The Adversiter Chronicle

jueves, 20 de octubre de 2016

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre


Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro: El orientalista
Autor: Tom Reiss
Editorial: Editorial Anagrama S. A.
Traducción: Marco Aurelio Galmarini
Edición: 2007

Una de las magias de la literatura, de un libro cualquiera, es que el lector lo escoge en principio por una motivación concreta y al finalizar su lectura descubres que te han permitido asomarte a una ventanita y ver un trozo de historia desconocida. La propuesta de hoy en principio es atractiva porque trata de un orientalista, persona que cultiva las lenguas, literatura, historia, etc, de los países de Oriente...

Por otra parte el periodo comprendido entre las dos guerras mundiales suele quedar eclipsado por el fragor de las contiendas y que entre una y otra surge el fascismo y el nazismo pasando, de puntillas por las consecuencias de la derrota de los grandes imperios y la Revolución Rusa y cómo afectó a la vidas particulares. El autor logra a la vez que nos muestra la figura de Kurban Said que era orientalista pero como personalidad ya que su mundo, hijo de un magnate petrolero de Bakú, fue destruido por la revolución y encontró en el orientalismo la capa protectora de ser distinto a los demás y tener éxito con sus libros, judío errante en realidad que tuvo su último acto en vivir sus últimos días tratando de ser asimilado por el fascismo que exterminaba judíos y dudaba de su islamismo.

Veremos desfilar ante nosotros el lujo de las fortunas petroleras, época cercenada con la llegada de los soviets, la huida en busca de refugio y cobijo a la espera de que la revolución fracasara, de que no fracasó y París se llenó de taxistas aristocráticos, Estambul de cafés rusos y el interés de los europeos por el Oriente que despertaba la imaginación de los lectores, tal vez huyendo del recuerdo de la guerra y en medio del ascenso del nazismo en Alemania con el fascismo ya implantado en Italia, dos sistemas en uno que aunque ahora sabemos lo que significaban en realidad, a los ojos de los contemporáneos de su nacimiento parecían regímenes atractivos y eficaces para contener los ardores revolucionarios inspirados en la victoria comunista en Rusia mientras las posesiones árabes de las potencias europeas clamaban por librarse del yugo colonialista y el sionismo reclamaba el derecho a existir de Israel mientras algunos veían en el islam y el judaísmo una hermandad utópica...
 
Tom Reis nació en Nueva York en 1964, es periodista y escribe regularmente para el New York Times, el Wall Street Journal y el New Yorker, entre otros. Fue en 1998, durante un viaje que hizo a Azerbaiyán, cuando descubrió a Kurban Said y su obra maestra, Alí y Nino. Así empezaron más de cinco años de investigación, durante los que viajó por una decena de países para averiguar el misterio que envuelve, desde 1942, a este autor de múltiples identidades...
Datos, como siempre, sacados de la contraportada y actualizados al año de edición, pero sin más verborrea unas breves pinceladas que os inciten a su lectura:

Bakú, 1905...
Lev Nussimbaum nació en octubre de 1905, momento en que la tolerante cultura haute capitaliste de Bakú empezaba a desmoronarse. El 17 de octubre el zar Nicolás II prometió una constitución a su pueblo, promesa falsa cuyo propósito era interferir un creciente llamamiento a la revolución, mientras la rebelión, el pillaje y el asesinato estaban a la orden del día en todo el país. En Bakú, los cosacos cabalgaban por las calles y atacaban a los ciudadanos, aparentemente para restaurar el orden, mientras los azerbaiyanos y los armenios convertían su ciudad cosmopolita en una zona de guerra medieval. Se sitiaban villas elegantes si sus ocupantes pertenecían a un grupo étnico o religioso que incitaba a una turbamulta específica.”

Pasión oriental desde jovencito...
Cuando Lev tuvo permiso para salir, `sus paseos favoritos lo llevaban al barrio asiático
de la ciudad´, recordaba Frau Schulte, `con sus mezquitas, sus minaretes, sus calles angostas y sus casas bajas´. Se pasaba horas caminando por la vieja ciudad musulmana amurallada, donde las callejuelas se retorcían rodeando patios con aljibes antiguos y gigantescas puertas con inscripciones árabes medievales. Todas estas calles lo conducían a la laberíntica plaza de los kanes, medio en ruinas, que se convertían en un oasis de paz en una ciudad cada vez más amenazadora. `Mi amor al palacio antiguo y ruinoso fue creciendo y transformándose poco a poco en amor a la gente que había nacido en el palacio´, escribió Lev.”

