía mucho que no escuchaba en la ciudad. Y estaba lejos, pero llegaba nítido como si el pájaro estuviera delante y no estructuras llenas de habitantes pero confinados. Tal vez un pájaro en una jaula piense igual cuando escucha hablar a quien le mantiene enjaulado...
A media tarde, fumando un cigarro en la ventana, aspiré hondo y sentí aire limpio, incluso no había nube de contaminación sobre la ciudad. Es curioso como sin la distorsión y contaminación acústica se puede apreciar el sonido ambiente de la naturaleza, un aire que se paladea y deja un regusto a sal, agua marina, mar y libertad. Me pregunto si cuando acabe esta guerra volveremos a contaminar de ruido y humos la ciudad, si olvidaremos el confinamiento como se recuerda una pesadilla y olvidaremos estos instantes sensitivos que rara vez se aprecian en el asfalto...
He intentado hacer algo de ejercicio pero se ha quedado en simple algo sin pasar a los hechos. En lugar de hacer esfuerzo físico me ha dado por pasar canales de televisión, viendo sin mirar las imágenes, me detuve en un canal viajero pero me parecía macabro ver viajar por un mundo que está cambiando...
Parece que las provisiones se van acabando. Aumento del consumo de chocolate, un día me hago un homenaje y al siguiente no me apetece nada. Resulta difícil abstraerse del confinamiento tras las llamadas preguntando si todos están bien, mirar prensa en edición digital y vagabundear un poco por Internet, me queda libre el resto del día...
Tuve que ir a la farmacia. Lo tienen bien organizado: bandas de separación en el suelo, bandas de distancia en el mostrador, jabón para las manos antes de pedir en el mostrador, un circuíto de entrada y un circuíto de salida. Pero no tenían lo requerido así que debo volver mañana y exponerme de nuevo...
Era un día tranquilo y parecía serlo la noche, sólo que cuando bajé la basura y volví al ascensor, al llegar al piso me encuentro de sopetón con un vecino que va a sacar a mear la mascota y, supongo, por no esperar inquilino en el ascensor casi nos damos de cráneo al salir yo y entrar el y la mascota. La distancia de seguridad que mandan los cánones se fue a tomar vientos y sentí una bocanada de su aliento en mi rostro, salí cagando leches a mi puerta y fui directamente a la ducha donde me enjaboné tal y como mandan las autoridades. Yo estoy tranquilo porque no tengo síntomas de contagio, supongo que él pensará lo mismo a la inversa aunque desconozco si sacó el chucho a mear o dio la vuelta para darse una ducha profiláctica...
Llevo hora y media dando vueltas en la cama. Creo que lo mejor es no agobiarse y dejarse llevar hasta que se me cierren las pestañas. Encima el cambio de hora que siempre me trastoca...
Pienso en quienes están en el frente y, por alguna extraña razón, me invade una serena paz.


