The Adversiter Chronicle

martes, 17 de noviembre de 2015

"Memorias de la transición", por Antón Rendueles


Unas memorias de Antón Rendueles en exclusiva para The Adversiter Chronicle

AUTONOMÍAS

Observo desde la atalaya de ser una máquina defectuosa, un lisiado cuya calidad de vida depende del ajeno: accesos, facilidades para la silla de ruedas, condescendencia que es más dolorosa que si te dicen estorbo...
Supongo que mi generación ve las autonomías como algo normal y cotidiano, esa es su virtud, el que un manchego, un vasco, un riojano y un catalán amen su terruño, su cultura regional. Cataluña siempre era algo propio y común pero que se percibía como algo especial. Los vascos eran serios y trabajadores mientras que los catalanes eran juiciosos y sofisticados...
Mi primer recuerdo de amor al terruño data de los años inmediatos a la muerte de Franco, no comprendía ver en las noticias a gente correr delante de la policía, pero sin comprender, sí entendía que se amara la patria chica de cada uno. Mi mente que ya dejaba la infancia y entraba en la adolescencia, se sentía orgulloso de ser asturiano y era normal para mis entendederas que Cataluña saliera a la calle con sus banderas, que aquel señor mayor, casi anciano, que volvía a su tierra fuera recibido con algarabía...
Los mayores hicieron posible que no nos enteráramos de que era la Generalitat, la represión de los vencedores sobre los vencidos. Tal vez mi virtud era que me gustaba el cine porque me inculcaron afición al mismo, y me tragaba los debates de La Clave porque echaban buenas películas para mi bisoño entender de cine...
Recuerdo a Anasagasti, recuerdo a Durán y trato de recordar a tantos, tal vez porque solía quedarme dormido o jugando mientras duraba el debate antes de la emisión de la película acorde al tema, tal vez sufrí una influencia subliminal como el feto que percibe sonidos que son música que su madre le pone para estimularle, pero nunca vi algo extraño o ajeno a que existieran las CCAA.
En la Transición se pusieron en boga algo que ahora es normal y cotidiano: que los gerifaltes de lo que sea lleven pins con la bandera de su país o terruño. Pero de aquella fuimos pioneros en España en hacer ver nuestra identidad; era un pin de poner en la correa del reloj, que casi inevitablemente solía ser digital, toda una novedad tecnológica por cierto; representaban las banderas de las distintas comunidades y recuerdo mi orgullo infantil cuando mi padre me regaló una que lucí orgulloso el tiempo que tardé en fijarme en otra cosa...
Luego estaban las pegatinas en los coches y abalorios magnéticos, puede que los vascos tuvieran la ETB, los gallegos la TVG y los catalanes C3, las envidiadas televisiones autonómicas para quienes sólo teníamos las dos de TVE con una desconexión regional una vez al día, pero los adhesivos con alegorías y frases de asturianía lucían un montón en los coches...
Ahora todo aquello que formaba el mundo que me rodeaba y donde mi inocencia se resistía a ser engullida por inmersión en la cruda realidad, ahora, todo aquello cobra sentido. Tal vez estuvimos ciegos a lo que implicaba para el futuro que es nuestro presente dejar que las tesis nacionalistas fueran introducidas en el código de valores supremos de convivencia, de que el racismo ideológico vulnere la lógica de las urnas...
Las cosas y las personas cambian logrando a veces que la sociedad avance en bienestar y el mundo sea un poco mejor, aunque es curioso que el mundo se limite a nuestra confortabilidad. Pujol es un chorizo como la Pantoja, pero además siempre trató de inducir al resto de españoles a la culpabilidad de oprimir Cataluña, suena tan vacío ahora que da pena, asco y dolor.
Escucho a personas humanas de mi entorno, el limitado entorno en que me refugio del lastre muerto que son mis piernas, hablar muy agresivamente y preguntarse para qué sirvieron las comunidades autónomas. Siempre me callo para no replicar que eran necesarias, que vertebra el marco etnográfico de zonas geográficas y que alcanzado su techo es hora de avanzar a un estado federal, tal vez la primera monarquía federal de la historia.

Pero esas serán las memorias de otra generación y yo me conformo con disfrutar de los hechos históricos todo el tiempo que pueda, que la vida es una rueda...


The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

http://theadversiterchronicle.org/






 
                                                       


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