The Adversiter Chronicle

martes, 29 de septiembre de 2015

"Memorias de la Transición", por Antón Rendueles


Unas memorias de Antón Rendueles en exclusiva para The Adversiter Chronicle

AQUELLA NOCHE DE LOS TRANSISTORES

Opino que uno se siente parte de un todo cuando una parte sufre fractura con riesgo de amputación y duele, ese dolor de saber que se rompe el juguete o cuando se rompe el amor o se rompe la esperanza de volver a caminar con las piernas propias, supongo que desde mi perspectiva el no al secesionismo se ve con alegría...

Tal vez por eso adquirí hace unos días una radio, presentía que el tramo horario comprendido entre el cierre de los colegios electorales en Cataluña y el fin del recuento serían intensos y lo quise vivir escuchando la radio y alejarme de los gallineros televisivos...
Se notaba en las conversaciones de familiares y visitas, también en las calles, que había expectación, algo distinto a lo de siempre que por lo general no despierta el interés a los comunes de los mortales inconscientes de que un voto, su voto, puede cambiar el rumbo. Mi memoria histórica sólo percibió algo así hace ya un buen puñado de lustros: el 23-F de 1981.
Aquella tarde el autobús escolar me dejó como siempre en Los Campos y me gustaba ir caminando por la calle Uría hasta el escaparate del comercio de electrodomésticos, me gustaba ver aquel escaparate porque...

No recuerdo el porqué, pero si noto, fresca y embriagadora, la sensación de placer de contemplarlo, aún veo el reflejo de aquel niño que aquella tarde se sorprendió del número de personas clavadas delante del escaparate mirando una televisión, es la primera imagen que tengo del Congreso aquella jornada de noche casi eterna para los adultos...

Recuerdo... recuerdo que entonces el niño se acordó, o tal vez sea el adulto que es ahora y es su recuerdo que se sublima con aquel otro del escaparate, la noche de la muerte de Franco en que emitieron Objetivo Birmania y el impacto que me causó ver como cortaban el dedo de un japo para quedarse con su sortija... Aquella noche recuerdo a mi abuelo delante del televisor en blanco y negro y a mi abuela, mi dulce madre más que abuela en su amor, bregando en la cocina pero es un recuerdo de la infancia y poco nítido en comparación al 23-F...
Aquella noche mientras dormía, los adultos escuchaban la radio y cuando años después ya era radio oyente, de esos raros que para las grandes noticias prefiere la radio, siempre añoré no ser consciente del mundo que me rodeaba aquella noche y no participar en la liturgia de la radio en estado puro...
Así que me armé de valor y casi una semana antes del domingo de elecciones autonómicas catalanas bajé en mi aparatosidad de silla de ruedas a un comercio cercano y adquirí una radio, una réplica barata fabricada en China. Era consciente de que en esta era digital no sería una noche larga, casi ni sería de noche, cuando el escrutinio arrojara el veredicto. También adquirí una vela y la encendí en homenaje a mis difuntos, puse la radio y escuché hasta el dictamen final de las urnas.
Ya tengo mi noche de radio, dentro de cuarenta años se recordará la jornada como ahora se recuerda aquella tarde de golpe de estado la noche de los transistores. Cuando éste terminó, los adultos supieron crear el entorno democrático para que los que ahora somos adultos, y seguimos dándonos de zurriagazos entre nosotros como antes ellos, pudiéramos seguir haciéndolo...
No ha ganado nadie, siempre se pierde con la ilegalidad, pero todos hemos perdido algo de inocencia, de que el peligro es real, de que los adultos del ahora sepamos dar a los que son infancia un mundo y una sociedad donde los votos siempre se impongan a la fuerza de las armas, sean reales o metafóricas en argumentos y credos.
Así que tengo mi noche de radio que algún día contaré ya anciano a alguien infinitamente más joven que tal vez busque respuestas e incluso puede que le ayude a plantearse preguntas y le diré que aquella noche mi pregunta era si los políticos estarían a la altura de las reclamaciones de la ciudadanía... Supongo que lo sabré entonces pero en realidad, ahora que lo pienso, tal vez lo mejor sea que nunca lo sepa y nadie venga a preguntarme...
Quién sabe.

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

http://theadversiterchronicle.org/

 

                                                         

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