The Adversiter Chronicle

jueves, 14 de mayo de 2020

DIARIO DE LA GUERRA DEL CORONAVIRUS por A. Nónimo

Jueves 7 de mayo

Al levantar la persiana me he quedado un rato mirando, sin ver, la calle desde la ventana y he tenido una sensación rara. Hoy desperté más tarde de lo habitual y había transeuntes con bolsas, alguno aún de vestimenta deportiva, personas camino de alguna parte en los periodos y categorías que marca la nueva normalidad. Por un momento me pareció estar mirando una pecera. No hay pecios de barcos piratas o rocas coralinas por donde deambulen los peces en su nadar. Son bancos de parque y parques infantiles clausurados, son árboles que parecen estar más alegres en su follaje porque ha descendido la contaminación y los peces somos nosotros, observantes y observados a su vez desde los cristales de las ventanas que son vitrinas al acuario...
Compra semanal. Me reafirmo en que, tal vez a tenor de la clase política, no respetamos los protocolos, sencillos de entender y de cumplir, pero no los cumplimos. No sirve que lo haga una mayoría, ha de ser total la servidumbre a los protocolos de distancia social. Pero volvemos a ser reclutas en un servicio militar obligatorio donde no vemos que la guerra del coronavirus nos ha engullido. Somos carne de cañón a salvo gracias a unos pocos a los que rendimos homenaje y luto a los muertos en forma de olvidar los protocolos. El coronavirus sigue ahí y nosotros volvemos al camino de siempre, de esquivar la norma, disimular el pecado, golpearnos el pecho si no podemos golpear al vecino. Pero la cifra de muertos no disminuye y la cifra de contagiados en nuestras tropas de élite aumentan como aumentan los velados avisos a un repunte, pero lo ignoramos alegres de salir sin comprender que son permisos puntuales, que las colas y cita previa serán constantes, pero no queremos ver, no queremos captar la magnitud del estado de alarma y su necesidad. Aún revolotean los buitres y ya estamos olvidando, condenándonos a repetir errores una vez más...
Se puede captar entre líneas que la cosa seguirá en estado de alarma hasta la segunda quincena de junio al menos, yo apostaría que hasta el uno de julio, pero como ya se piensa en clave electoralista, la clase política no se mueve en el sentido de la cooperación de todos los estamentos para planificar, proyectar y preparar la reconstrucción, por desgracia sin saber aún la duración de esta guerra biológica. El Gobierno juega con ventaja y sabe que si el repunte previsto es tan virulento como lo visto hasta hace unos días, nadie le podrá culpar por querer mantener el estado de alarma y sí podrá reprochar a sus antagonistas, socios de gobierno y apoyos de investidura que le negaran la pal y escamotearan la sal para lograr prorrogar tal estado. De todas formas ya anunció a finales de abril que la desescalada del confinamiento domiciliario y establecer la posterior y ahora presente de la nueva realidad que duraría ocho semanas. Si era abril y un mes tiene cuatro semanas, una simple operación aritmética nos da que ocho semanas en abril, son mayo y junio, pero nos han inducido a creer que las fases de la desescalada son un todo en sí mismas cuando sólo son probetas e instrumentos de laboratorio donde las cobayas somos la ciudadanía...
Treinta mil muertos, no son tantos como en la Guerra Civil, tal vez por ello la clase política no les da importancia, pero a mí me quita el sueño...
Una noche más, por no variar.


