The Adversiter Chronicle

jueves, 31 de enero de 2019

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre


Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro: Gerónimo, el apache
-El hombre, su tribu, su tierra y su tiempo-
Autor: Angie Debo
Editorial: José J. De Olañeta, Editor
Traducción: Francesc Gutiérrez
Edición: Segunda edición, 2002

Las tropas se lanzan al combate gritando su nombre y su nombre se da en operaciones de busca y captura como en el caso de Ben Laden; forma además parte del imaginario colectivo cuando pensamos en la conquista del oeste y las luchas con los indios, posiblemente el más popular junto con el de Toro Sentado pese a que hubo otros grandes jefes. Sin embargo en el caso de Gerónimo logró llegar a viejo, ser testigo de la desaparición de un mundo y un universo nativo con la llegada del hombre blanco, ser de los últimos en rendirse para pasar a ser prisioneros que soñaban que aprendiendo a vivir como el hombre blanco les sería otorgada una reserva en Arizona cuando su nombre evocaba el terror en dicho Estado de la Unión...

Es una contraportada realmente parca en datos de la autora salvo que es una prestigiosa historiadora norteamericana y autora de numerosos estudios sobre la historia de los indios pieles rojas, datos reitero del año de edición. Es un libro apasionante que retrata una época de cambios y cómo afectó a los apaches que veían como una y otra vez los tratados quedaban sólo en palabras, también la historia de hombres blancos que una vez conocían a la tribu y al propio Gerónimo fueron conscientes de la injusticia de considerarles prisioneros y alejarles de sus tierras ancestrales, de su transición a granjeros y ganaderos, en el caso de Gerónimo con dotes para hacer negocios rentables y también de ver como mueren a lo largo de los años de colonización sus esposas, sus hijos, sus mayores...
Pero sin más verborrea, unas breves reseñas que os inciten a su apasionante lectura:

La leyenda...
Toda la vida he oído hablar de Gerónimo. De niña, en el Kansas septentrional, me hablaron de la capa cubierta de escalpes humanos que llevaba cuando lo `capturaron´ tras su última `revuelta´. (Los apaches no practicaban la escalpación; es decir, no arrancaban `cabelleras´.) Y los críos le habíamos dado su nombre a un pavo que era extremadamente arisco. En Oklahoma, donde terminé mi infancia, los episodios de su vida de prisionero de guerra en Fort Sill y de su aparición en distintas celebraciones llenaban constantemente los periódicos. No más tarde de 1916, siete años después de su muerte, en la vecina ciudad de Enid se fundó con gran pompa la Geronimo Motor Company. (Los coches y los camiones que fabricaba hubieran podido ser de gran calidad si la planta no hubiese sido pasto de las llamas, lo que arruinó a sus inversores.)

La infancia...
Así pues, el pequeño Gerónimo trabajaba en los campos con sus padres, y sin duda ayudaba a almacenar alimentos y a hacer el tisuín. También empezó a cazar con los hombres, a la tierna edad de ocho o diez años, cree recordar, pero, para él, `eso nunca fue trabajo´. Por las praderas que rodeaban sus montañas, encontraban manadas de ciervos, de antílopes berrendos, de uapitíes y de bisontes que les proporcionaban gran parte de su sustento. Los bisontes no abundaban, y los cazadores tenían que viajar bastante lejos para encontrarlos. Hay constancia de una buena cacería al nordeste de Alburquerque. Los apaches cazaban a caballo a estos grandes animales; cabalgaban a su lado y les disparaban flechas o lanzas. Las pieles las usaban para hacer cubiertas de tipi o para frazadas. Dice Gerónimo que requería más arte cazar ciervos que ningún otro animal.”

Guerra Civil...
Los apaches continuaron sus correrías y matando a voluntad por toda la `Arizona confederada´, pero los tejanos pronto fueron expulsados por los Voluntarios del Colorado. Por la misma época, el verano de 1862, avanzaba desde el oeste una `columna de California´ formado por ochocientos hombres de la Unión a las órdenes del general de brigada James Henry Carleton. Los apaches, mandados por Cochise y Mangas Coloradas, les prepararon una emboscada desde lo alto de los despeñaderos de Paso Apache. Escogieron un lugar estratégico que dominaba la estafeta de correos abandonada y el manantial que brotaba al lado, que representaba la vida o la muerte para los hombres y los animales que seguían la ruta. El 25 de junio, dejaron pasar sin abierta resistencia a una patrulla de reconocimiento, profesando amistad, pero matando a tres hombres que se alejaron del grupo. Tal vez todavía no estaban en posición. El 14 de julio, entró en el paso un grupo de vanguardia a las órdenes del capitán Thomas L. Roberts, con 122 hombres y dos cañones de montaña. Cuando los soldados se acercaron al punto de la emboscada, los indios, desde sus escondrijos, empezaron a disparar contra ellos, matando a uno e hiriendo a otros. Pusieron entonces las tropas los cañones apuntando hacia lo alto y, cuando empezaron a explotar los obuses entre los indios, éstos se retiraron. Cremony dijo que uno de ellos le había dicho más tarde: `Nos estaba saliendo bastante bien hasta que vosotros empezasteis a disparar desde los carromatos´.