Descubriendo Persia huyendo de la revolución rusa...
Con la caravana, Lev había aprendido acerca de la vida religiosa de Persia. Ahora en la corte del Jafar Kan, aprendería acerca de su vida política. Desde las diez de la mañana, Lev asistía todos los días a los encuentros gubernamentales del kan, que prácticamente no consistían más que en aceptar sobornos procedentes de sus numerosos súbditos. Los sobornos recorrían un amplio espectro: desde monedas de oro y plata hasta gallinas vivas y sacos de harina. Se aceptaba todo y cualquier cosa. A veces la seriedad de los asuntos de gobierno fue interrumpida por cierta ligereza: en una ocasión se soltó una bandada de palomas en el patio y Lev vio cómo el kan las mataba una a una de un tiro. Pero incluso en eso había una finalidad seria de recaudación de impuestos; cada vez que el gordo potentado mataba un ave, un cortesano se acercaba a felicitarlo con un puñado de monedas para el fondo real”

Exiliados apátridas en Turquía...
Ahora que los exiliados lo habían perdido todo y habían abandonado la lucha contra los rojos, todo se reducía a una larga fiesta para sobrevivir. Tal vez las duquesas eran las que planteaban el problema más inmediato a las autoridades. Una importante asociación de esposas y viudas turcas no tardó en presentar una demanda al gobernador de Constantinopla en la que decía que los hombres de la ciudad estaban `agotados a fuerza de consumir venenos letales como la morfina, la cocaína, el éter y el alcohol, lo cual se debe exclusivamente a la funesta influencia de esas mujeres rusas´. Según esta solicitud, los restaurantes, bares y cafés chantants rusos eran lugares donde `todas las noches centenares de jóvenes turcos pierden salud, riqueza y honor en esa calamitosa vorágine´. No menos escandalosos eran los clubs de jazz, uno de ellos administrado por un empresario norteamericano negro que, a su manera, era también una suerte de ruso blanco exiliado. Se decía que había abierto su primer club de jazz en San Petersburgo, y cuando estalló la revolución siguió a su clientela de zaristas aficionados al jazz en su nuevo territorio en el Bósforo. Pronto consiguió que Constantinopla bailara el charlestón y el foxtrot.”

Pasar hambre en el exilio en la Alemania de la Constitución de Weimar...
Pero Lev era joven, y tenía los problemas de un joven. La dificultad que más se destaca en sus memorias era la relativa a lo que él llama `hambre de cine´. En parte se trataba de una cuestión de orgullo: si los otros estudiantes rusos iban al cine, Lev se sentía avergonzado de no ir. La peor situación era la que se producía cuando quedaba con amigos para ir al cine, pero en el último momento tenía que poner excusas porque de golpe el precio de la entrada había aumentado demasiado. O bien había quedado para ir porque no podía evitarlo, pero con la conciencia de que nunca lograría echar mano de los escasos recursos de su padre. Sin embargo, los otros estudiantes del bachillerato iban mucho al cine. En Berlín todo el mundo iba mucho al cine. Lo mismo que la pasión por los cabarets y los salones de baile, en el Berlín de los años veinte el `hambre de cine´era más intensa que la de una simple moda pasajera; era un verdadero anhelo espiritual.”

Fin de año en 1932...
`El frío mortal tiene a la ciudad en completo silencio, semejante al silencio del intenso calor del mediodía estival´, escribió Isherwood. `Fuera, en la noche, allende los bloques de pisos de hormigón recién construidos, donde las calles terminan en huertas congeladas, se extiende la llanura prusiana. Se la puede sentir por doquier, esta noche, avanzando sigilosamente sobre la ciudad, como un inmenso desierto de inhóspito océano´. Los capitanes de este océano susurran al oído de Hindenburg que el general Von Schleicher es un bolchevique, un degenerado, un agente de Moscú. Se estaba dando un golpe desde dentro de Alemania y había que llegar a un acuerdo con Hitler antes de que los rusos echaran abajo la Puerta de Brandenburgo.”

Escapando en la Italia de Mussolini...
Pero a Lev le iba bien esconderse a plena luz. Lo esencial de su secreto residía en el hecho de que no era verdaderamente un secreto. Era un rumor, parte de sus señas de identidad clandestinas y sus amigos y sus colegas lo apoyaban en la farsa. Se trataba de aguantar el tipo, de sonreír enigmáticamente ante los insultos. Era una suerte de desafío en el que se ocultaba algo enfermizo, aunque era precisamente la exposición al peligro lo que permitía a Lev seguir adelante. En este sentido, Wegner tenía razón -Lev trataba de convertir la `triste realidad´ en un cuento de hadas- y tal vez la identidad musulmana no era otra cosa que una forma de asimilación. O quizá fuera algo más profundo: la manera en que Lev decía al mundo -y se decía a sí mismo- que no podía ponerlo en la jaula de la más reciente barbarie moderna. No podía en la medida en que él se imaginaba que no podía.”

Recomendable libro para todo tipo de lectores en general con un estilo ágil y certero donde el autor nos permite compartir su búsqueda tras la identidad de Kurban Said, pero mostrándonos un mundo ya desaparecido y bastante desconocido: el fin de la I Guerra Mundial, la caída del Imperio Otomano, la diáspora de los rusos blancos, la época del nacimiento del nazismo y en suma la peregrinación vital de un autor que se escribió su propia identidad mientras terminaba sus días en el corazón del fascismo tratando de esquivar las leyes raciales y fiel al personaje de sí mismo envuelto en un halo de misterio y leyenda que perdura décadas después de su muerte.


The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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