The Adversiter Chronicle

jueves, 1 de agosto de 2019

ENTREVISTA AL CAJERO AUTOMÁTICO


Estamos en plena época veraniega y aunque el protagonismo se lo llevan las chanclas, flotadores, tumbonas y hamacas sin olvidar la paella, los helados y el marisco; pero el protagonista indiscutible del veraneo es el cajero automático. Cuando apareció en nuestras vidas, poca muchedumbre creía que un cajero en la calle y el dinero de plástico en forma de tarjeta tuvieran futuro. Pues no sólo lo han tenido sino que forma parte imprescindible de nuestra vida cotidiana, ese maravilloso ingenio electrónico que nos surte de dineros, sin que necesariamente nos quede un céntimo en la cuenta...

-¿Qué se siente al ser cajero automático? ¿La élite de la tecnología bancaria, ein?

-Lo primero quiero agradecer a The Adversiter Chronicle que me permita manifestar mi opinión que es en realidad el sentir de un colectivo que se siente cada vez más ninguneado por la patronal. Dicho esto, he de aclarar mi circunstancia que no es otra que la de ser transgénero y llevo luchando desde que me montaron, con perdón, y me activaron porque se me reconozca que soy una máquina expendedora de tabaco. Dada mi naturaleza expendedora automática, ver como no dejan de tocarme los botones es una humillación, me siento acosada en mi intimidad.

-Me acaba de dejar anodadado...

-¡Es que los y las usuarios no tienen ningún tipo de cuidado! ¡Alguna aporrea las teclas como si estuviera aporreando las teclas de un piano! ¡Alguno ha llegado incluso a masturbarse sin ningún tipo de decoro mínimo exigible a las maniobras manuales de excitación genital! ¡Por no hablar de quienes se meten dentro de mi espacio vital a dormir con claras deficiencias de higiene personal que acaban intoxicando el ambiente del mismo! ¡El banco ni siquiera me ha escuchado en mis argumentos y sencillamente me han dado de baja y apartado en un almacén para ser reciclado!

-¡Relaje, redios, relaje! ¿Puede citar algo de la vida de un cajero automático que no sean lamentos, tristes historias o reclamaciones de su género expendedor no reconocido, puede?

-Pues mire usted, no hay nada más indigesto que el plástico y nosotros los cajeros automáticos debemos tragarnos y regurgitar docenas al cabo del día. No se imagina los ardores y molestias cuando alguien deja la tarjeta en la ranura o se queda retenida por orden del banco, sin miramiento ninguno de la patronal a la salud de sus cajeros automáticos. Ya comenté lo de los botones, siempre manoseados cuando no aporreados como dije antes. Es una vida profesional dura y encima ahora nos ponen escáner para leer y pagar los recibos lo cual aumenta la ingesta más los nocivos efectos de la exposición a un láser. Y es más duro cuando en lugar de cajero eres una máquina expendedora de tabaco.

-Bueno, al final las máquinas también se sienten humanas... Ya que está, voy a sacar veinte aurelios... ¿Pero qué cojones? ¡Hace la operación pero no suelta la pasta! ¡Máquina infernal, dame el dinero!

-¡Su tabaco, gracias!
 
The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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