The Adversiter Chronicle

martes, 15 de julio de 2014

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre


Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro: Violencia Roja y Azul – España, 1936-1950
Autor: Fco. Espinosa Maestre, José Mª García Márquez, Pablo Gil Vico y José Luis Ledesma
Editorial: Crítica S. L.
Edición: septiembre de 2010

En todas las guerras hay un frente de batalla que suele quedar oculto y magnificado tanto en la derrota como en la victoria de los bandos contendientes: la retaguardia y la represión consiguiente que siempre existe en toda guerra...
A finales del verano de 1936, el pronunciamiento militar ha degenerado en una guerra civil donde sublevados y el orden legalmente constituido, la República española, se encuentran con el problema de aislar a los simpatizantes de sus antagonistas en el frente.

Meses antes los extremos de ambos bandos, revolucionarios de corte soviético unos y falangistas inspiradores de un nuevo orden al estilo nazi e italiano, se proveían de armas y recibían instrucción paramilitar. Pero mientras en el bando republicano las autoridades trataban casi infructuosamente en los primeros meses de conflicto de hacer respetar la Ley y las garantías legales, los militares sublevados siguiendo tácticas africanistas de guerra colonial dotaron a falangistas de una herramienta legal para la represión basada en el exterminio del rival. Por otra parte, fueron esas tácticas de guerra colonial basada en represión sangrienta y sin concesiones, lo que contribuyó a exaltar los ánimos de los republicanos que degeneró en ojo por ojo y diente por diente...
Ya en 1937 y a medida que avanzaba la guerra, pudo el gobierno republicano tratar de minimizar los asesinatos nocturnos a pie de tapia de cementerio pero las autoridades pudieron poner orden. En el ya bando franquista, se utilizó el código militar y los bandos de guerra para continuar con la paradójica pantomima de acusar de rebeldía a quienes ostentaban el poder legítimo. La justicia de Franco creó una burocracia que permite a los historiadores e investigadores tratar de rastrear a las víctimas. Mientras los caídos en la retaguardia republicana tuvieron homenajes a su memoria, los represaliados republicanos yacen en fosas y tumbas comunes muchas veces sin saber su localización...
Por alguna extraña razón los españoles no han sabido curarse de sus propios fantasmas y
las nuevas generaciones azuzados por sus mayores, pero también por la clase política, siguen alimentando el mito de la república unos y el mito de Franco los otros. Es por ello que traemos este libro donde haremos un viaje en el tiempo para escudriñar los entramados legales que se ejercieron e inventaron para dar lustre a lo que no puede limpiarse: el asesinato puro, duro y premeditado del contrario porque piensa diferente y es lícito matarlo a la sombra de la guerra, de la Guerra Civil española.

Francisco Espinosa Maestre es historiador y pertenece al grupo de investigadores que desde los años ochenta renovaron el estudio de la guerra civil y penetraron por primera vez en su capítulo más negro, la represión.
José Mª García Márquez es investigador y ha catalogado los fondos judiciales militares relativos a Huelva y parte de los de Sevilla del Archivo del Tribunal Militar Territorial Segundo.
Pablo Gil Vico es técnico archivero del Consejo General del Poder Judicial y doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid con una tesis sobre la jurisdicción militar. Actualmente (2010) investiga el orden público durante la Segunda República a través de fuentes procesales.
José Luis Ledesma enseña Historia Contemporánea en la Universidad de Zaragoza y ha sido investigador en el European University Institute y en la Universidad de Yale.
Datos sacados de la contraportada y sin más unas breves pinceladas que os inciten a la lectura...

Cifras...

Volvamos entonces a la pregunta inicial: ¿cabe hablar de `30.000´ o de `130.000´ desaparecidos? Con los conocimientos actuales, no tiene sentido cifrar los miles de personas desaparecidas. Sin duda es mucho lo que sabemos, sobre todo en relación con la situación de ignorancia anterior, pero es mucho más aún lo que queda por saber. La cifra que se da en el cuadro I representa el número de víctimas de la represión franquista que hemos logrado demostrar, pero tenemos constancia de que está incompleta y
sabemos además que contiene elementos heterogéneos (bando de guerra, consejo de guerra, inscritos/no inscritos). Habría que establecer una línea divisoria en febrero de 1937. la mayor parte de los casos que conocemos corresponde a los meses anteriores, especialmente de julio a octubre, y ahí se encuentra el grueso de los desaparecidos. El proceso que conduce al cambio en el modelo represivo se gesta en noviembre del 36 tras el fracaso ante Madrid que, como hemos dicho, marca el fin del golpe militar iniciado cuatro meses antes y el comienzo de la larga guerra civil. Significativamente, ése es también el momento en que los franquistas abren una puerta a la inscripción de la matanza realizada con el ya mencionado decreto 67 de 10 de noviembre de 1936 sobre desaparecidos, palabra esta que quedaba definida en el preámbulo:
`Consecuencia natural de toda guerra es la desaparición de personas, combatientes o no, víctimas de bombardeos, incendios u otras causas con la lucha relacionadas, acaeciendo que, no obstante la certeza del óbito, la identificación de los cadáveres, ya por ser desconocidas las personas en el lugar en que su muerte ocurriera o por aparecer deformes o descompuestos, resulta labor imposible´.”


Terror azul...

