The Adversiter Chronicle

jueves, 13 de marzo de 2014

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre


Suplemento literato cutre de
The Adversiter Chronicle

Libro: Las Guerras Apaches – Cochise, Jerónimo y los últimos indios libres
Autor: David Roberts
Editorial: Edhasa
Traducción: Ignacio Alonso Blanco
Edición: julio de 2005

Suele tacharse la Conquista española de sangrienta, mezquina y esclavizadora, pero suele obviarse los mismo de otras naciones como es el caso de los últimos habitantes salvajes y nativos de Norteamérica a los que la expansión de una joven nación empujó a la guerra primero, al pillaje después y por último ser tratados como prisioneros de guerra y encerrados dentro de reservas que la mayoría de las veces eran inhabitables por la falta de recursos agrícolas, de caza y los abusos de los encargados de velar por su bienestar en las mismas...

Una historia alejada de las imágenes icónicas que nos habla de un pueblo llevado al desarraigo y que siempre que dialogaron llegando a tratar acuerdos con militares y el Gran padre Blanco siempre fueron estafados unas veces por codicia y otras por la aplastante realidad de que cada muerto apache no tenía sustituto mientras que los soldados parecían inagotables gracias a los reemplazos de los caídos por tropas de refresco.

David Roberts, nacido en Denver (Colorado) y graduado en la Universidad de Harvard, es autor de siete libros y colabora en diversas publicaciones...
Solapa parca en datos pero supongo que buceando por Internet encontréis más datos, yo sin más preámbulo que os inciten a su lectura:

Un incidente que empezó una guerra...
"De pronto, el tono del mozalbete embutido en un uniforme azul oscuro se volvió acusador y le exhortó a que devolviese el ganado que había robado y también el niño de doce años que había secuestrado. Cochise le contestó que no sabía de qué le estaba hablando, pero se ofreció a averiguar quiénes fueron los autores de tales fechorías y a negociar tanto la devolución del niño como la del ganado. De nada sirvieron las propuestas del jefe indio, Bascom ya se veía coronado de laureles y le dijo que tanto él como sus familiares estaban arrestados hasta que no se recuperasen las propiedades robadas. La tienda del alférez estaba rodeada de soldados como parte del plan.
La reacción de Cochise fue instantánea. Sacó un cuchillo que llevaba oculto y, con el mismo movimiento, rasgó la lona de la tienda, lanzándose al exterior. Los asustados casacas azules hicieron fuego. Alrededor de cincuenta cartuchos atravesaron el gélido aire de febrero mientras Cochise desaparecía con presteza entre los matorrales que crecían en la colina situada inmediatamente detrás del campamento. Cuando el humo de la pólvora comenzó a disiparse, los soldados lo vieron huir herido en una pierna, pero ninguno de ellos lo persiguió. Cochise había huido tan rápido que cuando alcanzó la cumbre de la colina todavía tenía en la mano su taza de café.”

Victorio y leyenda negra de los soldados mexicanos...
"El gobernador de Chihuahua eligió a su primo, Joaquín Terrazas, para organizar un cuerpo mixto de soldados y voluntarios civiles mexicanos con el fin de dar caza a Victorio. También ofreció una recompensa por cada cabellera apache, y un premio de dos mil pesos (una fortuna en aquella época) por Victorio, vivo o muerto. A menudo ha existido tendencia a denigrar a los militares mexicanos , y no sólo los historiadores estadounidenses, sino también los propios apaches hicieron comentarios mordaces acerca de la supuesta cobardía e incompetencia de los soldados del sur de la frontera. Pero México tuvo grandes luchadores contra los indios, y Joaquín Terrazas fue uno de los mejores.
Después de haber pasado un mes registrando las ciudades de Chihuahua para reclutar
combatientes, Joaquín Terrazas contaba con trescientos cincuenta hombres bajo sus órdenes. Más tarde enviaría de vuelta a los noventa menos comprometidos con la causa, obteniendo así una disciplinada fuerza de doscientos sesenta hombres. Entre ellos se encontraba un número de indios tarahumara, excelentes atletas y enemigos de los apaches que vivían al norte de su territorio. A diferencia de las tropas estadounidenses, a las que Victorio les había hecho sudar la gota gorda, valga la expresión coloquial, las tropas mexicanas estaban frescas, bien alimentadas y mejor armadas.”

Crook, el azote de los apaches y su acérrimo defensor...
"Al igual que la mayoría de los pensadores estadounidenses de la época, Crook creía que los apaches, y todos los demás indios, debían asimilar el modelo social blanco. Y era muy optimista respecto a que lo lograsen. En `The apache problem´ expresa claramente su satisfacción por los avanzados progresos de los primeros moradores de la reserva al convertirse en granjeros, capitalistas (ganaban un centavo por cada libra, 450g, de heno que cosechasen), incluso estudiosos. `Está cambiando tanto por dentro como por fuera´, escribió refiriéndose al pueblo chiricaua. En una fecha tan lejana como 1885, George Crook lucharía para que se extendiese el derecho a voto al pueblo apache.
Como culmen de la inmersión en el sistema, y del mismo modo que hicieron Howard y Clum antes que él, Crook reunió un grupo de apaches para enviarlos al Este de la nación e impresionarlos con el poder de la civilización blanca. El general tuvo dificultades para encontrar voluntarios, pues la mayor parte de los chiricaua creían que Taza había muerto envenenado en Washington en el año 1876. Finalmente, unos diez apaches viajaron a la ciudad de Nueva York y a Washington en compañía de un oficial.”

Némesis...
"La malaria, la tuberculosis y la malnutrición se cobraron un alto peaje entre los chiricahua. Al final de 1889 el general Howard, que, como Crook, se había convertido en un defensor de los apaches, envió a su hijo a evaluar las condiciones de vida actuales. Simplemente con las estadísticas se podía contar la historia. En poco más de tres años de vida en el Este de Estados Unidos, habían muerto ciento diecinueve chiricahua, casi la cuarta parte del número total de los trasladados en 1886 desde Arizona hasta Florida en vagones de tren sellados.
El joven Howard reconoció que solamente con la enfermedad no se explicaba tan alto
índice de defunción. Su informe habla con sencilla elocuencia de padres `consternados´ por la muerte de sus hijos y de `depresión´ y `sentimientos de desesperanza´ omnipresentes entre los apaches de Alabama. Howard insta a que se les conceda a los chiricahua una reserva de su propiedad con urgencia, y que se establezcan en ella el día 1 de marzo de 1890. `Otro año de retraso puede ser criminal´, concluye el joven oficial. Washington tardaría cuatro años en responder.”


Libro apasionante de una apasionante estirpe de nativos americanos que fueron los últimos en claudicar y que vieron desaparecer su mundo, sus lugares sagrados e incluso su dignidad, no muy diferente a lo ocurrido en otras partes del mundo en otras eras, pero que sirve para recordarnos que la pluralidad de la humanidad es lo que hace único al ser humano aunque muchas veces nos aniquilemos unos a otros en base a la superioridad racial, política, social y religiosa...
 
 
The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV

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