The Adversiter Chronicle

martes, 17 de abril de 2018

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre


Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro: El rey traidor
-De cómo el duque de Windsor traicionó a los aliados-
Autor: Martin Allen
Editorial: Tusquets Editores S. A.
Traducción: Mª Luz García de la Hoz
Edición: Mayo 2001

Ha pasado a la historia, y se ha vendido a las generaciones posteriores a la II Guerra Mundial, como imagen del romanticismo, el monarca que renunció a su corona por amor. El duque de Windsor que hubiera pasado a la historia como Eduardo VIII pero que puesto a elegir entre ocupar el trono y renunciar al amor eligió lo segundo se nos descubre en esta obra como un simpatizante de los totalitarismos de derecha como solución a los totalitarismos de izquierda que no dudó en trabajar para la creación de un Estado fascista en Gran Bretaña del cual sería máxima autoridad...

Desmontando el cliché romántico, descubrimos un hombre destinado a ser rey que ve con horror la revolución en Rusia y el sistema soviético que le siguió a la vez que encuentra en el fascismo italiano y el régimen nazi en Alemania unos valores cuyos logros económicos y sociales considera el único contrapunto a la revolución comunista. Una época de entre guerras aún desconocida para el gran público y donde descubrimos que la maquinaria nazi no se reduce a Hitler ni éste resulta un fanático, que también, pero capaz de jugar en el Gran Juego y que vio en el duque de Windsor la solución a la guerra contra Gran Bretaña para poder concentrarse en la invasión de la URSS. Una nueva perspectiva para comprender el éxito de la ofensiva nazi sobre Francia desbaratando los planes aliados y el incomprensible error de permitir la retirada por Dunkerque...
 
Martin Allen nació en 1958 en Caerphilly (sur de Gales). Estudió en el King´s College de Cardiff. Tras ejercer varias actividades relacionadas con el arte y la arquitectura, volvió a aquella en la que le había iniciado su padre: la investigación histórica, en la que se ha convertido finalmente en un experto.
Datos de la contraportada y actualizados al año de edición pero sin más, unas breves reseñas que os animen a su apasionante lectura:


Nacido para reinar...
Hay que recordar que si Eduardo VIII no hubiera abdicado en 1936 habría seguido siendo jefe del Estado británico hasta bien entrados los años setenta; y lo más probable es que el mundo y la historia británica posterior a 1937 hubieran sido muy diferentes si hubiera permanecido en el trono. Las razones son muchas y complejas y, a pesar de las fotografías modernas y de la aspiración de Eduardo a ser un `hombre moderno´, hay que comprender que por nacimiento era un victoriano de fines del siglo XIX. Vivió la experiencia del ocaso del viejo mundo de prerrogativas imperiales y reales, y fue testigo del surgimiento del nuevo y moderno mundo de los teléfonos, los cines, los transatlánticos, los coches y los aviones. Desde que nació llevaba grabado en su espíritu que era único y digno de respeto. Él mismo estaba convencido de que había nacido para ser rey. La historia de lo que sucedió realmente en 1939-1940 tiene que empezar por tanto desde el principio de todo, ya que los actos de Eduardo no fueron impulsivos ni improvisados, sino que se basaron en cuarenta y seis años de experiencia y en un cúmulo de circunstancias.”

La boda con Wallis Simpson...
El día de la boda, el jueves 3 de junio de 1937, lució un sol esplendoroso, pero fue en conjunto mucho más tranquilo de lo que había esperado Eduardo, muy distinto del acontecimiento real que había planeado. No asistió ningún miembro de su familia. Este desaire público ofendió mucho a Eduardo. Wallis escribiría después: `La orden tácita se había dado, el palacio de Buckingham haría como si nuestra boda no existiera. No iba a haber reconciliación, ninguna muestra de reconocimiento oficial´. Repudiado por su familia, Eduardo advirtió que muchos amigos suyos se distanciaban de él para no disgustar a la Casa Real. Incluso hubo problemas para encontrar un cura dispuesto a celebrar la boda, ya que la iglesia anglicana no permitía que una divorciada se casase. Al final aceptó casarlos un sacerdote llamado Jardine, que por aquel hecho cayó en desgracia ante las autoridades eclesiásticas. Los invitados que asistieron fueron vergonzosamente escasos, incluso para las costumbres modernas, y al final sólo dieciséis amigos íntimos en el comedor de Candé, que es donde se celebró la ceremonia.”

