The Adversiter Chronicle

jueves, 8 de agosto de 2019

"Manual del Buen Comer", por el profesor T. A. Rambaina


Con la colaboración del profesor T. A. Rambaina
en exclusiva para The Adversiter Chronicle

PIÑA DE LATA

El tema del laterío siempre despierta odios y pasiones. Invento para las tropas napoleónicas, forma parte de la cesta de la compra y de la dieta aunque se reniegue de ellas en francachelas familiares, convites de empresa o indigestas comilonas veraniegas. Desde pistachos hasta aceitunas pasando por lentejas y sin olvidar el atún o los mejillones, el laterío siempre es omnipresente. Hoy traemos además de un alimento sano, un alimento que desde la infancia nos atrae; puede ser su color apetecible o la forma de la piña sin olvidar el clásico de Barrio Sésamo: ¡Al rico helado de piña para el niño y la niña!

 
 
-¿Por qué nos atrae desde niños la piña, ein?

-La piña es un fruto exótico, no vemos piñas en los árboles del entorno occidental y por otra parte su forma hace que el cerebro, aunque sea inmaduro y sin acabar de formar, vea una cara familiar, un tipo con pelos que parece sonreír. Además cuando somos pequeños el arte de abrir una piña, que conlleva una herramienta culinaria tabú para la infancia de la casa como es el cuchillo. Pero es un fruto que despierta empatía por no mencionar que su gusto al paladar es delicioso. Además hubo un tiempo del consumismo donde la piña era un producto caro, lo cual aumentaba su leyenda, y no siempre disponible como ahora en los estantes. La piña ha pasado de ser un postre exótico a ser una oferta más en la compra como lo fue el kiwi, el aguacate o la papaya, que hasta hace relativamente poco era impensable que formaran parte de la dieta tanto por su precio como su escasa disponibilidad al consumidor.

-¿ Y por qué las latas despiertan tanta antipatía si son omnipresentes en la dieta y elaboración de platos, ein?

-Las conservas siempre han sido un alimento plebeyo. Primero de soldadesca imperial, luego de profesiones y exploraciones marineras, sustituto de chuletones en la clase obrera sin olvidar a quienes hacían servicio militar obligatorio. Ahora se ha normalizado su consumo y además la industria supo crear productos enlatados diferenciados de los mismos. La conserva en lata no es nada más que un alimento, como es la piña en este caso que nos ocupa hoy, que en virtud de cierta preparación y envasados herméticamente se conservan durante mucho tiempo. Las latas palian hambrunas donde se mueren de hambre, están presentes en las grandes catástrofes que acaban con las infraestructuras. Pondré un ejemplo: muchas mentes pensantes creen que no llegamos a la Luna pero si no hubiéramos ido, no tendríamos sopicaldos o sopa de sobre. Sin las latas, la sociedad no hubiera pasado al estado burgués y el acaparamiento de alimentos seguiría siendo arma de poder y dominio... ¡La lata es democrática!

-¡Redios que si lo pienso bien, resulta hasta patriótica profesor, democrática y patriótica! Bien, aquí tengo una lata de rica piña para el niño y la niña... ¡Qué pinta tiene en la foto, profesor! A ver de dónde es... ¡Por los clavos de Cristo, profesor, esta mierda enlatada es africana! ¡Quiero decir que si no voy a Nairobi a comer la jodida piña por razones de salubridad, no pienso meterme una mierda africana enlatada! ¡Podría ser carne de mono y contraer el puto ébola, profesor!

-¡Refalfies! ¡Refalfies de consumidor mal acostumbrado! Hoy en día el mercado está globalizado y las latas de piña africana cumplen todas las normativas occidentales de salubridad, como usted dice. Es cierto que la piña en lata, amén de sus bondades, tiene como todo preparado alimenticio que prepara un macho alfa unos cuantos potenciales riesgos: hemorragia de carácter severo que precisa asistencia sanitaria en el menor tiempo posible, amputación traumática de miembros de las extremidades y un estado de shock. Pero con la debidas precauciones, es un alimento muy sano aunque venga en lata. En Occidente, si fuera carne de mono, vendría etiquetado... ¡Sólo le falta decir que su color amarillo es una reivindicación de Puigdemont!

-Mmm... No lo había pensado... Me recuerda más a los Simpson, ahora que lo dice... Bueno, pues tomaré las precauciones propias ante cualquier alimento africano envasado y abriré la lata... Está dura de cojones la jodida anilla... ¡AAAAaagGGGGGsssgggg! ¡Me he cortado y sangro como un cerdo, profesor!

-Se lo dije.

-¡AAAAAaaahhHHssssxxxAAAAggg! ¡Tengo el meñique colgando de un hilillo sanguinolento, profesor!

-Se lo advertí.

-¡AAAAaaaahhh! ¡Creo...! ¡Creo que entro en visión de túnel, profesor! ¡Me voyyyy...!

-Mire que se lo avisé.
 
 
The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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