Unas memorias de
Antón Rendueles en
exclusiva para The Adversiter Chronicle
Desayuno dominical
Las
mañanas de algunos domingos era el primero en despertar y me tocaba
bajar a la pastelería del barrio, también me tocaba posteriormente
preparar el café con leche y era una tarea que me irritaba un poco,
esa irritación infantil de tener que realizar una tarea. La
pastelería estaba al doblar la esquina calle abajo, tenía una leve
inclinación, tras pasar el quiosco donde me detenía en el
escaparate a ver de nuevo las portadas de los tebeos, las veía todos
los días cuando pasaba de regreso del colegio, una especie de
liturgia donde resultaba reconfortante ver a los personajes de las
historietas en las portadas. El local de la pastelería era pequeño
en la parte de atención al público con un mostrador y una puerta
lateral que daba al obrador de donde emanaban fragancias pasteleras,
podía distinguir con el olfato la crema pastelera, el merengue y el
tenue olor a chocolate de los que me separaba una cortina. Pedía
unos bollos suizos y mujís que me entregaban en un paquete que
contenía la bandeja de cartón con los pasteles y volvía a casa
donde ponía a calentar la leche en un cazo y servía el azúcar y una
cucharada de descafeinado, colocaba todo en una bandeja y lo llevaba
a la habitación para mi madre. Mi padre trabajaba a turnos y sólo
una vez al mes descansaba un domingo y el resto dependiendo del
turno. Cuando le tocaba turno de noche, procuraba no hacer ruido ya
que se acostaba en mi habitación cuya ventana daba al patio y estaba
libre de los ruidos de la calle pero estaba contigua a la cocina, a
veces me asomaba a la puerta y le miraba dormir unos instantes. Por
mi parte, me servía el café en la cocina y me comía un mují,
delicioso con azúcar glaseado por encima del hojaldre rodeando dos
islas de crema pastelera que mojaba en el café y con un tebeo delante releyendo alguna historieta. Cuando era verdadero domingo para
mi padre, desayunaba conmigo en la cocina y se ponía en algún
trajín, con la radio de fondo y distinto al silencio de los domingos
al desayuno cuando estaba de turno, era extraño verle ir a trabajar
un domingo por la tarde y era alegría cuando regresaba para comer
del turno de mañana. No fue siempre la liturgia de la pastelería ni
de continuo, pero era de esas rutinas que formaban parte de mi
universo infantil, refunfuñando por pringar preparando el desayuno
y, ahora recordando, también feliz.
Antón
Rendueles
The
Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake
City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr.
IV
http://theadversiterchronicle.org




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