The Adversiter Chronicle

martes, 27 de enero de 2026

"Memorias de La Transición", por Antón Rendueles

Unas memorias de Antón Rendueles en exclusiva para The Adversiter Chronicle

La nieve

Tener un clima templado y tener la ciudad microclima merced a la bahía de la playa, convertía a la nieve en algo casi mítico en mi mente infantil. Las películas y los dibujos animados lograban que hacer un muñeco de nieve fuera un anhelo, de esos que la edad infantil convierte en un deseo. Es verdad que cuando íbamos de visita a otros puntos de la región sí podía ver nieve, o al pasar el puerto con la carretera jalonada de nieve a los lados y que yo miraba por el cristal de la ventanilla. Y por fin, un invierno, la nieve llegó a la ciudad, a mi hábitat. Recuerdo salir a la calle y pisar la nieve, en parte por diversión y en parte para cerciorarme de que era verdad que había nevado. Supongo que me llevaron de paseo ya que el recuerdo siguiente es ver la playa y donde había arena había ahora un manto de nieve y las olas la acariciaban al llegar a la orilla. La calzada por donde circulaban los coches se iba tornando marrón, fundiéndose creando pequeños charcos y huellas de rodadura en la nieve aplastada. Por fin podía ponerme guantes y hasta un gorro, bien abrigado como en las películas y dibujos animados, lanzar bolas de nieve y tratar de crear un muñeco de nieve, pero ésta se fundía rápido y si quería lograr hacer un muñeco de nieve debía esperar a que fuéramos a ver familiares que vivian en el centro de la región en una localidad minera. Allí la nieve no era como en la ciudad salvo las huellas en la nieve aplastada y de tonos marrones por el paso de vehículos, también huellas de ganado, alguna vaca de recogida por su dueño; era una nieve de cierto grosor que al pisar hundía la bota hasta la caña. Ya no recuerdo si llegué a realizar mi sueño de hacer un muñeco de nieve, supongo que disfrutaba todo lo que podía por culpa de lo rápido que se derretía en cuanto volvía el sol y subía las temperatura durante el día, y si cierro los ojos puedo sentir la nieve en mis manos enguantadas, el novedoso manto blanco que cubría la ciudad y la arena de la playa, ansiando que no se pudiera ir al colegio por una nevada tremebunda. Luego supe lo extraordinario de una nevada en la ciudad y conservo el recuerdo de su fascinación en mi mente infantil, incluso creo que los adultos andaban con otro talante, aunque refunfuñaran en voz alta, por la magia de la nieve.
Antón Rendueles

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV
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