Viernes 8 de mayo

Cada vez me levanto un poco más tarde y mi barriga ya no puede ocultarse más a mis ojos...
A partir del lunes comienza la desescalada en su fase uno de la nueva normalidad. Se hará en divisiones provinciales y territoriales, pero entre el ansia por ver moverse la economía y las disputas políticas tengo la extraña sensación de que vamos deprisa. La cacareada necesidad de activar el turismo sólo podrá hacerse por movimiento entre provincias y autonomías pero si la cosa pinta mal y hubiera un repunte, que no descartan los expertos, será peor volver a parar. Pero cómo no comprender a los dueños de pequeños negocios mas estos han de ver que primero es la seguridad sanitaria y el Gobierno debería articular medidas económicas paliativas entre las principales formaciones políticas, que es una, de la oposición. No estamos combatiendo cada uno en su papel para que los gestores políticos demuestren una vez más su cortedad de miras ante la realidad de la pandemia y los treinta mil compatriotas caídos, no combatimos para eso...
El lunes ya podré visitar a familiares y eso como que me da serenidad y parece que por fin podré dormir de un tirón...
Pero suenan de nuevo las señales horarias en la radio, las terceras desde que me acosté.


Sábado 9 de mayo

Día nublado y gris donde el espejismo de días veraniegos de sol se ha esfumado, no tanto por la climatología como por la alegría de estirar las piernas al sol que se palpaba en el ambiente cuando salí a la compra. Pero es un día gris plomizo como las cifras de muertos, la más baja en dos meses...
La hostelería se prepara para la reapertura en la nueva normalidad donde nos olvidamos de las fases de la misma, que cada fase dura dos semanas si todo se desarrolla según lo previsto y que el tema de la nueva normalidad durará entre año y medio u dos años. Siempre que se encuentre la vacuna...
Por mucho que se hable está claro que la campaña turística deberá ceñirse salvo casos aislados al turismo nacional. Trato de mentalizarme pero algunos compatriotas han olvidado que estamos en guerra y vuelven a sus guerras de antaño...
Noche de sábado, gris como el día pese a la oscuridad. Dentro de una semana ya tendré el pelo cortado y, no sé debido a qué, me preocupa si debo pedir cita ya para junio...
Doy vueltas en la cama, doy vueltas a las cosas.


Domingo 10 de mayo

Me he despertado con cierta ansiedad que no me ha abandonado en todo el día porque mañana entremos en la fase uno del desconfinamiento y entremos de lleno en la nueva normalidad. Sé que al final me adaptaré como todo hijo de vecino a las colas, la espera y las medidas preventivas pero no termino de imaginarme salir a tomar el cafelito mañanero esperando turno y un ambiente distinto al de siempre hasta la llegada de la nueva normalidad...
Sigo observando que nos relajamos, olvidamos que estamos en guerra y se rompen las distancias sociales. Pero es curiosa la psique humana que ve los bancos del parque precintados, saben las recomendaciones y las normas pero se sientan en grupo los adultos en los bordillos y dejan a su infancia jugar en peligrosa comunión. No sé, pero creo que vamos mal...
Quinto libro que trato de leer antes de dormir. Los termino dejando porque no me concentro y leo sin prestar atención, otro porque en realidad no me gusta ni el autor ni la temática, otro porque en realidad ya lo había leído hace mucho tiempo y algún que otro porque sencillamente no tengo ánimo. Iría a la reapertura de las bibliotecas municipales pero supongo que estos primeros días de fase uno saldremos en tropel para calmar las ansias de salir a algo, de salir a nada que no sea pellizcarnos para comprobar que no estamos soñando pese al aire onírico de un domingo gris de mayo...
Pero ya es lunes hace un par de horas, las mismas que hace que intento dormir.