Planes del duque para lograr la paz con Hitler...
Era muy poco lo que podía hacerse en 1939 para mejorar las relaciones entre Alemania y Gran Bretaña, aparte de que Hitler ordenase retirarse de Polonia (la única solución aceptable para los políticos británicos); la otra solución era introducir cambios en el gobierno de Londres y en la jefatura del Estado. Hay indicios que señalan que se estaba preparando la segunda solución, pues se recordará que Eduardo se consideraba cabecilla del llamado Movimiento por la Paz, el colectivo para el que librar otra guerra en los campos de Francia y Bélgica equivalía a repetir la sangrienta pesadilla de la primera guerra mundial. Hay que recordar igualmente que, a pesar de haber abdicado, Eduardo seguía creyéndose el legítimo jefe de Estado británico, y si alguna vez vacilaban sus convicciones, allí estaba Wallis para reforzárselas.”

En España...
El país estaba regido por un gobierno militar fascista presidido por el general Franco, que estaba en deuda con Hitler y Mussolini por el apoyo que le habían prestado durante la contienda civil. España era pues una nación que comulgaba con la filosofía nazi sobre el futuro de Europa y el mismo Franco se diferenciaba poco de Mussolini en su forma de gobernar. Hitler abrigaba esperanzas de que España se uniera a las potencias del Eje y contribuyera a crear el nuevo orden mundial, pero con deudas y todo, el astuto Franco mantuvo a su país alejado del conflicto bélico. Pese a ello, dejó que España fuera durante años tierra de paso de ciertos productos clave que necesitaba Alemania, como hierro, mercurio, carbón y, por increíble que parezca, petróleo estadounidense, que llegaba por las islas Canarias, cruzaba España y la Francia ocupada y se vaciaba en el corazón del Reich. El otro quebradero de cabeza del gobierno británico era que el duque de Windsor tenía amigos y parientes entre la aristocracia española, en particular el infante don Alfonso, hijo segundo del rey Alfonso XIII, general del ejército del aire y hombre adepto a la ideología del generalísimo Franco.”

Propuesta nazi...
El informe de Schellenberg del 28 de julio dice que las conversaciones fueron entre Hess y el duque, mientras Heydrich estaba con Winzer, es decir, que dos negociadores estaban juntos mientras los dos policías veteranos se encargaban de los asuntos de seguridad. Al final de la reunión, el duque solicitó un plazo de cuarenta y ocho horas para meditar lo que le habían propuesto. Tuvo que ser una proposición de envergadura suficiente para impedirle tomar una decisión inmediata y sabemos que los alemanes estaban deseosos de que Gran Bretaña se retirase de la guerra. ¿Se refería a esto la propuesta? `Viktor´ no vuelve a mencionarse en los cablegramas, lo que significa que se fue inmediatamente después de hablar con el duque, dejando a Heydrich y a Schellenberg para recoger la respuesta.”

Libro sin concesiones a la duda respecto a la conducta traidora de un rey así como los sucesivos intentos de borrar todo rastro de traición hasta dejar grabada en la memoria colectiva la historia superficial, edulcorada y alocada del duque de Windsor. Ideal para amantes de la lectura sobre entresijos de la historia en lecturas nocturnas de curro y mesita de noche, convalecencias y puentes festivos. A la suegra es ideal para regalo ya que aunque no leerá ni una página, al ver a los duques se emocionará y dejará por un día sus reproches de vivir a costa de su sopa boba...
 
The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

http://theadversiterchronicle.org/

 
 
 
                                                  
 
 
 

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