The Adversiter Chronicle

domingo, 30 de agosto de 2026

"Butaca de patíbulo", suplemento cinematográfico cutre

Suplemento cinematográfico cutre de The Adversiter Chronicle

DEPRISA DEPRISA (1981)

Hay en el cine del orbe hispano un género genuino español denominado por los expertos como `cine quinqui´, un género que nació como denuncia social de la España marginal, jóvenes sin futuro de barriadas periféricas en las grandes ciudades alejadas de la sociedad que caminaba rumbo a la democracia tras la noche de la dictadura. Conviviendo con las drogas, cometiendo pequeños robos y el sueño de cambiar de vida, atrapados en una espiral sin salida. Aparcamos trastos de faena nada más fichar para subir al despacho del gerente bien provistos de birras frías y pistachos para visionar la que posiblemente sea la más cinematográfica del género que arrancó de la mano del director José Antonio de la Loma en 1977 con la película Perros Callejeros. Otro director, Eloy de la Iglesia, rodaría otro título mítico del género como es El Pico de 1980, un género que captó el interés del público porque eran también reflejos de una sociedad que se enfrentaba al problema de la drogadicción y la consiguiente inseguridad ciudadana, el morbo de ver los ambientes marginales y el día a día de quienes se tildaban como delincuentes y que no eran más que jóvenes atrapados en la marginalidad con la escuela de la calle y la necesidad de dinero para pagarse su adicción. Cuando un director consagrado como Carlos Saura, que firma también el guion, rueda esta película en 1981 como coproducción hispano-francesa, sorprende a público y crítica porque contando lo mismo y siguiendo la estética quinqui en el montaje pero con un halo de película de siempre que le valió ser rentable en taquilla y admirada por la crítica logrando el Oso de Oro a la mejor película en el Festival Internacional de Cine de Berlín en 1981...

La trama es simple, un grupo de amigos del barrio que viven de realizar atracos a mano armada de poca monta, uno de ellos se enrolla con una chica que trabaja de camarera en el bar del barrio y la suma a la pandilla de delincuentes a la que se adapta de manera innata soñando en conseguir el dinero suficiente para comprar un piso. Por el camino, un rastro delictivo que pretenden culminar con el atraco a una sucursal bancaria que les permita vivir una nueva vida. Carlos Saura dota a la película del aire clásico de la pareja de delincuentes que sueñan empezar una nueva vida pero que se ven atrapados en un círculo de violencia del que no pueden salir. Es también una historia de amor clásica, de amistad de juventud y de cine quinqui, todo ello con el envoltorio de una película, algo alejada de la denuncia social, hay escenas costumbristas que no se dan en ningún otro título del género, el consumo de drogas no se exagera, forma parte de la rutina diaria y hay un mayor estudio de los personajes a nivel personal como la atracción pirómana de uno de los protagonistas, todos ellos ajenos al mundo de la actuación pero bien dirigidos por Carlos Saura.

Pero dejémonos de rollos y vayamos al motivo de que esta película sea única en su género y la verdadera razón de que vuelves a visionarla cada cierto tiempo. La razón es la protagonista, Berta Socuéllamos que enamora a la cámara, al espectador, al apuntador y a todo el mundo mundial. Hermosa y sensual en esa frontera juvenil de la mujer. Cuando aparece en plano todo queda eclipsado y ajeno, sólo deseas seguir viendo su rostro, suspirando por otra escena donde aparezca. Sencillamente divina, pero divina. No nos cabe duda al equipo de cata cinematográfica de que el valor de la película reside en ella, vamos que en Berlín debieron quedar prendados porque te enamora, una atracción magnética que hace que la vista se fije en ella y se pase olímpicamente del resto de la película, ya agotado el género en la capacidad de sorprender con lo del rollo marginal y ver cómo se meten un chute o unas rayas, ella es la protagonista absoluta, de parar la imagen y deleitarse, sin formas ni maneras pecaminosas, en su belleza, en su encanto aunque se ponga bigote...

En resumen, que si eres nativo u indígena digital puedes acercarte al género con esta película sin la crudeza de otros títulos, si eres friki del género es una imprescindible y si te gusta el cine tienes una versión hispana de una historia de amor entre delincuentes y una de atracos. Y una vez que la veas, caerás enamorado de la chica protagonista como te enamora Sean Young de replicante. Película para paladear con el aire cutre del género pero una calidad cinematográfica resaltada sobre el aspecto documental y de denuncia social del resto de títulos...
Pero Berta Socuéllamos está divina, sencillamente divina.

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV
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