The Adversiter Chronicle

miércoles, 23 de octubre de 2013

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre


Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro: División 250
Autor: Tomás Salvador Espeso
Editorial: Ediciones G. P.
Edición: 1975

Una vez más traemos al recuerdo y al reconocimiento a los soldados españoles de ambos bandos de la Guerra Civil cuya memoria como contingentes militares en la guerra mundial subsiguiente han sido relegados al olvido por una Europa destrozada por los fascismos, una URSS paranoico-stalinista y una dictadura en la que Franco no quería reavivar un falangismo que ya no era rentable y convenía que no venerasen de forma nacional socialista a sus caídos.
En la División Azul combatieron rojos y nacionales, unos para purgar, otros disimular y sobre todo tratar de redimir los pecados de militancia de sus padres, los menos, convencidos de la utopía que vieron la oportunidad de cuando llegara el momento pasar a las filas soviéticas y seguir combatiendo el fascismo; en los segundos una primera hornada de falangistas veteranos de guerra que sentían la motivación para ir a combatir continuando la cruzada, aventureros ya traumatizados para siempre y que encontraban la paz en la guerra, muchos    de voluntariedad obligatoria. Muchos de ambos lados jamás regresaron y sus cuerpos yacen sin lápida a lo largo del escenario del frente de Leningrado, otros regresaron a una España que trataba de ganarse la estima y los dineros de los aliados victoriosos que vieron preferible una dictadura nacional católica que una impredecible instauración de la democracia que diera otro satélite al bloque soviético. Olvidados los combatientes de ambos lados y hermanados al final de la guerra hasta el fin de sus días en el gulag...
Por otra parte la División Azul desempeño tareas que en los informes militares muchas vecen ni aparecen citadas o mencionadas en breves párrafos aunque muchos divsionarios fueron condecorados ya que en más de una ocasión su ayuda libró de la muerte a unidades alemanas atrapadas.

Es cierto que uno se acerca con cautela a títulos que tratan el tema de los españoles combatientes, de ambos bandos, en la II Guerra Mundial. Se ha hecho conocimiento popular las hazañas del espía catalán en Inglaterra de doble espía, del PNV y su comisionado en la República Dominicana a sueldo de la CIA cuando ésta aún alentaba como carta en la manga una hipotética intervención en la Península Ibérica, pero casi nada de los nacionales en la Wehrmacht y los rojos en el Ejército Rojo. Por otra parte tanto la izquierda como la derecha política española pecan de extremismo a la hora de estudiar la historia de estos compatriotas cayendo en el subjetivismo que mezcla añoranza de parafernalia con ardor guerrero en los neofranquistas y los neorepublicanos de los extremos de la diestra y la siniestra clase política española. Es España en ese sentido ingrata con sus hijos e hijas donde se pasa de la glorificación a la denigración de las memorias de siglos de trifulcas entre hermanos.

El mundo que conocieron y por el que luchaban estos olvidados soldados ya no existe, ni siquiera se siguen ya sus convicciones y es el momento por tanto de libres de pecado y de reproches sin respuestas acercarse a sus sepulturas anónimas y conocer qué hicieron, cómo lucharon, como vivieron y murieron aunque regresaran...

Es hora ya de conocer su historia que es la nuestra, de unos y de otros...
De todos ellos y de todos nosotros que disfrutamos una sociedad por la que lucharon todos y entre ellos.

Libro editado en 1954 a los diez años del regreso del último contingente divisionario cuando ya se veía que la derrota de Alemania iba a ser total y que la apuesta franquista del Eje tocaba a su fin y había que hacer gestos hacia los aliados para que la no beligerancia del régimen pasara a ser neutralidad efectiva como atenuante a la hora de la paz y establecer un nuevo equilibrio político en Europa, la Europa del día después de la victoria de la democracia sobre el fascismo de derechas, el fascismo de izquierdas aún perduraría hasta 1989...
Tomás Salvador Espeso (1921-1984) fue divisionario entre 1941 y 1943, escritor y periodista posteriormente sería Premio Nacional de Literatura en 1954 con Cuerda de Presos y Premio Planeta de Novela en 1960 con El atentado y autor de unos cuarenta libros más.
Es un libro de memorias de soldado que tanto se da en la literatura anglosajona pero no es un libro dogmático como podría sospecharse por el autor y la época de su publicación. El autor nos da pinceladas de escenas cotidianas, cotidianidad del soldado en el frente, en primera línea o en efímeras retaguardias. España no es un recuerdo de desfiles y gloriosa victoria, es añoranza de la tierra, del sol, de las mujeres, de la familia... La Falange sólo es un título que llevaron cantando y se ahogó en sangre de camaradas yacientes congelados y semi sepultados en la nieve... La religión sólo sirve de excusa ceremonial y alivio moribundo de rezos ya en agonía mortal... Los rojos comunistas ya no son ateos sino soldados combativos profesionales y mejor equipados que defienden una tierra donde los españoles comprendieron que eran invasores y culpables como sus kameraden alemanes que cometían tropelías inhumanas...

