Teníamos ganas de entrevistar a, posiblemente, uno de los personajes populares
más renombrados a lo largo de la vida, con permiso de Picio el feo.
Se le menta cuando esperamos una llamada, una visita o que alguien
nos recuerde, pero si nombran al Tato, es que nadie llamará,
visitará o nos recordará. Sin embargo, se trata de una gran
desconocido para la, plebe y la chusma que le nombramos cuando hay
ocasión para ello. Así que nada mejor que preguntar al protagonista
y nos cuente algo de sus andanzas y vivencias como personaje en boca
de todos, que incluye a todas y todo tipo de géneros y pelajes...
-¡Pero
también mi nombre es objeto de fiscalización inquisitorial! ¡Me
llamo Tato, Tato Jeremías de la Concepción para ser más exactos!
Creo que resulta evidente que soy objeto de chanzas, burlas y
chascarrillos cutres. ¡Ni soy tartaja ni soy hermano de nadie, hijo
único que no creo que sea pecado ni siquiera un delito! Sólo pido
ser anónimo como el resto de los mortales comunes, que no se me
nombre sin saber siquiera quién soy, mis sentimientos y mis sueños,
mis ansias y mis duelos, mis pequeñas alegrías y las grandes
decepciones...
-¡Qué
relax ni que cojones! ¿Sabe lo que es ir a buscar empleo y que me
digan, me escupan, que cómo me van a contratar si todo el mundo sabe
que el Tato no trabaja, más concretamente que no aparezco por el
trabajo! ¡Y todo por la maldita coletilla de que `no viene a
trabajar ni el Tato! ¡Que me han creado mala fama! ¡Que soy una
víctima! ¡Que si fuera por el color de la piel, mi credo
religioso, mi país de origen o que no hablo el idioma podría
entender que me enfrento a un racista de mierda, pero no, no!
¡Resulta que nadie me contrata porque llamarse Tato es un estigma!
Compréndame, si fuera que me afecta laboralmente podría superarlo y
adaptarme, pero es que es puro rechazo en cuanto digo mi nombre...
¡Si ni siquiera puedo sindicarme porque dicen que no voy nunca a
trabajar y menos a pagar la cuota! ¡Ahora me utilizan para todo:
aquí no gobierna ni el Tato; aquí no dimite ni el Tato; aquí no da
explicaciones ni el Tato y un sin fin de cosas malas donde me ponen
de mal ejemplo...! Añoro tanto una vida anónima, conocer alguien
que me atrae y me enamora pero me rechazan por ser el Tato...
-¡Jajajajaja!
¡Jaaaajajajaja! ¡Disculpeffss....! ¡Jaaajajajajajajjaja! Es que...
Es que me ha venido un chiste fácil, disculpe...
-¡Aquí
me pone un ejemplo de lo que sufro a huevo! ¡Debo perdonar o se
dedicará a propagar y pregonar que no le perdona ni el Tato, y ahí
sí que no, pero que no, oiga! Al menos podría disimular sus
intenciones, humillarme cuando debería informar, denunciar que
necesito ayuda, consuelo, amparo y calor humano. ¡Disculpas! ¡Pues
las acepto, pero que conste que estoy obligado por las circunstancias
y casi obligado por la presión social! ¡Podría al menos decir algo
que me consuele, sólo un triste consuelo momentáneo para soportar
la existencia diaria de verme en boca de todos! ¿Puede decir al
menos algo de consuelo para que no quede como un insensible y además
choteándose de mi circunstancia, puede, bellaco?
-¡Jajajajajaj!
¡Es que...! ¡Es que...! ¡A usted no le consuela ni el Tato, que es
usted! ¡Jajajajajajajajaja!
-Cretino
idiota...
The
Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake
City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr.
IV
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