The Adversiter Chronicle

jueves, 8 de noviembre de 2018

"Memorias de La Transición", por Antón Rendueles


Unas memorias de Antón Rendueles en exclusiva para The Adversiter Chronicle

Día de los difuntos

Ha entrado noviembre de forma lúgubre como tiene por costumbre pese a que las nuevas generaciones no vean la fecha como algo tétrico y doloroso, convertida por el consumismo en otro motivo de alegría y alborozo con la excusa de la infancia. Noto a mis contemporáneos que o bien se suman a la fiesta o bien reniegan de celebraciones para caer en la introspección que causa el doloroso recuerdo de la ausencia...
Recuerdo mi primer muerto, el primer cadáver que observé de cerca. Era un velatorio de los de toda la vida pese a que hoy en día suene antihigiénico acostumbrados como estamos a que haya un procesamiento delegado en la funeraria del cadáver. Pero entonces la gente se moría en casa o la mandaban a morir con los suyos y había que limpiar y vestir el cadáver. El ataúd con el cuerpo del difunto en una habitación donde se le despedía. Años después y ya adolescente lo viví en mi casa y supe cómo era la noche en vela, pero en el momento que evoco en la memoria yo era muy niño, tanto que mi vista sólo alcanzaba el lateral del ataúd...
Me llevó mi abuela, sin duda era una amistad o conocido del barrio ya que la casa estaba casi enfrente del edificio de mis abuelos, no recuerdo nada de la gente que vi pero tengo grabado a fuego el momento en que me dejaron solo con el cadáver. Quiero recordar que debí de sentirles hablar porque me armé de valor y me puse de puntillas para poder observar el cadáver, un mundo nuevo y prohibido para un niño que se vio ante la oportunidad de indagar como sólo se indaga durante la infancia, esa mezcla de ansiedad ante lo desconocido, de la aventura de pisar un terreno también desconocido y el miedo, más temor que miedo, a que me pillaran, a que el muerto hiciera algo...
Vencí mis temores y creo que me subí en algo aunque no recuerdo que fuera una silla. Al ponerme de puntillas pude observar un rostro anciano sin vida, como si la piel arrugada y el rictus de su rostro fueran una máscara de goma...
Creo que intuí que aquel cadáver era como un cascarón vacío y cuyo contenido en vida ya no estaba allí por lo cual perdí el miedo a que el muerto hiciera algo y, ni corto ni perezoso, me encaramé en algo que no recuerdo y en un rápido movimiento le toque la punta de la nariz con el dedo, hecho lo cual me desencaramé como alma que lleva el diablo y me incorporé al grupo de adultos con mi secreto a cuestas...
Yo, en el día de los difuntos me gusta recordarlos vivos, no me fascinan los cementerios y siempre que voy, en lugar de reconfortarme, sólo me recuerda que es un pudridero. Sin embargo, si me recreo en cuando estaban vivos, con lo bueno y lo malo, sé que siguen ahí, puedo volver a escucharles, sentirles, alegrarnos, enfadarnos y ponernos tristes. Así que supongo que seguir la tradición anglosajona con calabazas y niños y niñas disfrazados de muertos vivientes no sólo es sumarse a los nuevos tiempos sino que aquellos tiempos de velatorios en casa se vuelven reconfortantes porque viven en nosotros que transmitimos su recuerdo a quienes nos siguen...
Antón Rendueles

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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