Martes 31 de marzo

Hoy han bajado las temperaturas y ha vuelto a subir el número de contagiados tras las tibias esperanzas de la propaganda oficial de días atrás. El portavoz y dos mandos que daban el parte del día por las mañanas, han caído contagiados. Es curioso que siempre que hay una guerra en condiciones el clima nos trae inviernos muy fríos o un final de marzo invernal, como si la primavera aún siente que el frío invernal no se ha cobrado su peaje...
Creo que han empezado a mentalizarnos de que habrá, más inmediatamente de lo esperado, que sacrificar a los más débiles. Es una mera cuestión de recursos y si hay que gastar los mismos es mejor en quien tenga más probabilidades de superar el coronavirus. Esto no es un país nórdico, acostumbrados a los rigores del clima que marcan el periplo vital, tierra de nómadas acostumbrados a dejar atrás al débil, pero aquí no tenemos esa cultura y tal vez, sólo tal vez, por nuestra alegría de vivir nos gusta cuidar de nuestros mayores, aunque les cuidamos poco porque el mayor número de bajas se da en residencias de ancianos...
Parece que el material que se precisa comienza a llegar en cantidades necesarias al menos. Los contagiados entre el personal de primera línea, sanitarios, se contagian como moscas. Me produce desasosiego que nuestras tropas de élite vayan cayendo en combate sin reemplazos con los conocimientos adecuados. La moral sigue alta aunque hay ya fisuras preocupantes en la retaguardia, la política sigue empeñada en mantener cierto tono electoralista y hace falta más unión. El bocazas de turno pide un gobierno de concentración nacional y el aliado comunista del Gobierno en el mismo saca adelante propuestas que subvencionen el caos económico que se está gestando para el día después de la victoria. La idea es buena, inyectar dinero que luego se recupera al reanudar la producción normal, pero esta no es una nación con pozos petrolíferos y aunque las medidas causan alivio, siguen sin dar solución real. Creo que estamos todos y todas hartos de populismo, tanto a diestra como a siniestra sin menoscabo del centro...
En EEUU parece que siguen ignorando la gravedad y que su Presidente ajusta cuentas con la ciudad de Nueva York. Si el contagio en EEUU resulta tan virulento como en el sudeste asiático y el sur de Europa, el desastre económico será terrorífico y significaría un peligroso repliegue de nuestro aliado que podría impulsar a alguien a lanzarse a aventuras bélicas sabiendo que Occidente está noqueado tras la guerra a la pandemia...
Nos acostamos rezando, soñando, simplemente pensando, en que mañana alcanzaremos el dichoso pico, pero nos levantamos con más contagios y más cadáveres. Dicen que saldremos de ésta más unidos, más concienciados y me pregunto si la alegría de volver a vivir la vida truncada por el confinamiento domiciliario no será tal que olvidemos lo aprendido y los perdidos...
Miro sin voz los anuncios comerciales, escaparates de cosas apetecibles hace un mes, de cosas apetitosas, pero me invade una sensación macabra, como de un mundo perdido...
Pero lo que menos me preocupa ahora son las seducciones publicitarias del consumismo total...
Sólo deseo dormir de una vez.

