The Adversiter Chronicle

jueves, 13 de agosto de 2026

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre

Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro:
España diversa -Claves de una historia plural-
Autor: Eduardo Manzano Moreno
Editorial: CRÍTICA
Edición: Primera edición, abril de 2024

La propuesta de hoy es un fascinante viaje a la diversidad de España como nación, una propuesta de mirar la historia detrás de la historia oficial y lineal que a lo largo de los siglos y los cambios políticos se trataba de llevar a la práctica y que sin embargo, en realidad, es sólo algo teórico porque los distintos territorios que forman España siempre han mantenido sus singularidades en forma de cultura, literatura, políticas y hasta sus sociedades sin olvidar las distintas legislaciones. Sin guerras religiosas como sucedió en otras naciones de Europa, los conflictos civiles en España nunca fueron tan desgarradores como para dejar de ser España. También una mirada crítica a los nacionalismos español y periféricos que tergiversan, inventan y fabulan una historia que busca diferenciar para alcanzar utopías políticas. Esclarecedor por cuanto el autor invita al lector a descubrir que a lo largo de la historia de España la diversidad nunca dejó de existir y nunca hubo las condiciones necesarias en la época moderna hasta la Constitución de 1978 para que la idea de nación se impusierra a los localismos aceptando la diversidad social española que no es nada nuevo aunque el discurso fuera hasta épocas recientes una España con un destino universal, defensora de la Iglesia católica y una sociedad homogénea cuando la realidad es que España siempre ha sido multicultural y diversa en su tejido social, historia y presente...

Eduardo Manzano Moreno es Profesor de Investigación en el Instituto de Historia del CSIC. Ha sido British Academy Global Professor en la Universidad de St. Andrews, Tinker Professor en la Universidad de Chicago y profesor visitante en la Universidad de Oxford, así como director del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC. Su trabajo se ha centrado en la historia de al-Andalus y en las implicaciones sociales de la historia, temas sobre los que ha publicado artículos y contribuciones en revistas y volúmenes colectivos nacionales e internacionales, y es un acreditado conferenciante en multitud de foros tanto dentro como fuera de España. Convencido de que la investigación histórica debe llegar al gran público, entre sus actividades de difusión destacan su colaboración en revistas, periódicos, medios digitales, podcast y programas de televisión y radio en España y el Reino Unido.
Datos sacados de la contraportada y actualizados al año de edición y en Internet podéis encontrar más información sobre el autor. Y sin más preámbulos, unas breves reseñas que os inciten a su apasionante lectura:

España...
"Podría argüirse, sin embargo, que la historia de España es la de un territorio reconocido desde tiempos antiguos, en el que se han producido determinados procesos históricos hasta nuestros días. Hay algo de cierto en ese argumento con la condición de no convertirlo en una explicación que considere los acontecimientos del pasado como jalones de un destino fijado de antemano. Los historiadores siempre rechazamos las explicaciones teleológicas, que intentan demostrar que los hechos ocurrieron porque estaban obligados a producir cuanto vino a continuación. O, para decirlo de una forma más cruda, una buena manera de identificar a un historiador mediocre es comprobar que interpreta los acontecimientos del pasado como si sus protagonistas hubieran sabido lo que habría de ocurrir después. Si aceptamos que `España´, tal y como hoy la conocemos, no ha existido siempre, y que el pasado no ocurrió con la obligación de producir el presente, todos podemos hacer un más que necesario ejercicio de relajación. No es preciso ponerse a escudriñar hasta la última línea de los textos históricos para buscar en ellos cualquier referencia que demuestre la existencia de España desde tiempos remotos; ni tampoco hace falta entablar discusiones interminables sobre si los catalanes se consideraban españoles en el siglo XVII, o sí, por el contrario, hay evidencias históricas que demuestran que en esa época se dieron os primeros pasos del `procés´ hacia la independencia. Aparte que los textos pueden decir una cosa y la otra, ni las circunstancias sociales y políticas ni las expectativas de quienes compusieron esos textos coinciden en lo más mínimo con las nuestras. España, en realidad, puede ser, entre otras, dos cosas bien distintas: por una parte, un relato histórico que, obviamente, se ha incrementado a lo largo del tiempo, y, por la otra, lo que sus gobernantes y sus gentes han pretendido que fuera en cada momento. Ambas cosas se han entrelazado entre sí cuando los proyectos políticos se han justificado mediante una determinada visión del pasado. Una forma, pues, de conocer qué es España es recorrer los significados históricos que le han otorgado los proyectos políticos que la han articulado.