Seleccionando exploradores...
Pero, por lo que se refiere a la salud y el vigor de los exploradores, pueden ser dignas de destacarse algunas indicaciones amenazantes. Años después, como prisioneros de guerra, los apaches morirían de tuberculosis en cantidades espantosas. El examen médico realizado a aquellos exploradores cuando se alistaron puede resultar significativo. Dice Rope: `Me palparon los brazos y las piernas y me dieron golpes en el pecho para ver si tosía. Lo mismo hacían con todos los exploradores que elegían, y si tosías no te aceptaban´. Parece que uno de estos exploradores murió de causa no especificada tras haber alcanzado su destino en Sierra Madre, y, días más tarde, Bourke refirió que otros dos `estaban tan gravemente enfermos de pulmonía que se esperaba que muriesen de un momento a otro´. Por aquel entonces, la neumonía tuberculosa todavía no había sido identificada por la ciencia médica. ¿Es posible que aquella infección estuviese ya presente anteriormente pero la vida al aire libre la tuviese a raya?”

El alto precio de fugarse...
Gerónimo, desde luego, había sufrido una grave pérdida, y lo mismo puede decirse de toda la banda. En sus enfrentamientos, habían perdido en total un tercio de sus mujeres y niños. (Las cifras revisadas de la fuga, tras haber regresado a escondidas algunos rezagados, indicaban que faltaban de la reserva noventa y dos mujeres y niños). Los apaches eran muy apegados a sus familias; además, en su bien estructurada división del trabajo, un hombre sin una mujer que preparase la comida y las prendas de vestir se encontraba en una desventaja económica tan seria como una mujer sin un hombre que proveyese lo necesario. En la historia apache suele haber relatos de proscritos apaches solitarios que vivían escondidos en la sierra y regresaban a escondidas a raptar esposas. Las mujeres aceptaban la situación, y hay casos de matrimonios estables formados de este modo.”

Massai, el apache bronco...
Los apaches estaban convencidos de que los iban a matar, y su terror iba en aumento ante el significativo gesto de los soldados, que se pasaban la mano por el cuello simulando un degüello. Massai decidió huir. Con paciencia, logró abrir los cierres de una ventana y, mientras el tren avanzaba lentamente cerca de la entrada a Saint Louis, saltó y rodó entre la maleza. `Sólo era un apache corriente´, dice Betzinez, que usaba la habilidad corriente de un apache. Viajó sin ser descubierto, a través de un territorio desconocido, plagado de poblaciones y de fábricas, encontrando comida por el camino, y llegó finalmente a sus montañas. Como su familia se había quedado en el tren, se introdujo en la reserva mescalero y raptó a una mujer para tener esposa. Vivió durante muchos años proscrito, saliendo de cuando en cuando de su escondite para robar ganado o asaltar a algún viajero solitario. Finalmente, lo mataron, y su viuda tomó a los hijos y regresó a la reserva mescalero, pero la historia del `apache bronco´ entró en la leyenda del Oeste.”

Un alma y dos religiones...
Así, Gerónimo no abandonó su fe primitiva, sino que la integró. Es claro que no hallaba ninguna divergencia entre el culto cristiano y los ritos sagrados de su cultura, como la Ceremonia de la Pubertad que acababa de celebrar para Eva. (Probablemente en eso era más liberal que los misioneros.) Sus palabras `creo que el Todopoderoso siempre me ha protegido´ indican que todavía tenía fe en su Poder, aunque lo definiese con una expresión cristiana. Ya no tenía necesidad de él para desviar las balas ni las flechas, ni para retrasar la salida del sol o para revelar la situación del enemigo; pero la enfermedad , que se consideraba provocada por influencias malignas, azotaba todavía a su pueblo, y ahí sí que podía aplicarse. Parece imposible descubrir si recurrió a sus ceremonias `curativas´durante su paréntesis cristiano -en cuyo caso probablemente los misioneros lo ignoraban-, pero se sabe con certeza que las practicó durante el periodo transcurrido en Fort Sill. Algunos informantes de Opler describieron el procedimiento tal como lo habían observado en sus años de adolescencia. Gerónimo dejaba asistir a estos jovenes si permanecían en silencio y respetaban su tabú personal contra el gesto de rascarse (cualquiera que se hubiese rascado hubiera experimentado inmediatamente sensación de sofoco).”

Apache, guerrero, jefe y hombre medicina además de leyenda en vida y leyenda tras su muerte. El último de una estirpe de guerreros apaches que logró sobrevivir al combate, a la clandestinidad, al hecho de ser prisionero y llegado a viejo con la sabiduría de que su gente debía aprender como el hombre blanco, haciendo ejemplo consigo mismo convertido en estrella de espectáculos del viejo oeste. Tal vez su Poder le sirvió para un último estadio de símbolo perenne de su pueblo y como icono de la cultura estadounidense. Libro que se devora y donde al llegar al final es imposible no detenerse a meditar sobre un mundo perdido que es la historia de las culturas indígenas del continente americano.

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

http://theadversiterchronicle.org/
 

 
 
 
 
                                                   






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