The Adversiter Chronicle

martes, 4 de febrero de 2014

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre


Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro: Desertores
(La Guerra Civil que nadie quiere contar)
Autor: Pedro Corral
Editorial: DEBATE
Edición: Febrero 2006

Traemos hoy un libro que nos cuenta las historias de los grandes olvidados en las guerras por todos los bandos: los desertores.

Porque como bien apunta el autor se hacía necesario un recordatorio de los españoles que trataron de esquivar ser parte de la guerra, republicanos y nacionales aplicaron idénticas medidas tanto para atraer como para castigar a sus propios desertores... Motivaciones distintas pero lugares comunes a unos y otros, la familia en la otra zona, represalias por pasarse y en la mayoría de los casos simplemente dejar el frente por puro y duro cansancio pasada la primera euforia.
Es más abundante la documentación republicana si bien la más exacta es la facciosa de los generales rebeldes y el libro acompaña un sugestivo anexo con documentos referidos a los desertores...
Se agradece que empiecen a salir obras que aborden la Guerra Civil como mandan los cánones y siguiendo la tradición anglosajona de analizar los hechos desde un punto de vista militar que arranque las imágenes conocidas de la contienda que en el 95% de los casos se trata de material propagandístico...
Pero nunca se hablaba de los desertores salvo para informar de su ajusticiamiento.

Pedro Corral nació en San Sebastián en 1963. Licenciado en periodismo por la
Universidad Complutense de Madrid, ha sido jefe de sección del suplemento ABC Cultural y corresponsal en Roma.
Asesor en temas culturales de la Presidencia del Gobierno (2000-2004), ha colaborado en revistas y periódicos como Cambio 16, El Urogallo, El Europeo, la razón y El Mundo. Su primer libro, Si me quieres escribir (2004), le ha situado como uno de los más destacados investigadores de la Guerra Civil española...
Datos de 2006 y sacados de la contraportada como suele ser habitual, pero pasemos sin más a conocer por unos instantes a los compatriotas que decidieron desertar del infierno fratricida de la Guerra Civil.

Homenaje a los olvidados...
La deserción ha permanecido oculta también tras un muro de silencio personal, quizá el último que quedaba por derribar entre los supervivientes de la contienda. Un muro de miedo la mayoría de las veces, miedo antiguo y por eso mismo insalvable. En otras ocasiones, un muro de culpa y de vergüenza que forzó a muchos a reinventar su experiencia de guerra, incluso ante sus propias familias. En uno y otro caso, un obstáculo casi impenetrable para quien intenta buscar hoy testimonios directos. No fueron pocos los veteranos que aparecían como desertores en la documentación que consultaba y que prefirieron no relatarme su experiencia, lo que les agradecí igualmente porque me mostraban hasta qué punto me estaba adentrando en un territorio vedado.
De nuevo, la Guerra Civil que nadie quiere contar. A quienes lo han contado está dedicado este libro, con toda mi gratitud.”

Los peligros de la deserción...
Saltar de las trincheras propias para desertar significa exponerse como diana a las
descargas de fusilería y las ráfagas de ametralladora de toda la posición. La tierra sin dueño es un patíbulo sin apenas posibilidad de escapatoria, sobre todo cuando los que disparan se cuentan entre los mejores tiradores, como sucede con la Legión. Los desertores de estas fuerzas de élite franquistas casi siempre firman su sentencia de muerte: el 6 de diciembre de 1938, en el sector castellonense de Caudiel, se evaden cinco legionarios de la 1ª Bandera, de la 152ª División, y los centinelas casi hacen pleno, ya que matan a cuatro de ellos. El tiro al blanco contra los desertores se asume de una forma tan natural que incluso en algunas unidades, como en la 202ª Brigada Mixta republicana, los formularios para los partes de deserción llevan consignada ya la pregunta: `¿Fue muerto al intentar el hecho?´.”

