Suplemento
literato cutre de The Adversiter
Chronicle
Autor:
Eduardo Manzano Moreno
Editorial:
CRÍTICA
Edición:
Primera edición, abril de
2024
La propuesta de hoy es un fascinante viaje a la
diversidad de España como nación, una propuesta de mirar la
historia detrás de la historia oficial y lineal que a lo largo de
los siglos y los cambios políticos se trataba de llevar a la
práctica y que sin embargo, en realidad, es sólo algo teórico
porque los distintos territorios que forman España siempre han
mantenido sus singularidades en forma de cultura, literatura,
políticas y hasta sus sociedades sin olvidar las distintas
legislaciones. Sin guerras religiosas como sucedió en otras naciones
de Europa, los conflictos civiles en España nunca fueron tan
desgarradores como para dejar de ser España. También una mirada
crítica a los nacionalismos español y periféricos que tergiversan,
inventan y fabulan una historia que busca diferenciar para alcanzar
utopías políticas. Esclarecedor por cuanto el autor invita al
lector a descubrir que a lo largo de la historia de España la
diversidad nunca dejó de existir y nunca hubo las condiciones
necesarias en la época moderna hasta la Constitución de 1978 para
que la idea de nación se impusierra a los localismos aceptando la
diversidad social española que no es nada nuevo aunque el discurso
fuera hasta épocas recientes una España con un destino universal,
defensora de la Iglesia católica y una sociedad homogénea cuando la
realidad es que España siempre ha sido multicultural y diversa en su
tejido social, historia y presente...
Eduardo
Manzano Moreno es Profesor de Investigación en el Instituto de
Historia del CSIC. Ha sido British
Academy Global Professor
en la Universidad de St. Andrews, Tinker
Professor en la
Universidad de Chicago y profesor visitante en la Universidad de
Oxford, así como director del Centro de Ciencias Humanas y Sociales
del CSIC. Su trabajo se ha centrado en la historia de al-Andalus y en
las implicaciones sociales de la historia, temas sobre los que ha
publicado artículos y contribuciones en revistas y volúmenes
colectivos nacionales e internacionales, y es un acreditado
conferenciante en multitud de foros tanto dentro como fuera de
España. Convencido de que la investigación histórica debe llegar
al gran público, entre sus actividades de difusión destacan su
colaboración en revistas, periódicos, medios digitales, podcast
y programas de televisión y radio en España y el Reino Unido.
Datos sacados de la contraportada y actualizados al año
de edición y en Internet podéis encontrar más información sobre
el autor. Y sin más preámbulos, unas breves reseñas que os inciten
a su apasionante lectura:
España...
"Podría
argüirse, sin embargo, que la historia de España es la de un
territorio reconocido desde tiempos antiguos, en el que se han
producido determinados procesos históricos hasta nuestros días. Hay
algo de cierto en ese argumento con la condición de no convertirlo
en una explicación que considere los acontecimientos del pasado como
jalones de un destino fijado de antemano. Los historiadores siempre
rechazamos las explicaciones teleológicas, que intentan demostrar
que los hechos ocurrieron porque estaban obligados a producir cuanto
vino a continuación. O, para decirlo de una forma más cruda, una
buena manera de identificar a un historiador mediocre es comprobar
que interpreta los acontecimientos del pasado como si sus
protagonistas hubieran sabido lo que habría de ocurrir después. Si
aceptamos que `España´, tal y como hoy la conocemos, no ha existido
siempre, y que el pasado no ocurrió con la obligación de producir
el presente, todos podemos hacer un más que necesario ejercicio de
relajación. No es preciso ponerse a escudriñar hasta la última
línea de los textos históricos para buscar en ellos cualquier
referencia que demuestre la existencia de España desde tiempos
remotos; ni tampoco hace falta entablar discusiones interminables
sobre si los catalanes se consideraban españoles en el siglo XVII, o
sí, por el contrario, hay evidencias históricas que demuestran que
en esa época se dieron os primeros pasos del `procés´ hacia la
independencia. Aparte que los textos pueden decir una cosa y la otra,
ni las circunstancias sociales y políticas ni las expectativas de
quienes compusieron esos textos coinciden en lo más mínimo con las
nuestras. España, en realidad, puede ser, entre otras, dos cosas
bien distintas: por una parte, un relato histórico que, obviamente,
se ha incrementado a lo largo del tiempo, y, por la otra, lo que sus
gobernantes y sus gentes han pretendido que fuera en cada momento.
Ambas cosas se han entrelazado entre sí cuando los proyectos
políticos se han justificado mediante una determinada visión del
pasado. Una forma, pues, de conocer qué es España es recorrer los
significados históricos que le han otorgado los proyectos políticos
que la han articulado.
Reconquista o no Reconquista...
