Suplemento
viajero cutre de The Adversiter Chronicle
Viaje en autobús de
línea
El
viajero llega con antelación a la destartalada estación de
autobuses con sus andenes rebosantes de autobuses y viajeros,
esperando unos y subiendo y bajando los otros...
Tras
comprobar que su autobús aún no ha llegado, el viajero cruza la
calle y entra en una cafetería de solera y algo sombría ahora con
poca gente desayunando, será por la competencia barrunta el viajero
para sus adentros. Se sienta en la barra y un camarero con apariencia
de espectro autista se concentra en secar algo. Atiende al viajero y
se afana en la máquina cafetera. De las escaleras aledañas a la
barra baja una mujer con atuendo de cocinera, maneras de cocinera y
voz autoritaria de cocinera con acento eslavo que le indica algo al
camarero que aparenta estar en su mundo de secar algo con una bayeta
tras servir el cafelito al viajero y cobrarle como si fuera veinte
céntimos de aurelio mejor que el habitual. De súbito la cocinera le
escupe al camarero que si no va a contestarle, escena digna de un
programa de telerrealidad en las miserias de las cocinas en
establecimientos hosteleros. El viajero apura el café, deberían
pagar por tomarlo y no viceversa barrunta para sus adentros mientras
escucha azorado la conversación entre la cocinera y el camarero que
recuperan un diálogo fructífero...
El
viajero sabe qué anden le corresponde de otros viajes en autobús de
línea aunque haga ya muchas lunas que no realiza el trayecto de
hoy. Hay tres autobuses en el andén y va el viajero mirando los
carteles y paneles resultado ser el tercero el suyo. No es muy tarde
aún y demasiado pronto para algunos, cerca de las ocho en punto de
la mañana y observa estupefacto una cola de viajeros que serpentea
desde la puerta del autobús hasta la carretera, por un momento tiene
pánico de quedarse sin plaza y perder la cita, luego se tranquiliza
porque sacó el billete por Internet y habrá un orden de
preferencia, pensamiento que no consuela al viajero demasiado que,
resignado, se pone al final de la cola, que lentamente avanza con el
conductor ya dentro. El viajero llega a la puerta y sube los dos
escalones mostrando su billete al conductor que lo pasa por un lector
de código de barras y se lo devuelve al viajero que avanza buscando
un asiento vacío y tiene que ir hasta la parte trasera donde hay dos
asientos libres. Es variopinto el pasaje, globalizado barrunta el
viajero para sus adentros que se percata de que la piel oscura
predomina en esa parte del autobús, como esas imágenes de
segregacionismo de los EEUU, pero sólo es gente joven con sus
auriculares que escogen la parte trasera del autobús...
El
viajero mira por la ventanilla mientras el autobús sale de la
decrépita y destartalada estación de autobuses, hay tráfico y una
parada urbana antes de salir de la ciudad, sube más pasaje y un
chico de color con auriculares indica al viajero si puede apartar su
chaqueta para sentarse, sacándolo de su embobamiento con el paisaje
urbano y recuerdos de otras calles que eran las mismas calles y el
viajero distinto. El chico se sienta y el viajero mira con recelo que
el asiento de delante comienza a reclinar aunque se para antes de ser
una molestia para las piernas del viajero. El autobús avanza y
paulatinamente el paisaje urbano deja paso a zonas residenciales con
zonas verdes, urbanizaciones y finalmente la rotonda con la salida a
la autovía. El autobús coge velocidad de crucero y el reloj del
viajero indica que se ha consumido la mitad de la media hora de
trayecto sólo en salir de la ciudad que ya sólo es un recuerdo y el
paisaje de la autovía se desliza por la ventanilla ante la mirada
abstraída del viajero. En pocos minutos el autobús deja la autovía
para entrar en la localidad, el paisaje se vuelve rural y el viajero
observa los cambios a la entrada de la misma, hay nuevos edificios
residenciales y la mayoría del paisaje es reconocible para el
viajero que no puede evitar recuerdos de personas de antaño por esas
mismas calles...
El
viajero baja del autobús donde se baja un tropel de viajeros y sube
otro tanto ya que el autobús sigue ruta parando en otras
localidades. La mañana está plomiza y con llovizna y mira el
viajero la estación comprobando que hay cafetería, falta casi una
hora para la cita que el viajero piensa gastar recorriendo la
localidad tras un cafelito que no sea agua de fregar, resulta
evidente que la cafetería enfrente de la estación ha perdido
clientela por la competencia y el espectáculo de la cocinera
fustigando al personal; también comprueba que hay baño decente a
primera vista y se encamina con decisión al...
Pero
ése, ya es otro viaje.
The
Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake
City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr.
IV
http://theadversiterchronicle.org




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