The Adversiter Chronicle

viernes, 16 de noviembre de 2018

"Ni a pata ni alpargata y menos a La Alcarria", suplemento viajero cutre


Suplemento viajero cutre de The Adversiter Chronicle

Viaje a recogida en el colegio

El viajero no tenía previsto viaje a ninguna parte salvo donde siempre, pero recibe el aviso de que recoja a su sobrino en el colegio. Los viajes a recogida en el colegio son del agrado del viajero ya que le permite combinar el viaje en el coche de san Fernando y en el bus municipal, es un trayecto con la distancia idónea para no gastar suela de zapato en demasía pero sí para desentumecer las piernas y quemar algo de lorza, de ver escaparates, de observar el pulso de la ciudad en esa hora maldita en que unos se preparan para salir de trabajar y otros para entrar al trabajo...
El viajero se toma un cafelito en el abrevadero del barrio, regalan un churro con el cafelito y el viajero considera que el aporte energético vendrá bien y siempre viene bien ver a la camarera, agradable a la vista y agradable en el trato al cliente. Aún saborea el churrito cuando se mete de lleno en el trayecto como peatón urbano donde ve las mismas cicatrices de la crisis que ha visto en otros viajes por la ciudad...
Ya hay adultos esperando la salida de los colegiales a las puertas del colegio aunque faltan diez minutos que aprovecha el viajero para echar un cigarro, hace sol aunque está fresco y el viajero se detiene a mirar como avanza la obra del edificio de viviendas que se está levantando enfrente del centro escolar y el viajero se sorprende de lo rápido que avanza ya que han llegado a la última planta. No es el viajero un turista de trabajos urbanos, de parar a ver cómo cavan una zanja o levantan un andamio, para el viajero la construcción de un edificio es una metáfora del paso del tiempo...
El viajero camina a la parada del autobús aunque antes su sobrino le hace parar porque hay un limosnero sentado en la acera implorando caridad. Su sobrino está educado en el amor al prójimo y en la noble virtud de la caridad aunque aún no le han enseñado a que no sea con dinero ajeno, más concretamente de la cartera del viajero que sufre en los diez céntimos de euro que acaba de donar su sobrino y que le desequilibra el presupuesto de gastos viajeros. Al poco de dar la limosna, el viajero debe parar de nuevo porque la criatura quiere chuches aunque tiene el detalle de preguntar al viajero si tiene dinero para tal gasto. El viajero, confiado, saca la calderilla del bolsillo y se dispone a contar cuánto hay a la vez que pregunta al niño:

-¿Cuánto quieres?- pero antes de acabar la frase, la mano del niño en hábil movimiento de prestidigitador, ya arrebató la calderilla de la palma de la mano y se ha metido raudo en el kiosko dejando al viajero mirando su palma de la mano vacía.

El sobrino del viajero carga una mochila a la espalda y cuando entra en el autobús lleno de viajeros aunque sin llegar a estar atestado, siembra el caos a base de zurriagazos con la mochila a quienes tienen la desgracia en ese momento de ocupar los asientos a la vera del pasillo, pero la infancia es la infancia y el pasaje no protesta y hasta le deja llegar a su sitio preferido que es en la parte de atrás...
El viajero y su sobrino caminan el trecho hasta el hogar de la criatura, agradable paseo con buen tiempo y trayecto de mil demonios cuando hace mal tiempo, además la cháchara con el niño hace que el viajero disfrute, recordando cuando él era el escolar y siempre logra sorprender al viajero con su ingenio, su humor y su inteligencia aunque le haya despojado de toda la calderilla y le guste dar limosna con dinero ajeno y el viajero piensa con sorna que muestra indicios de ser candidato a la carrera política...
Pero al llegar a casa el niño hace una carrera para llegar a su habitación y el viajero ha terminado su función de recogida en el colegio, para su sobrino ya es historia el viaje y el viajero además del viajar tiene material para escribir y antes de emprender el regreso, el viajero escribe una nota indicando que hubo unos gastos no programados que espera le sean abonados por los progenitores y el viajero esboza una sonrisa pensando en la escena cuando le pregunten por 23€ en gastos de chuches y limosnas y el niño alegue que sólo se gastó 1€ ente uno y otro, bendita inocencia piensa el viajero de regreso mientras busca un cajero...

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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