"En
la Edad Media no se hablaba de `Reconquista´. Tampoco los
historiadores de época moderna, como Florián de Ocampo, Ambrosio de
Morales o el padre Mariana, se referían con esa palabra a la
expansión cristiana frente a los musulmanes: en las grandes
historias que estos autores compusieron en los siglos XVI y XVII, las
ciudades y las tierras se `habían ganado´ o se `habían
conquistado´, pero nunca se `habían reconquistado´ frente a los
musulmanes. El término sólo empezó a usarse a finales del siglo
XVIII para designar la lucha de ochocientos años que había
permitido a los cristianos recuperar los territorios musulmanes. Con
este sentido, `Reconquista´ aparece ya en la `Historia general de
España´ de Modesto Lafuente, y a partir de ese momento se consagra,
especialmente en época de la Restauración. Hay que situarse,
además, en el contexto de profunda decadencia política, social e
intelectual del mundo musulmán a finales del siglo XIX y comienzos
del XX para comprender las profundas resonancias que evocaba una
`Reconquista´, que había evitado que los españoles se hubieran
convertido en súbditos de la languideciente y fanática civilización
islámica. Aunque algunos historiadores liberales realizaron tímidos
intentos de hacer de la Reconquista un concepto que evocara la
empresa común y solidaria que había acrisolado el carácter de la
nación española, resultó inevitable que su espíritu y contenido
acabaran siendo monopolizados por el pensamiento conservador más
reaccionario. Tales ideólogos argumentaban, no sin cierta lógica,
que, si la nación se había forjado en la defensa de la fe católica
contra el islam, cualquier ataque contra la Iglesia lo era también
contra la propia España. Este razonamiento ha tenido una larga
vigencia incluso hasta nuestros días, como bien reflejan
innumerables declaraciones que hacen mucho hincapié en la idea de
que `España será cristiana o no será´. Naturalmente esta idea
también encontró un campo abonado en época del Franquismo. Los
ideólogos del del golpe de estado de julio de 1936 hablaban de la
guerra como de una `Cruzada del mismo tipo que las Cruzadas de la
Edad Media´, pues igual que entonces se luchaba `por la fe de
Cristo´, tal y como dejó escrito el obispo de Santiago de
Compostela, Tomás Muñiz, al mes de estallar la contienda. Los
corifeos de Franco tampoco perdieron el la oportunidad de insertar a
su caudillo en la galería de héroes nacionales, actualizando las
circunstancias de aquella lucha multisecular, esta vez dirigida
contra el comunismo."
Los fueros en el siglo XIX...
"La
ideología `foralista´ hizo de los fueros santo y seña de la
identidad vasca, argumentando que todos estos privilegios (o
derechos) se habían mantenido inalterables desde la Edad Media. Lo
cierto es, sin embargo, que sus instituciones y normas habían
cambiado mucho a lo largo del tiempo. En concreto, y durante el siglo
XVIII, los elementos oligárquicos de las instituciones vascas no
habían hecho más que reforzarse. Para ser procurador en las Juntas
había que cumplir una serie de requisitos, entre ellos el poseer un
determinado nivel de riqueza o no estar manchado por ciertos defectos
en cuanto a limpieza de sangre o al desempeño de ciertos oficios:
hasta 1864, por ejemplo, la Junta de Vizcaya estuvo vedada a quienes
hubieran ejercido oficios mecánicos, a quienes se dedicaran al
comercio minorista o a quienes fueran abogados. Además, tanto el de
procurador como otros cargos tendieron a hacerse vitalicios. Este
carácter oligárquico, sin embargo, se mezclaba con un fuerte
componente comunitario, basado en la idea de la hidalguía universal,
en virtud de la cual buena parte de los vascos se consideraban
hombres libres que no estaban sometidos a pagar tributos al rey. Por
supuesto, ninguno de estos hidalgos tenía en sus venas una sola
gota de sangre judía o árabe. La fuerte conciencia foralista de las
clases dirigentes de Vizcaya, Guipúzcoa y Álava reivindicó siempre
la excepcionalidad de sus privilegios (o derechos) frente al carácter
homogeneizador que pretendía imponer el estado liberal. A comienzos
del siglo XIX, eran ya legión los políticos, escritores y clérigos
que ensalzaban las bondades del sistema político de las provincias
exentas, retratando una idílica sociedad de hombres libres,
orgullosos observantes de sus leyes, que habían hecho de su país un
remanso de paz y prosperidad tocado por la gracia divina. Aunque,
obviamente, ésta era una imagen que no se correspondía con la
realidad -las décadas finales del siglo XVIII, por ejemplo, habían
sido particularmente conflictivas-, esta forma de imaginar la
comunidad vasca demostró tener un fuerte arraigo y contribuyó a
conformar una identidad socialmente transversal que impregnó los
posicionamientos tanto de las élites como del común del pueblo
vasco a lo largo del siglo XIX.
Apasionante lectura ideal para miopes por nacionalismos
terruñeros de todo tipo y pelaje, conocer la historia que se queda
en segundo plano y la constancia de que España se reinventa una y
otra vez según cambian los tiempos y la sociedad del país, con un
bagaje multicultural que sin embargo saben ser uno cuando los
acontecimientos históricos exigen lo mejor de cada uno. Lectura por
tanto recomendable ahora que la felonía y la mafia gobernante hacen
sonar las cuadernas tensando la nación mediante la polarización de
la sociedad. Ideal para lectura veraniega, abrir los ojos a otras
realidades que forman parte de lo que somos y una riqueza de
historias dentro de la historia que nunca se ha sabido valorar y, en
muchas ocasiones, interesaba no mostrar. Puede chocar a quienes se
educaron en la EGB pero el autor no cae en el partidismo y la
subjetividad, todo lo contrario que seguro contrariará al
nacionalismo español y a los nacionalismos periféricos, convertidos
todos en profetas y guardianes de la ortodoxia..
The
Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake
City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV
http://theadversiterchronicle.org
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV
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