The Adversiter Chronicle

lunes, 27 de octubre de 2014

"TELEMIERDA INC.", suplemento televisivo cutre


Con la colaboración de Mars El Grouchu en exclusiva para The Adversiter Chronicle


ALBERTO ISLA EN SÁLVAME DELUXE

Tocaba hacer artículo y seguimiento de Gran Hermano 15 pero por causas azarosas del mando a distancia fui a caer en el dial Tele5 donde estaban en ese momento presentando al protagonista de la noche: ese representante de la España gañí (de gañán) que es Alberto Isla.
 
En un fin de semana estresante entre cambios de hora, de frecuencias de TDT y el espanto mezclado de admiración y choteo con ese joven llamado Nicolás timando socialmente al personal y jefatura en un estilo más anglo sajón que español, resultaba estimulante ver cómo Kiko Hernández cumplía sus amenazas de despellejar vivo al Alberto Isla, ejercicio éste que resulta agradable al televidente, jugoso en el índice de audiencia y carnaza para disfrutar durante días de tal escarnio no sólo consentido por el protagonista de turno a escarnecer sino que además cobrando por ello...

La terna de inquisidores del plató resultaba a priori interesante: Matamoros, Patiño, Raquel Bollo dispuesta a montar uno de sus pollos a la Pantoja, Lidia Lozano, la nitroglicerinica de la Mila Ximénez y el inefable del Kiko Hernández que pasó de ser amiguito del Isla a justiciero del zurriagazo.

La historia es bastante simple con un joven que ha dado lo que en tiempos se llamaba dar un braguetazo y que consiste en preñar a una mozuela de posibles o de apellidos influyentes con el afán de vivir de semental y de la sopa boba. Así que preña a la hija de Isabel Pantoja con todo lujo de detalles en las redes sociales de su idilio a lo que se sumaba una rebeldía de Chabelita con su madre que se manifestaba en no seguir las directrices maternas y mostrarse liberada y enamorada de su chico....
Ha pasado el tiempo, Chabelita tiene su retoño pero ya no quiere al padre de la criatura. Un despechado Alberto Isla se dedica a fundir dinero como si fuera maná, enrollarse con una despechada de buenos pechos con el Paquirrín mientras intenta reconciliación en viaje montajista y encontrando un hombro amigo en Kiko Hernández.

A estas alturas ya se habrán dado cuenta que no deja de ser un culebrón por el que pasan tantas personas en la vida y que no tiene mayor interés, como yo mismo pensaba mientras asistía al espectáculo y dispuesto a cambiar de canal, pero entonces suelta el Alberto Isla que Chabelita ha cambiado de estilo y color del peinado pero la cara sigue siendo la misma...

Algo falla en esta sociedad consumista para que un joven veinteañero tenga tal machismo que para más jodienda se disfraza de modernidad y buen rollito de igualdad de sexos. Dijo que la respetaba por ser madre de su hijo, pero no es creíble tras escucharle que lo piense de verdad. Es cierto que la belleza de Chabelita es indígena y selvática, que siempre se rumoreaba que Alberto Isla se mofaba de su belleza, ese valor de la belleza que la más reciente juventud carga a sus esquemas inducida por el sistema consumista y que responde a patrones de vestimenta, pintas y trazas más que a belleza del alma, sentimientos honrados y ética responsable que imperaban en juventudes anteriores.
 
 Y éramos tan golfos como ellos, pero no había esa artificiosa forma de mostrarse como Alberto Isla que sin oficio ni beneficio se viste de caras marcas y no duda en hacer dinero a costa de intimidades de pareja y largar por la boca del clan Pantoja bajo esa nueva máxima que dice: para que lo cobre otro por largar, mejor largo yo y me lo cobro yo...
El resultado final fue una sucesión de estoicismo facial de Alberto Isla ante el chaparrón de pruebas en su contra del que sólo salía para batirse con rabia de gañán y machismo de chabola ante los empellones verbales de la siempre liosa en su argumentación de la Raquel Bollo que deparó los mejores momentos de la noche con una Isla en arrebatos de furia y la Bollo en plan de pedir justicia para su adorada Isabel Pantoja.
 

El resto de inquisidores asistían sorprendidos a la cara de haba de Alberto Isla mientras Jorge Javier administraba magistralmente los tiempos y un Kiko Hernández cuyo arsenal consistía en mensajes de chat que la había mandado el Isla cuando eran amiguetes pero una vez más no dijo casi nada y nada quiso decir argumentando compasión de inquisidor ante tan malvada presencia que no era otra cosa que un joven de poca alfabetización que sólo quiere lo que el sistema le induce a querer desde que sus neuronas pasan de la etapa infantil a la de adolescente: vestir ropa de marca, ser guapo estéticamente, de buen rollo con las titis para enrollarse sin enrollamiento y finalmente salir en la tele y que le paguen por ello.

Como espectáculo televisivo ha sido fantástico y seguirá el tema candente por cuanto hay amenaza de presencia de Alberto Isla en el polígrafo, un tipo que es la otra cara de la moneda que representa ese zascandil llamado Nicolás, jóvenes que quieren trepar, que no hacen daño más que a ellos mismos y a quienes preñan o cuelan también cegados por el oropel del poder, la fama y el dinero. Lo cierto es que produce pena y una sensación de caída de hombros y sentarse fatigados al ver que cosas por las que hubo que luchar, una vez conseguidas son fagotizadas por el sistema hasta pervertirlas. Y no quiero hablar de su falta de vocabulario, sus esperpénticos intentos de trabajar y causa del odio de Kiko Hernández que a final de cuentas era la triste historia de que dio la cara por Alberto para trabajar en un bingo y el Alberto les mandó a la mierda a las pocas horas de curro.
Y es que quien con infante pernocta, excrementado alborea.
 
The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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