Lunes 11 de mayo

Hoy me desperté con una sensación extraña. Iba a ser un buen día, videoconferencia de trabajo a media mañana y salida prevista hasta la ferretería...
La cosa empezó mal con pereza para ducharme, una desgana como cuando se regresa de vacaciones y hay que volver a la rutina. Me duché pese a todo y me vestí, la ferretería no está lejos y serviría para estirar las piernas. Pero cuando llegué al portal di marcha atrás. En el ascensor comencé a, no sé, a intranquilizarme supongo. Mandé un correo excusando mi presencia en la reunión, me hice un café y me metí de nuevo en la cama...
Tuve miedo a salir, no lo tuve hasta ahora pero desde el portal se veía gente, ni siquiera como antes del confinamiento pero multitud comparado con lo visto hasta el comienzo de la fase uno...
Logré dormir hasta entrada la tarde y tengo ese remordimiento extraño que no sentía desde niño cuando por algún motivo justificado no iba a clase ese día y se mezclaba la alegría de tiempo para jugar con el remordimiento de faltar al deber de ir al colegio. Tengo miedo de tener miedo. Es la primera vez desde marzo, que queda tan lejano, queda tan extraño pero no como cuando te acuerdas de navidad en verano o de las verbenas en invierno, es algo diferente, es miedo...
Supongo que habrá alguna explicación, pienso mientras me asomo a la actualidad y veo que han descendido las muertes, creo que peco de egoísta por tener miedo a salir cuando tantos y tantas no volverán a salir porque no salieron de la UCI. Espero tener mañana entereza para integrarme en la fase uno, pero es la primera vez que miro atrás y quiero pensar que es un proceso normal y lógico tras un confinamiento domiciliario, ahora estamos en la nueva normalidad...
Dormir de nuevo esta mañana hasta entrada la tarde creo que ha terminado de alterarme el sueño...
La cuatro de la madrugada, sigo despierto.


Martes 12 de mayo

Me levanto tarde, como ayer. Puedo escaquearme otra vez del curro aunque mañana es ineludible que esté en la videoconferencia, pero hoy no...
Menos muertos pero más advertencias de que estamos incumpliendo las normas de distancia social. La relajación se palpa y los mismos que hoy jalean el desconfinamiento, mañana vociferarán que para qué levantaron el confinamiento. Las rebajas no serán presenciales para evitar aglomeraciones, se harán virtuales por Internet. Parece claro que además de cambiar la fisonomía urbana en detrimento de los automóviles viene acompañado de la digitalización forzosa del pequeño y mediano comercio...
Otro día gris de un mayo extraño, de nueva normalidad que no es tal sino una delirante sucesión de tramos horarios. Noticias de rebrotes en el sudeste asiático, noticias de muertes y estragos en el continente americano. Y queda África, tan cerca de Europa, tan lejana a nuestros ojos...
Me acuesto con el firme propósito de ponerme las pilas a partir de mañana...
Pero ya es hoy, despierto como ayer.


Miércoles 13 de mayo

De nuevo ha subido el número de muertes respecto a ayer, cierto que menos de doscientas, cierto que estamos algo insensibilizados acostumbrados durante semanas a más de ochocientas, pero la cosa no está estabilizada mientras se suceden las advertencias y avisos desde distintos ámbitos de que nos hemos relajado...
Quieren prolongar el estado de alarma hasta finales de junio, así que nos pondríamos en julio como nuevo hito, nueva esperanza. La aerolíneas se resisten a dejar incompleto el pasaje para guardar las distancias con la bendición de la Unión Europea, aquí aún discutimos volviendo a las andadas para indignación de nuestras tropas de choque, pero marzo suena lejano como suena lejana esta guerra porque podemos salir a tomar un café a una terraza. Somos idiotas...
Correo de la supervisora para amonestarme. En la videoconferencia de trabajo mi imagen era de aspecto desaliñado. Cierto que el resto iban como si estuvieran en la oficina, pero no creo que mis pintas fueran de desaliñado, aunque cuando me miré en el espejo sí tenía aspecto de sin afeitar y un mechón de pelo rebelde sin causa que por alguna causa estaba tieso. Y tal vez debí poner las gafas de sol, he dormido una mierda esta noche y se notan las ojeras...
Pongo el despertador y, en el silencio de la noche, me escucho a mí mismo decirme que ya se fue un día más preguntándome si será también un día menos. Suena una canción en la radio, suenan los pensamientos antes de dormir...
Quizás soñar.

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

http://theadversiterchronicle.org/
 


 
                                                                                



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