The Adversiter Chronicle

miércoles, 16 de abril de 2014

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre


Suplemento literato cutre de
The Adversiter Chronicle

Libro: España 1808-1996, El desafío de la Modernidad
Autor: Juan Pablo Fusi y Jordi Palafox
Editorial: Espasa Calpe, S. A.
Edición: 1997

Repaso a la entrada de España en la modernidad, ese periodo que se dio en toda Europa tras las guerras napoleónicas y su legado de formas de gobierno basadas en la república o en las monarquías constitucionales.

Parten los autores de la premisa de que España sí se incorporó a la modernidad, pese a la leyenda de que era un país atrasado respecto a sus vecinos, pero con unas dificultades propias que marcaron un ritmo lento de reformas pero sí que se dieron los pasos a lo largo de este periodo histórico para llegar al país moderno e integrado en la UE así como con proyección mundial a nivel cultural y socio económico sin olvidar un Ejército moderno que ha dejado atrás su tradicional papel de árbitro, también de impulsor en ocasiones de reformas, e interviene en misiones internacionales integrado en la OTAN.

Desde una restauración de una monarquía absoluta, sin las ventajas comerciales e industriales de sus vecinos y con sangrantes guerras civiles culminando en la Guerra Civil de 1936-1939 pasando por periodos de autarquía, asistimos con profusión de datos y cuadros estadísticos que lejos de resultar farragosos enriquecen el interés del lector, a la articulación lenta y en ocasiones torpe, de un moderno Estado que siempre tuvo difícil tanto el incorporarse a la revolución industrial como a la política y social: sirva de ejemplo que hasta 1874 España no pudo incorporarse y reglamentarse en el mercantilismo que Europa ya desarrollaba al rebufo de Inglaterra y su revolución industrial con un imperio de ultramar ya en decadencia que culminaría la misma en 1898.


Jordi Palafox Gamir, Valencia 1952, es catedrático de Historia e Instituciones Económicas en la Universidad de Valencia y profesor investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas.

Juan Pablo Fusi Aizpúrua, San Sebastián 1945, es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid. Miembro hasta 1980 del Centro de Estudios Ibéricos creado en Oxford en 1970 en torno a Raymond Carr, fue luego profesor en las universidades de Cantabria y del País Vasco, secretario de redacción de Revista de Occidente y director de la Biblioteca Nacional entre 1986 y 1990.

Datos como siempre de la contraportada y de 1997 fecha de la edición del libro. Y sin más, unas breves pinceladas que os inciten a su lectura:
Guerra al invasor napoleónico...
En efecto, ya la primera etapa de la revolución española, 1808-1814, supuso en realidad el solapamiento de varios y contradictorios procesos. El levantamiento de mayo de 1808 fue, al tiempo, un levantamiento anti francés y una prolongación de la rebelión antigodoyista de marzo. Fue, en parte, un levantamiento espontáneo, y en parte un levantamiento inducido por agentes británicos. La guerra de 1808-1813 fue una guerra nacional y popular. Pero fue una guerra librada no por ideales y aspiraciones revolucionarias, sino en nombre de conceptos tradicionales como monarquía y religión. Fue una guerra española, de ' independencia' , pero fue también un conflicto internacional, la guerra 'peninsular', en cuya dirección y desenlace el papel británico fue capital.”


Ejército motor del cambio político...
El Ejército, en suma, y no la mecánica electoral y parlamentaria, se constituyó en el elemento esencial del cambio político. Pero con características que conviene no desconocer. El Ejército y los militares actuaron vinculados a los partidos políticos e incluso a instancias de éstos, y lo hicieron desde concepciones no militaristas de la política. Ninguno de los pronunciamientos de la era isabelina desembocó en un régimen militar. Incluso en alguna ocasión, serían los propios generales quienes impedirían la dictadura (como sucedió, por ejemplo, en 1852, con Bravo Murillo). En cualquier caso, Espartero se alineó con el progresismo; Narváez, con el moderantismo. O´Donnell buscó una tercera vía. Prim fue siempre liberal y progresista: la revolución de 1868 que él acaudilló implantó una monarquía no ya sólo constitucional, sino, además, democrática.”

Dinamismo económico...
El gobierno O´Donnell capitalizó indudablemente la prosperidad del país. Pero también contribuyó a impulsarla. Primero, relanzó la desamortización, restableciendo la ley Madoz de 1855 y negociando con la Santa Sede en 1859 un convenio sobre la desamortización eclesiástica que, entre otras cosas, permitía que determinados bienes de la Iglesia pasaran al Estado (y que éste pudiera venderlos) a cambio de títulos de la deuda. Segundo, liberalizó el mercado de la propiedad (ley Hipotecaria de 1858) y el sector minero (ley de Minas de 1859). Tercero, impulsó las obras públicas, asignando en el presupuesto extraordinario para 1859 varios miles de millones de reales al Ministerio de Fomento para la construcción de carreteras, fomento de las Marinas mercante y de guerra, mejora de instalaciones portuarias y extensión del telégrafo y correos. El kilometraje de carreteras de primer orden en explotación pasó de 6.687 en 1855 a 9.897 en 1863. Entre 1858 y 1863 se construyeron un total de 2.812 kilómetros de vías férreas. Los kilómetros de telégrafo en explotación aumentaron de 6.330 en 1858 a 10.001 en 1863.”


