The Adversiter Chronicle

viernes, 1 de mayo de 2020

ENTREVISTA AL TELETRABAJADOR

Uno de los cambios en la sociedad que dejará la Guerra del Coronavirus, sin que se puedan poner objeciones, es la implantación del teletrabajo. Que mejor día que el primero de mayo para abordar esta nueva modalidad laboral que ya es una realidad tangible y que llega para quedarse. Entrevistamos a Ceferino Tanita, pionero tanto a nivel laboral como sindical de la figura del teletrabajador y que vivió a finales de los 80´s un martirio judicial por defender lo que entonces sonaba a fantasía laboral y hoy es cruda realidad...

- ¿Qué sintió al ver el futuro y verse despreciado, no ya por la empresa, sino por sus propios compañeros de trabajo, ein?

- Hay que remontarse a la era analógica donde no había el concepto de teletrabajo, en ese sentido mi único mérito fue percatarme de que el teletrabajo era posible. Otra cosa fueron las consecuencias pero es el precio a pagar cuando se es vanguardista e innovador en el puesto de trabajo donde al final quien tiene el mango por la sartén no es el asalariado. Dicho esto, se siente soledad, una profunda soledad que te afecta a nivel personal, laboral y familiar.

Cuando fue despedido y llevado a juicio, la empresa le acusó de falta de productividad, generar un ambiente enrarecido en el trabajo y mala influencia para el resto de la plantilla...

-Lo de mala influencia para con mis compañeros de trabajo se debe a que era preguntado por el teletrabajo y yo respondía a las preguntas. Si una plantilla laboral ve que un compañero innova un nuevo sistema de trabajo que no sólo es funcional sino que además funciona en el sentido de mejora de la productividad y una mayor salud laboral, es normal que asalten el despacho del gerente o destrocen parte del taller, pero eso no fue ni mi responsabilidad ni mi culpa. Lo de enrarecer el ambiente en el trabajo puede que fuera lo más doloroso ya que invade mi intimidad, cosa que de aquella no estaba valorada y protegida como ahora. Se me acusó de que me olían los pies por el simple hecho de que gustaba de descalzarme, sentir cosas entre las dedas de los pies siempre me ha relajado, pero el ambiente enrarecido por olor a pies no pudo demostrarse que fuera yo el responsable. Puedo admitir que en mi perímetro de trabajo mis pies fueran responsables de cierto olor a queso cabrales, pero yo no usaba el baño de señoras y allí también olía a pies. Lo de falta de productividad no era más que una excusa amparándose en que rendía por debajo de la media. Hoy me hubieran dado la baja médica por acoso laboral y consecuencias en mi psique, pero en aquel entonces la única atención médica que me dio la empresa fue el despido.

-¿Qué pensaron sus patronos cuando les propuso el teletrabajo?

-Más que hacer yo una propuesta, fueron ellos a tocarme los cojones. Durante una semana, tuve a toda la directiva presionándome para que recapacitara y renunciara al teletrabajo. Una medida de presión porque los representantes sindicales ya afirmaban que querían negociar el teletrabajo para el próximo convenio. Mi detención y posterior proceso judicial fue el extintor que apagó el fuego de una justa reivindicación sindical ante un nuevo concepto de trabajo que bullía en las mentes de la plantilla. Ver ahora a la patronal invirtiendo en el teletrabajo me hace ver lo injusto que fue el sistema conmigo.

-Ya para terminar, ¿cómo le fue después?

-Bueno, un poco de esto, un poco de aquello, pero ya nunca volví a intentar llevar a la realidad el teletrabajo. Tenía una furgoneta y un viejo televisor portátil pero me era imposible conducir, hacer el trabajo de reparto y mirar la televisión, que además tenía una antena de cuernos de cabra muy molesta porque había que reorientar en cada semáforo prácticamente. Viendo ahora que hay súper pantallas planas de todos los tamaños, televisión por Internet y demás, me produce una honda satisfacción ver que la gente proletaria puede trabajar viendo la televisión y además desde casa. Pero el concepto de llevar la televisión, el telecurro que decían entonces mis compañeros, a los talleres de soldadura, fue un servidor.
 
The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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