Las listas elaboradas por el delegado de Orden Público eran remitidas a los mandos de la División y a la brigadilla de ejecuciones de Falange, dirigida por el maestro de obras Pablo Fernández Gómez y cuya tarea consistió en asesinar a quienes se le indicaban hasta que en septiembre del 36 fue sustituida por piquetes de regulares. Sabemos también que estos listados se denominaban `listas X-2´ y que contaban con un `registro especial´ para su control. Gracias a este procedimiento se tuvo en todo momento un conocimiento exacto de todo el proceso represivo, desde las detenciones y los traslados hasta las ejecuciones finales. Como era previsible, la documentación relativa a la mecánica represiva no está disponible para la investigación. Sin embargo, los represores no pudieron evitar que ciertos documentos hayan aparecido en algunos procedimientos o en carpetillas de archivos sin inventariar. En realidad fue tanta la documentación generada por la matanza que, a pesar del empeño puesto en ello, fue imposible ocultarla o destruirla en su totalidad.”


Terror rojo...

Tres días después de la ejecución de Goded, el turno era para las cabezas visibles de la rebelión en Madrid. Misma historia. El día 15 de agosto, el general Fanjul y el coronel Fernández de la Quintana eran enjuiciados de modo sumario por un tribunal que tenía por juez al magistrado del Tribunal Supremo Mariano Gómez y que respetó ciertas garantías procesales. Sin embargo, escaso era su margen de maniobra. La prensa revolucionaria se encargaba de recordar esos días que la que se libraba era `una lucha de exterminio´, en la que `la piedad sería un aliento para los bandidos fascistas´ e invocaba que no era `la hora de los sentimientos cristianos´. La conclusión era obvia: `¡que el pelotón de ejecución ajusticie a todos los generales!´. Y, por si todo eso fuera poco, ocurría que, dos días atrás, las tropas de otro general sublevado, Yagüe, habían entrado a sangre y fuego en Badajoz. En semejantes circunstancias, la condena sólo podía ser una. El tribunal dictó la pena última, `el Gobierno no podía ser benévolo y denegó el indulto´ y los dos condenados eran ajusticiados al amanecer del día 17 de ese mes. Por supuesto, eran los primeros, más no serían los únicos.”


Delatores, que los hubo en ambos bandos...

Esta estructura institucional de la delación ha de concebirse como una compleja y a veces caótica maraña que por un afán de recogerlo todo condujo a una sobreabundancia informativa imposible de manejar. Se podía desde contar con testimonios contradictorios respecto de un mismo individuo hasta detectar que buena parte de los testigos acudían a todas las oficinas a declarar exactamente lo mismo. Sin el preceptivo llamamiento judicial y con relativa despreocupación, algunas personas se presentaban en el juzgado dentro de un proceso en marcha porque desde las oficinas de Falange se les había instado a que depusieran ante el juez el testimonio que ya obraba en el informe. Resultado: una prueba sumarial donde las informaciones se contrastaban por la misma fuente que las había proporcionado.”

 
Represión en la paz de Franco...

La posguerra sólo consiguió alcanzar a la guerra en 1945, porque hasta ese año la dedicación de los tribunales estuvo especialmente dirigida a finiquitar las supuestas responsabilidades del conflicto. Los mismos principios y bases jurídicas que sustentaron estos procesos constituyeron la argamasa que cimentó los métodos empleados para reprimir a los resistentes, a los tibios y a todos aquellos que, consciente o inconscientemente, cuestionaban con sus acciones aspectos fundamentales del nuevo régimen tanto en materia política como económica.

La rebelión se instaló en el ámbito judicial como forma delictiva principal y fue acompañada de medidas vinculadas a la seguridad del Estado o al mercado negro, de tal forma que todas ellas convivieron sin problemas en la caprichosa dinámica de los consejos de guerra. El amplio repertorio legislativo generado en la década de 1940 fue utilizado muchas veces de forma arbitraria, sin que en ocasiones pueda determinarse con precisión por qué se aplicaba una u otra norma penal o por qué se empleaban al tiempo dos leyes para unos mismos hechos. Y debajo de todo subyacía el concepto de rebelión como recurso que podía utilizarse para los del monte, las guerrillas urbanas, las negligencias ferroviarias, los vendedores de harina adulterada o los que poseían billetes falsos.”
 
Libro recomendable que nos habla de algo común a todas las guerras: la represión basada en el control y la aniquilación del enemigo. Porque las balas pueden ser disparadas por personas distintas pero el resultado siempre es el mismo, dolor de una muerte, dolor de los que quedan y el dolor que infligen los vencedores a los vencidos.

La Guerra Civil española no fue distinta en ese aspecto y resulta interesante hacer el ejercicio de imaginar una justicia similar a la franquista de haber ganado una República contagiada y parasitada por revolucionarios que aspiraban a una república soviética en España...
Recomendable para lectura de verano recorriendo parajes y escenarios, guardias nocturnas, estancias hospitalarias y para todos aquellos que quieran ver las entretelas jurídicas que formaron parte de la sociedad durante la guerra primero y la dictadura después. Recomendable para regalar a la suegra de la que salimos de vacaciones para que sepa que un día de estos haremos una guerra y las represalias con ella serán terribles como sus diatribas cada vez que nos compra tabaco...

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah

Director Editorial: Perry Morton Jr. IV
http://theadversiterchronicle.org/   

 
 

 
                                                               


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