Reconquista o no Reconquista...
"En la Edad Media no se hablaba de `Reconquista´. Tampoco los historiadores de época moderna, como Florián de Ocampo, Ambrosio de Morales o el padre Mariana, se referían con esa palabra a la expansión cristiana frente a los musulmanes: en las grandes historias que estos autores compusieron en los siglos XVI y XVII, las ciudades y las tierras se `habían ganado´ o se `habían conquistado´, pero nunca se `habían reconquistado´ frente a los musulmanes. El término sólo empezó a usarse a finales del siglo XVIII para designar la lucha de ochocientos años que había permitido a los cristianos recuperar los territorios musulmanes. Con este sentido, `Reconquista´ aparece ya en la `Historia general de España´ de Modesto Lafuente, y a partir de ese momento se consagra, especialmente en época de la Restauración. Hay que situarse, además, en el contexto de profunda decadencia política, social e intelectual del mundo musulmán a finales del siglo XIX y comienzos del XX para comprender las profundas resonancias que evocaba una `Reconquista´, que había evitado que los españoles se hubieran convertido en súbditos de la languideciente y fanática civilización islámica. Aunque algunos historiadores liberales realizaron tímidos intentos de hacer de la Reconquista un concepto que evocara la empresa común y solidaria que había acrisolado el carácter de la nación española, resultó inevitable que su espíritu y contenido acabaran siendo monopolizados por el pensamiento conservador más reaccionario. Tales ideólogos argumentaban, no sin cierta lógica, que, si la nación se había forjado en la defensa de la fe católica contra el islam, cualquier ataque contra la Iglesia lo era también contra la propia España. Este razonamiento ha tenido una larga vigencia incluso hasta nuestros días, como bien reflejan innumerables declaraciones que hacen mucho hincapié en la idea de que `España será cristiana o no será´. Naturalmente esta idea también encontró un campo abonado en época del Franquismo. Los ideólogos del del golpe de estado de julio de 1936 hablaban de la guerra como de una `Cruzada del mismo tipo que las Cruzadas de la Edad Media´, pues igual que entonces se luchaba `por la fe de Cristo´, tal y como dejó escrito el obispo de Santiago de Compostela, Tomás Muñiz, al mes de estallar la contienda. Los corifeos de Franco tampoco perdieron el la oportunidad de insertar a su caudillo en la galería de héroes nacionales, actualizando las circunstancias de aquella lucha multisecular, esta vez dirigida contra el comunismo."

Los fueros en el siglo XIX...
"La ideología `foralista´ hizo de los fueros santo y seña de la identidad vasca, argumentando que todos estos privilegios (o derechos) se habían mantenido inalterables desde la Edad Media. Lo cierto es, sin embargo, que sus instituciones y normas habían cambiado mucho a lo largo del tiempo. En concreto, y durante el siglo XVIII, los elementos oligárquicos de las instituciones vascas no habían hecho más que reforzarse. Para ser procurador en las Juntas había que cumplir una serie de requisitos, entre ellos el poseer un determinado nivel de riqueza o no estar manchado por ciertos defectos en cuanto a limpieza de sangre o al desempeño de ciertos oficios: hasta 1864, por ejemplo, la Junta de Vizcaya estuvo vedada a quienes hubieran ejercido oficios mecánicos, a quienes se dedicaran al comercio minorista o a quienes fueran abogados. Además, tanto el de procurador como otros cargos tendieron a hacerse vitalicios. Este carácter oligárquico, sin embargo, se mezclaba con un fuerte componente comunitario, basado en la idea de la hidalguía universal, en virtud de la cual buena parte de los vascos se consideraban hombres libres que no estaban sometidos a pagar tributos al rey. Por supuesto, ninguno de estos hidalgos tenía en sus venas una sola gota de sangre judía o árabe. La fuerte conciencia foralista de las clases dirigentes de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava reivindicó siempre la excepcionalidad de sus privilegios (o derechos) frente al carácter homogeneizador que pretendía imponer el estado liberal. A comienzos del siglo XIX, eran ya legión los políticos, escritores y clérigos que ensalzaban las bondades del sistema político de las provincias exentas, retratando una idílica sociedad de hombres libres, orgullosos observantes de sus leyes, que habían hecho de su país un remanso de paz y prosperidad tocado por la gracia divina. Aunque, obviamente, ésta era una imagen que no se correspondía con la realidad -las décadas finales del siglo XVIII, por ejemplo, habían sido particularmente conflictivas-, esta forma de imaginar la comunidad vasca demostró tener un fuerte arraigo y contribuyó a conformar una identidad socialmente transversal que impregnó los posicionamientos tanto de las élites como del común del pueblo vasco a lo largo del siglo XIX.

Apasionante lectura ideal para miopes por nacionalismos terruñeros de todo tipo y pelaje, conocer la historia que se queda en segundo plano y la constancia de que España se reinventa una y otra vez según cambian los tiempos y la sociedad del país, con un bagaje multicultural que sin embargo saben ser uno cuando los acontecimientos históricos exigen lo mejor de cada uno. Lectura por tanto recomendable ahora que la felonía y la mafia gobernante hacen sonar las cuadernas tensando la nación mediante la polarización de la sociedad. Ideal para lectura veraniega, abrir los ojos a otras realidades que forman parte de lo que somos y una riqueza de historias dentro de la historia que nunca se ha sabido valorar y, en muchas ocasiones, interesaba no mostrar. Puede chocar a quienes se educaron en la EGB pero el autor no cae en el partidismo y la subjetividad, todo lo contrario que seguro contrariará al nacionalismo español y a los nacionalismos periféricos, convertidos todos en profetas y guardianes de la ortodoxia..

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV
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