El golpe militar de 1923...
El pronunciamiento de 1923 fue, evidentemente, resultado de la crisis política que el país vivía desde más o menos 1913. Pero el detonante fue la crisis abierta por el desastre militar sufrido por el Ejército español en Marruecos en julio de 1921, cuando un ataque sobre la posición del Annual de las tropas rebeldes de Abd el-Krim (1882-1963) -líder nacionalista que operaba en las montañas del Rif, cuya guerra de resistencia contra la presencia colonial española y francesa había escalado considerablemente desde 1919- provocó la retirada de las tropas españolas (mandadas por el general Silvestre), la muerte de unos 9.000 soldados y la caída de las principales posiciones y de unos 5.000 kilómetros cuadrados de la zona de la Comandancia de Melilla. Dada la magnitud del desastre, Annual planteó, de una parte, la exigencia inmediata de responsabilidades (a los militares, desde luego; al gobierno; y según la oposición socialista, al mismo Rey), y reabrió, de otra, la cuestión del sentido y alcance de la acción española en Marruecos. Ambos puntos era, por definición, extraordinariamente sensibles.

Para el Ejército, Marruecos fue la oportunidad de restaurar el prestigio perdido en Cuba en 1898. Marruecos creó una nueva mentalidad militar -particularmente, entre las jóvenes generaciones de oficiales que allí sirvieron (Millán Astray, Goded, Mola, Franco, Orgaz, Varela, etc.)-, una mentalidad militarista, que veía la vida militar y el patriotismo como formas superiores de vida -honor, servicio a la patria, lealtad, valor-, y en el Ejército de África era, así, particularmente susceptible ante toda crítica a la acción española en Marruecos, desconfiaba de todo intento de subordinar la acción militar a una posible acción civil de protectorado, y veía en la crisis política del país y en los conflictos sociales y civiles -sobre todo, en los nacionalismos regionales- un principio de debilitación nacional y, por tanto, una amenaza a la misión misma del Ejército.”

Autarquía en la España del Generalísimo...
Los países aliados desplegaron desde 1939 una intensa actividad para favorecer el restablecimiento de un régimen democrático en España. El progresivo aumento de la tensión con la URSS alteró la situación, incluso antes de junio de 1948, cuando se
completó el bloqueo soviético de Berlín. Si a fines de 1946, tras una dura declaración conjunta, la práctica totalidad de los países habían retirado sus embajadores en Madrid para obligar a Franco a democratizar el régimen, en octubre de 1947 un informe del Policy Planning Staff al secretario de Estado de Estados Unidos puso seriamente en duda la eficacia, incluso la conveniencia para los intereses de Estados Unidos, de la política seguida hasta entonces. Ésta, según el informe, <<1) ha reforzado al régimen franquista; 2) ha impedido la recuperación económica de España; y 3)ha actuado en contra del mantenimiento de una atmósfera amistosa en España en caso de un conflicto internacional>>. Ante ello, finalizaba recomendando la `normalización de las relaciones tanto políticas como económicas>>”

España, nación entre naciones...
Pero el giro verdaderamente histórico de la acción exterior española tuvo otros dos pilares. El 12 de junio de 1985, España firmó el tratado de integración en la Comunidad Europea (con efecto desde el 1 de enero de 1986). El 12 de marzo de 1986, el gobierno logró que se aprobara en referéndum (con un 52,49 por 100 de votos favorables) la
permanencia en la OTAN. En el primer caso, integración en Europa, la decisión fue, simplemente, la culminación de un proceso `natural´que se había iniciado en 1977-1979. En el caso de la OTAN, el ingreso exigió una rectificación radical del propio partido del gobierno: una de las promesas electorales del PSOE en 1982, expresión de sus prejuicios ideológicos y de su desconocimiento de la política internacional, había sido precisamente <<OTAN, de entrada, no>>. La importancia de ambas decisiones -Europa, OTAN- estaba en que España se definía, al fin, como un país occidental y europeo y en que, al hacerlo, recobraba el papel internacional que mejor parecía adecuarse con su historia, con su posición geográfica, con su significación cultural.”

Libro en definitiva para conocer el tránsito histórico de España desde 1808 y que pone de relieve las peculiaridades que se tuvieron que afrontar y superar para llegar al actual Estado con reinado de la democracia pese a que algunos y el Papa sigan obstinados en ver dos Españas dónde sólo hay una producto de ambas. Pero la Guerra Civil fue el choque final de conflictos interiores y anteriores mas encima la primera batalla de la guerra mundial contra el fascismo...


The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV

http://theadversiterchronicle.org/



 
 
                                                       


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