The Adversiter Chronicle

viernes, 3 de octubre de 2014

El vecino de al lado", por La Araña


CRETENSE
Debe de creer mi padre que soy un animal de carga. Y no sé porqué empiezo por ahí. Si sopeso los pros y los contras, el hombre no sale tan malparado. Me arrancó de los brazos de la locura. Evitó que repitiera la prestación social sustitutoria por una trampa
burocrática. Reclamó a las empresas que me pagaron de menos por mi trabajo. Y así un largo etcétera.

Pero he cambiado y parece como si no se me reconociera ese esfuerzo. El psiquiatra no le queda a la zaga. Vale, que no es muy cuerdo llamar a la policía para contar que has matado a tu padre. No sé porqué lo hice. Procuro mantener mi conciencia limpia, al margen de credos, y obrar con rectitud. Aprendí que eso no le gusta a la gente. La seriedad y el virtuosismo no vende. Todos queremos divertirnos. Este es mi segundo libro. El primero lo registré y después lo ignoré. No me gusta que mi mano derecha sepa lo que hace la izquierda, por eso dudo si merece la pena escribir sobre el polvo que limpio todos los días de lunes a sábado en mi casa, de las conversaciones que no llevan a ninguna parte con mi padre y todo el dolor y sufrimiento que me produce ir a trabajar al pueblo cuando mi cuerpo ya ha dado más que de sí.
Tengo un problema serio. Lo que tiene de malo mi cuerpo lo tiene de bueno mi mente. O así fue alguna vez. Siempre me he considerado una persona inteligente y sensible. Será por eso que las mujeres no me hacen caso.



Soy el mediano de tres hermanos. Y todo lo demás me importa un bledo. Cuando asistía a la universidad no llevaba encima ni un triste bolígrafo. Yo estaba jugando mi particular partida de ajedrez. Eso, claro, causaba extrañeza entre profesores y alumnos, que sólo consiguieron confundir mi juego y hacer que terminara en el psiquiatra.


El primer psiquiatra que me asignaron era un pasota que me dio el alta en la segunda consulta. Luego mi padre, después de un intento de suicidio me mandó a un psiquiatra privado con muchos clientes y poco tiempo. (En el momento de escribir esto le estoy robando tiempo de ordenador a mi hermano, que trabaja.) No cuajó la relación porque pensé que la medicación que me estaba proporcionando era un veneno y me negué a tomarla, por lo que sufrí una crisis aún mayor y me mandaron tres semanas a un manicomio donde me empastillaron hasta volverme zombi. Me derivaron a otro médico con el que terminé viendo todo negro y hoy en día voy por el cuarto. ¿Nunca se han sentido como un paracaidista recién aterrizado y que no puede avanzar porque no sabe quitarse los arneses y el viento le impele hacia atrás? Bueno, puede que no lo hayan visto así pero de forma parecida. ¿Y no se han visto provocados porque alguien quiere demostrar que es superior a usted? También.


Toda esta maraña de sucesos han hecho de mí un ser incapaz de alcanzar la felicidad. Un tipo embrutecido que siempre va invitando a que le pegues una ostia como regalo de bienvenida. Dicen que peor que no ser amado es no amar. El amor, el sexo, la vida, el universo y todo lo demás a mi me importa tanto como si llueve. De vez en cuando te encuentras con gente en el camino con la que encajas más o menos, pero siempre terminan yéndose. Venir al mundo, si no estabas ¿para qué? Siempre deseé tener hijos, pero no los de otros. Dios mío, que débil me siento. De un momento a otro entrará mi padre y perturbará mi ánimo decaído para devolverme a la brutalidad de la vida contemporánea. Sé perfectamente que lo que escribo no tiene calidad. También sé que no debo sentir compasión de mí mismo. Hay gente que hace su trabajo y se va de vacaciones a la playa.

Yo me dirijo a mi calvario, y por contra de la historia, algún cabrón perpetúa mi suplicio. Hubo una vez que me creí destinado a grandes cosas. Me dijeron: "Empieza por pequeñas." Ni aquel tipo ha hecho grandes cosas ni yo pequeñas. Algunos de los escritores que he leído han escrito alguno de sus libros en diez días. Yo me he marcado diez horas y si no es cuento. Como se lo cuento.

¿Qué les parece esta metáfora?: Un tipo se cae en un pozo y todo el pueblo se junta para sacarle. La cuerda se rompe y el hombre muere. ¿No hubiera sido mejor que uno solo le tirara una cesta de frutas y que acabe con el estómago lleno?
Pues es la Biblia.
La araña que tienes que pisar 4.4

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV

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