Penurias del soldado republicano...
La vida en el Ejército Popular estuvo marcada también, durante la mayor parte de la guerra, por la escasez de equipo e indumentaria y la desorganización a la hora de distribuir los existentes. El general Vicente Rojo denunciaría después de la contienda la `monstruosidad orgánica´ que supuso sustraer a la jurisdicción del estado mayor del Ejército Popular los servicios de intendencia, lo que según él condujo al caos en el reparto de los suministros a las unidades. Y ponía como ejemplo lo sucedido con la caída de Barcelona, ciudad en la que quedaron abandonadas enormes cantidades de material y provisiones, que nunca fueron distribuidas. El lamento de Rojo hablaba de `un Ejército medio desnudo, mientras se perdían por imprevisión 200.000 equipos; unas tropas cargadas de privaciones, cuando se abandonaban 10.000 toneladas de víveres.”


Justicia de tiempos de guerra...
Los detenidos en las prisiones o batallones de castigo que decidían cambiar su destino
para marchar de nuevo al frente, abrigaban razones de peso para preferir los riesgos del combate al régimen carcelario o disciplinario. La principal era la dura e incierta condición de la vida como penado, con su corolario de hambre y malos tratos, que podía incluso hacer apetecibles los riesgos de primera línea. Otro motivo no menos importante era la posibilidad de volver a percibir íntegra la soldada de diez pesetas que recibían a diario los combatientes del Ejército Popular, y que en muchos casos era el único sustento para alimentar a sus familias...”

Represalias...
Hay también constancia de que se tomaban estas represalias en el Ejército del Centro, cuando en el informe sobre la deserción de un cabo de origen gallego, en mayo de 1938, se afirma haber dado orden al gobernador militar de La Coruña para que se proceda a la detención de los padres, residentes en Santiago de Compostela.
Es decir, existen pruebas documentales de que tales represalias se llevaban a cabo en tres de los cuatro grandes ejércitos en que se organizaron las fuerzas del bando franquista: el Ejército del Norte, el Ejército del Sur y el Ejército del centro. Quedaría por determinar únicamente si se aplicaron también en el Ejército de levante, que es de creación posterior, en noviembre de 1938. Todo ello nos lleva a concluir que los castigos a los familiares de los desertores fue un procedimiento generalizado en el conjunto del ejército franquista.”

Siro Rosi, desertor italiano del CTV...
En la cárcel valenciana, Rosi y Della Santa fueron visitados por tres dirigentes del
Partido Comunista Italiano, los cuales garantizaron la sinceridad de su adhesión a la causa republicana. Liberados de la cárcel, se les destinó primero a la escuela de oficiales de las Brigadas Internacionales, la Garibaldi. Según el testimonio del propio Rosi, su amigo Della Santa murió el 15 de septiembre de 1937, destrozado por la metralla en el sector zaragozano de Fuentes de Ebro. Rosi fue herido en marzo del año siguiente, durante la ofensiva franquista en Aragón. Reincorporado para la batalla del Ebro, resultó herido otra vez.
El 10 de diciembre de 1938, Rosi y Della Santa fueron condenados a muerte en rebeldía por el tribunal Militar del CTV en Vitoria. Los jueces italianos, desconociendo que Della Santa había fallecido en combate hacía más de un año, le condenaron a una pena que ya había cumplido.”

El silencio de la paz...
Mi marido -cuenta Elvira- salió desengañado y machacado de la guerra. No tenía ideas políticas de ningún tipo, que él vivía tranquilo en un pueblecito. ¡Qué iba a saber él de la guerra, si lo cogieron cuando era un crío! Eso sí, después de la guerra nunca dejó de tener pesadillas, que a veces le tenía yo que despertar de lo que sufría reviviendo lo de la guerra y la cárcel, y luego se quedaba ya sin dormir, alterado. Y menos mal que fue de los que ganaron, porque los que perdieron lo pasaron mucho peor. Mi marido tenía la medalla de sufrimiento por la patria, por haber sido prisionero, pero no era de los vencedores. Hubo muchos que sacaron beneficio de todo aquello, pero él no sacó nada en limpio de aquella guerra, porque sólo había visto horrores.”


Libro que habla de un trocito de nuestra historia en la histeria y que es un sano ejercicio de memoria histórica para los sepultureros como de los sepultados, porque al final había dos cosas que unían a los dos bandos combatientes: ser españoles o luchar por España y el deseo de vivir que terminaba acribillado al desertar en el mejor de los casos y en el regreso al frente o ir a un campo de concentración...

Pero es cierto, ningún antagonista en sus memorias tiene un minuto de silencio por los desertores.

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV

http://theadversiterchronicle.org/ 
        

 
        
                                                                  




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