Miércoles 1 de abril

La pesadumbre del confinamiento domiciliario comienza a pasar factura, casi imperceptible en un sentimiento que parece personal pero que se palpa en el ambiente. Hoy he ido a la compra semanal, ya vamos cogiendo el rollo de ser soldados con disciplina lo cual propicia que no haya atascos ni aglomeraciones en el supermercado. Somos casi autómatas, buscamos un rostro conocido pero nos miramos recelosos, apartándonos el paso unos a otros. La amabilidad y profesionalidad de cajeras y personal son las gotas de aire, bocanadas de aire fresco en una atmósfera enrarecida, al menos la atmósfera humana porque la climática aparece más limpia a cada día libre la ciudad del veneno de tubos de escape a ninguna parte...
Hemos llegado a los cien mil muertos y en EEUU al doble. La fatiga de combate ante la dura ofensiva de la pandemia y la falta de material médico para combatirlo en los contagiados amenaza con el colapso del sistema sanitario aunque llevan tomando medidas hace dos semanas. Hoy he visto un vehículo militar en el barrio. Por un lado reconforta pero por otro es una sensación rara. Algunos vecinos rompieron a aplaudir y parece que algún alcalde que apoya la secesión por las bravas ha visto la luz del sol resplandecer reflejada en la guadaña de la muerte y ha comprendido que el Ejército está para servir al pueblo español. Por otra parte dicen que el Gobierno catalán ya plantea la discriminación a la hora de seleccionar salvables y sacrificables. Por supuesto se saca punta de la filtración, como si la clase politica tuviera fatiga de combate. Necios, son unos necios que aún viven en un mundo que ya no existe, que dejó de existir cuando un ser que no conoce de banderas, ideologías o disputas regionales sega la vida de tantos que combaten unos pocos con más pocos medios...Necios, son unos malditos necios...
Me voy acostumbrado, lo más exacto sería decir que ya voy estando anestesiado, al paisaje dominical por la ventana igual al de ayer y que será igual mañana. Al arrancar la página del calendario he tenido un momento de bajón. Por supuesto ya lo sabía pero ha sido como un mazazo final darme cuenta de que este año no habrá pastel con figuras de chocolate, ni palmas bendecidas, niñas y niños con ropa nueva sonriendo camino de ver a sus padrinos. No habrá procesiones ni habrá viajes de vacaciones. Supongo que los devotos y creyentes tienen consuelo en sus rezos y plegarias y el resto con movidas alternativas aunque sean iguales en el fondo, vacío e insondable. Pero echaré de menos de nuevo una de esas cosas que, año tras año, vuelven y no valoramos porque nunca estuvimos en estado bélico. Cosas que ahora todas y todos pregonamos que añoramos, en esos propósitos de enmienda que afloran en esta tercera semana de confinamiento...
No sé, hay países que parece que están en otro planeta y no en éste y que la pandemia mundial no es tal porque es planetaria, pero siguen tratando de quién sabe qué porque yo no lo sé. Que el señor Trump y algún político español digan que medio millón de bajas o seleccionar a partir de una edad para mandarlo al sacrificio sin asistencia sanitaria, por no hablar del resto de necios planetarios, que afirmen eso me resulta dantesco, me resulta no asumible. No hemos llegado aún a ese punto y si la cosa se jode más o el virus hace otra ofensiva cuando menos lo esperemos, vamos a perder algo más que vidas humanas y la vida antes de la guerra, perderemos el futuro...
No puedo dormir, he dicho no puedo más. Es el culmen a un proceso iniciado desde la primera noche de confinamiento, aunque ya había estrés, las alarmantes noticias de Italia, donde cada noche he tardado un poco más en dormir. Se ve que ahora se cumple el ciclo y puedo ver la tímida luz de un nuevo día, un nuevo domingo sin fin, filtrarse por los huecos de la persiana. Hará un par de horas que tiré la toalla y apagué todo y me quedé simplemente mirando al techo en la oscuridad. Subliminalmente tratan de prepararnos para la ruina económica que nos espera el día después de la victoria. Es inevitable pensar en las masas de parados, una industria al ralentí en el mejor de los casos y el descontento social cuando descubramos que al acabar la guerra siempre hay una posguerra. Se aprueban decretos para parar la industria pesada como si una factoría siderúrgica tuviera un botón para ello y otra palanca para ponerla de nuevo en marcha. Y hay más cosas, hay mucho que aclarar, analizar y debatir soluciones, pero el esfuerzo de guerra requiere unidad y recuperarnos de dicho esfuerzo sólo será posible si nos sentimos patriotas, que entre otras cosas significa que estamos combatiendo codo con codo. Cómo voy a poder dormir, cuando no pienso en lo que ocurre, me acuerdo de toda las personas que conozco y de las que no sé nada hace tiempo, pero espero que estén bien. En la retaguardia sólo se puede aspirar a que no fallen los suministros y que no nos contagiemos, pero es casi imposible abstraerse de la guerra y comprendo a quienes escuché a lo largo de mi periplo vital hablar de la guerra que no nos tocó vivir pero que estuvimos sufriendo hasta el comienzo de una nueva. ¿Haremos estatuas, placas y fanfarrias? ¿Escucharemos el himno de España mientras se iza la bandera recordando cuando éramos soldados y combatimos como hermanas y hermanos? ¿Sabremos ganar la paz? ¿Cómo voy a conciliar el sueño si los pensamientos no paran de fluir?
Pienso en levantarme pero sin darme cuenta me estoy durmiendo mientras suena la radio al llegar la hora programada y suena un blues...
Pero sólo me apetece dormir de una puñetera vez, total es domingo, aunque ya sea el primer jueves de abril.

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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