The Adversiter Chronicle

lunes, 19 de enero de 2026

"COMPOSTURA DEL POSTUREO", por Alí Kate

CUANDO ALGUIEN SE PONE A CONTARNOS SOBRE SUS INVERSIONES

Hoy trataré de una compostura del postureo que surgió a raíz de que capas sociales que antaño jamás podrían llegar a soñar con inversiones en inmuebles o en la bolsa de valores, ahora se ven con capacidad económica para invertir unos dineros. Esta permeabilidad social permite que quien más y quien menos tenga un conocido, amistad, familiares, colegas e incluso pufistas que te cruzas con uno y entre tristes historias te suelta que en breves tendrá dinero para pagar los pufos pendientes gracias a una inversión cojonuda, pero cojonuda; se llega incluso a escuchar la desfachatez de porqué no invertimos también, con una pequeña comisión, resultando que no sólo no te pagan los pufos pendientes sino que te sacan dinero por un negocio de dudosa ganancia y se lleva la comisión sí o sí en cualquier caso. Es sólo un ejemplo gráfico y peculiar, deseo tratar de esos momentos que surgen en época de reuniones desenfadadas familiares, profesionales, de peña, de agrupación de cualquier peregrina actividad que se nos ocurra y, en definitiva, cualquier ámbito donde las conversaciones son más informales y el bebercio suelta la lengua. Por lo general quienes invierten suelen ser discretos, casi mudos para alguien que no sea de su plena confianza, esa rapiña que se da en las clases adineradas de la sociedad. Y luego tenemos el común de los mortales que le sobran unos cuartos y le atrae la idea de invertir, cantidades insignificantes para millonetis, pero auténticos dinerales para clase obrera, estudiantil, funcionaria y jubilados de diversa índole; gente corriente que gana cien, doscientos e incluso mil euros invirtiendo lo mínimo, que gustan de compartir la fortuna con esa solidaridad que sólo se da en las clases populares. Lo malo es que nos cogen por banda y comienzan a dar la brasa contándonos lo bien que han invertido, maravillosos planes de futuro a medio plazo y hasta tecnicismos bancarios que resultan extraños arcanos para el profano oyente. No se les puede cortar la brasa, llevar la contraria ni siquiera el truco de llamada en el móvil en modo vibración porque no queremos molestar ni ofender pese a que nos suene a chino la parte técnica y se nos nuble el pensamiento al escuchar que invierte una cantidad que supone para uno más de lo que gana en un año. La mejor compostura del postureo es ponernos en modo oyente semi pasivo soltando de vez en cuando un `entiendo`, un `¡es increíble! No conviene preguntar por cantidades salvo que el interlocutor inversor esté ya con pedete lúcido, el que nos cuenta sobre sus inversiones necesita soltar el rollo porque siente la incontrolable necesidad de contarlo y estadísticamente se demuestra que un alto porcentaje se arrepiente si lo cuenta ebrio y sencillamente no recuerda si contó algo cuando estaba de pedete lúcido por no decir que borracho como una cuba. También la compostura del postureo en esta circunstancia requiere discreción por nuestra parte para evitar prolongar la brasa predicando además las bondades de invertir como él hizo, una transformación donde actúa como un agresivo agente comercial sólo comparable a un ferviente predicador de origen converso. Terminar advirtiendo de quienes nos cuentan sobre sus inversiones y sabemos de sobra que va de farol y trolero, ante lo cual se puede adoptar la compostura del postureo de llamarle fantasma o reírnos haciendo creer que nos tragamos sus trolas financieras y cuando ya está convencido de que tenemos dinero para invertir le mandamos a freír espárragos.

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV
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