CUANDO VIENE UN PERRO
EN EL ASCENSOR
Hoy
quiero abordar una compostura del postureo relativamente reciente
como es la proliferación de mascotas y más concretamente de los
chuchos, compostura del postureo básica si se vive en edificio de
varias alturas donde inevitablemente al menos un vecino u vecina
tiene un chucho por mascota. Generalmente que un vecino u vecina
tenga un chucho de mascota no debe inquietarnos en exceso salvo tener
la desgracia de vivir en el piso de abajo y sufrir los ruidos de la
mascota. La compostura del postureo surge cuando estamos esperando el
ascensor y nos topamos con el vecino u vecina y su mascota. Si el
vecino, las vecinas siempre lo son, es educado y cortés como mandan
los cánones entre vecinos del mismo edificio, nos preguntará si
nos molesta el perro en caso de que vayamos en el ascensor y
coincida que lo llamó el vecino con chucho de mascota. Antes se hace
necesario un par de consideraciones nada baladís, la primera son las
dimensiones del ascensor donde no es lo mismo un ascensor diminuto
que tanto se instalan ahora, el normalito para cuatro personas y el
intermedio donde caben tres si no se está rebosante de lorzas; luego
está las dimensiones del chucho porque no es lo mismo uno grande de
carácter afable y bonachón que uno pequeño, callejero u, peor aún,
que sea un pequinés o un chihuahua. Mientras un perro grande suele
ser noble y apacible que se sienta sobre dos patas mirando a su dueño
sin molestar en absoluto, el perro pequeño es un toca pelotas,
inquieto y olisqueando nuestros zapatos y perneras, que incluso saca
a refrescar los belfos si detecta un movimiento por nuestra parte
mínimamente sospechoso. El tercer factor a considerar es el vecino
dueño de la mascota por aquello de que el perro se parece al amo, lo
cierto es que conviene hacerse el amable con su felpudo con patas
porque puede ser un valioso aliado en las reuniones de vecinos cuando
hay asuntos a tratar y someter a la aprobación de la comunidad de
vecinos de la misma forma que si nos tiene inquina por haber alterado
a su mascota tendremos un enemigo en reuniones de la comunidad de
vecinos, coincidencias en el portal y demás sitios habituales de
tropezarnos con un vecino del mismo edificio. La mejor compostura del
postureo es mostrar una cara amable, hacer algún comentario sobre su
chucho como qué tiempo tiene, si se rasca por pulgas o por sarna y,
sobre todo, no hacer movimientos bruscos que el saco de pulgas nos
coja tirria ya que cada vez que lo tropecemos en el ascensor, el
portal o la calle nos ladrará como poseido por mil demonios
perrunos. Distraer la atención del vecino dueño del chucho puede
permitir dar una sutil patadita casi imperceptible salvo para el
hocico del chucho, recordando siempre que los de pequeño tamaño son
escandalosos yse ponen cardiacos a mordiquear el zapato de forma
compulsiva mientras el dueño entra en pánico. Una buena compostura
del postureo si no hay premura de tiempo es que al abrirse el
ascensor hagamos ademán de entrar y recordamos de pronto que se nos
olvidó algo y no llegar a entrar en el ascensor retrocediendo con un
mínimo de dignidad. No recomiendo para nada la compostura del
psotureo de llevar siempre a mano unas galletitas para perros en el
bolsillo porque se empieza siendo amable y se acaba de canguro de la
mascota cuando el dueño de la misma tiene que salir y necesita
alguien que le cuide su mascota durante su ausencia. Siempre queda el
recurso de una compostura del postureo de poner cara de perro aunque
igual se acaba a mordiscos con el chucho y con su dueño. No quiero
terminar sin citar el caso particular de que sea una vecina de buen
ver la dueña del chucho porque en estos tiempos de géneros
variopintos un piropo se puede malinterpretar y azuzará la fiera que
llama su mascota a que nos muerda las partes pudendas con lo mucho
que duele y la dolorosa convalecencia posterior.
The
Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake
City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr.
IV
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