Unas memorias de
Antón Rendueles en
exclusiva para The Adversiter Chronicle
23 de febrero de 1981
Había
sido una día más de colegio, podría mirar qué día de la semana
era consultando en la hemeroteca o Internet mas prefiero conservar el
recuerdo íntegro tal y como quedó grabado en la memoria. El autobús
escolar me dejó en la parada como siempre y en el trayecto a casa había una tienda de electrodomésticos
con un escaparate donde se mostraban reproductores de vídeo
doméstico, cámaras de vídeo y televisores, a veces me detenía
a ver el escaparate porque habitualmente permanecía encendido un televisor reproduciendo
algo en un vídeo, alguna serie de dibujos o algo que me llamara la
atención. Todo estaba como siempre, el tráfico, transeúntes, todo
salvo el escaparate donde se apiñaba un montón de gente y eran
adultos y no la chiquillería habitual. Me acerqué y vi la histórica
secuencia sólo que en directo. Allí estaba el guardia civil pistola
en mano, algo estaba pasando que no era normal. Supongo que luego fui
a casa aunque no recuerdo nada especialmente y cobra intensidad al
caer la tarde, recuerdo estar en la salita con mi madre y puede que
mi padre tuviera turno de tarde. En mi familia no había nadie metido
en política, sindicatos o militancia en un partido, mis abuelos y
padres pertenecían a las generaciones que vivieron su periplo vital
en un sistema dictatorial, eran ciudadanos anónimos que viven y
mueren en el anonimato. La cosa era seria y entonces viene el claro
recuerdo del Rey hablando en televisión y cuando acabó sentí que
la cosa se había solucionado, era un niño al fin y al cabo. Tampoco
recuerdo comentarios o algo tras la transmisión televisiva del
monarca, sí que me dormí con el runrún de la radio y la voz del
periodista deportivo José María García o entonces jóvenes
periodistas de televisión. Al día siguiente me levanté, desayuné
y fui a la parada del autobús escolar como todas las mañanas. La
novedad era una destartala tanqueta de color blanco apostada al pie
de la acera, no había nadie a la vista y tampoco se notaba actividad
en su interior. Las clases fueron normales y en el patio de recreo sí
comentamos la cosa entre los escolares. Luego comprendí que aquel 23 de febrero era comparable a un sanguinario atentado de la asesina
banda terrorista ETA y que la normalidad era la mejor manera de
combatir el terror. Estoy agradecido a Juan Carlos I Rey, pese a que
como ciudadano Borbón es un mal ejemplo, porque podría haberse
sumado y mantenerse en el poder y con poder, seguramente hasta el fin
de la Guerra Fría y el fin también de la monarquía en España;
pero al igual que hizo a la muerte del dictador antepuso España a su
poder político. Estoy agradecido a los adultos, mi familia y mis
profesoras, señoritas se decía entonces, que al día siguiente
hicieron que mi mundo no se derrumbara y sentaron las bases del que
disfruto ahora. Coincide además la muerte del mando operativo que
tomó el Congreso al asalto armado con el día en que se
desclasifican los documentos relativos al intento de golpe de Estado
del 23 de febrero de 1981. Pero al día siguiente, la vida
transcurrió como siempre y fue otro día de escuela más, aunque con
tema de conversación en el patio de recreo que seguramente quedó
olvidado jugando la pachanga de fútbol de todos los recreos cuando
no llovía...
Antón
Rendueles






























