Unas memorias de
Antón Rendueles en
exclusiva para The Adversiter Chronicle
La nieve
Tener
un clima templado y tener la ciudad microclima merced a la bahía de
la playa, convertía a la nieve en algo casi mítico en mi mente
infantil. Las películas y los dibujos animados lograban que hacer un
muñeco de nieve fuera un anhelo, de esos que la edad infantil
convierte en un deseo. Es verdad que cuando íbamos de visita a otros
puntos de la región sí podía ver nieve, o al pasar el puerto con
la carretera jalonada de nieve a los lados y que yo miraba por el
cristal de la ventanilla. Y por fin, un invierno, la nieve llegó a
la ciudad, a mi hábitat. Recuerdo salir a la calle y pisar la nieve,
en parte por diversión y en parte para cerciorarme de que era verdad
que había nevado. Supongo que me llevaron de paseo ya que el
recuerdo siguiente es ver la playa y donde había arena había ahora
un manto de nieve y las olas la acariciaban al llegar a la orilla. La
calzada por donde circulaban los coches se iba tornando marrón,
fundiéndose creando pequeños charcos y huellas de rodadura en la
nieve aplastada. Por fin podía ponerme guantes y hasta un gorro,
bien abrigado como en las películas y dibujos animados, lanzar bolas
de nieve y tratar de crear un muñeco de nieve, pero ésta se fundía
rápido y si quería lograr hacer un muñeco de nieve debía esperar
a que fuéramos a ver familiares que vivian en el centro de la
región en una localidad minera. Allí la nieve no era como en la
ciudad salvo las huellas en la nieve aplastada y de tonos marrones
por el paso de vehículos, también huellas de ganado, alguna vaca de
recogida por su dueño; era una nieve de cierto grosor que al pisar
hundía la bota hasta la caña. Ya no recuerdo si llegué a realizar
mi sueño de hacer un muñeco de nieve, supongo que disfrutaba todo
lo que podía por culpa de lo rápido que se derretía en cuanto
volvía el sol y subía las temperatura durante el día, y si cierro los ojos puedo
sentir la nieve en mis manos enguantadas, el novedoso manto blanco
que cubría la ciudad y la arena de la playa, ansiando que no se
pudiera ir al colegio por una nevada tremebunda. Luego supe lo
extraordinario de una nevada en la ciudad y conservo el recuerdo de
su fascinación en mi mente infantil, incluso creo que los adultos
andaban con otro talante, aunque refunfuñaran en voz alta, por la
magia de la nieve.
Antón
Rendueles
The
Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake
City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr.
IV
http://theadversiterchronicle.org




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