No hay en el libro glorificación del franquismo, el falangismo y demás mierdas, hay dicha de disfrutar de un descanso, de nervios y fatiga, de luchas a muerte donde los instintos asesinos afloran y luego llega el cansancio psíquico, de pensamientos a las puertas de la muerte y de la certeza tras ser superviviente de que no merece la pena la guerra porque el idealismo siempre es el primero en caer y sólo son carne de cañón de las maniobras políticas.

Pero mejor dejo unos breves apuntes de un libro que reitero es de memorias de un soldado y quien busque parafernalia y demás ultra derechista se sentirá decepcionado porque es el universo que vemos en otras obras referentes a la II Guerra Mundial con la diferencia de que escuchamos historias que nos atañen porque son nuestras...
Transportados a la guerra...
Estaba sudando. Era un sudor el suyo parecido al de las calderas. El calor iba por dentro y en las manos le vibraba la tiritera del desconcierto. Se terciaba gritar, y gritaba, que reír, y reía... El cantar no se tenía en cuenta. Llevaban el día entero cantando y la única manera de desatenderse de la canción era gritar. Y vuelta a empezar. Delirio, calor, contagio del camarada vecino y un discreto retirarse a un rincón para dominar en lo posible el temblor de la piel. Costaba Dios y ayuda asomarse a la puerta del vagón. Aferradas a cada palmo de aristas había dos o tres manos. Manos que se agarraban ansiosa, desesperadamente. Recordaban, seguramente, como en el instante de la partida el ansia de asomarse todos a la vez estuvo a punto de provocar una caída colectiva.
El convoy avanzaba fatigosamente. Llevaba lo menos treinta unidades con ochocientos tíos en sus vagones, sin contar el coche de segunda, allá en la cabecera, donde iban los oficiales. Eran vagones de ganado.”

Campamento...
Como no llevaban fusiles, el desfile tenía muy poco aire. El sargento Muñoz estaba un mucho avergonzado. Menos mal que el desfile se transformó en marcha de maniobras, sin interrupción, y el bracear deslucido se tornó en frotar de manos ante la inminente llegada.
El batallón marchaba por un camino bien cuidado entre el bosque, marcando el paso y cantando lo que buenamente se podía. Pronto, el apeadero se perdió en la distancia y los miembros ateridos entraron en calor. Debía de haber llovido la noche anterior pues los árboles rezumaban agua y la atmósfera aparecía transparente a punto de empalago.”

En la posición...
Siempre ocurre igual. En los parapetos, manejando el chopo y tirando bombas de mano, el soldado no tiene tiempo para pensar en el miedo. Los escalones inmediatos lo sufren por él. Escuchar el silbido de las balas, el susurro de los morterazos y el eco de las propias detonaciones sin una intervención directa, supone siempre una visión pesimista del jaleo...
Las dos primeras horas fueron bastante tranquilas. El cruce del río se hizo sin novedad porque una revuelta en la corriente protegía el avance. Primero pasaron los hombres y luego los de Asalto se encargaron de volver con municiones. Y la sección del teniente Escobedo había partido hacia un punto que desde donde se encontraba Elaspe no se divisaba. Recordaba a los soldados cargados como acémilas con las máquinas y las cajas de munición, persignándose antes de empezar el avance. Media hora después habían empezado los tiros. Emoción. Tensa espera. Y el parte:`Posición ocupada´. Y un aviso para los que fueran llegando: `Zona minada en los barrancos´. En el asunto de las minas, según decían, los rusos tenían mucha práctica.”

Lago Ilmen...
El día trece amaneció cerrado, inhóspito, cargado de ventisca y vientos helados procedentes del lago. Pedro ocupaba un antiguo refugio con doce camaradas más, cinco de su antigua compañía y los restos del pelotón de mortero y los enlaces. Llegó un
capitán del Cuartel General con órdenes precisas. Partió una patrulla de exploración en dirección a Ushin, sobre la costa del lago, que regresó sin encontrar enemigo. Otra fue mandada en dirección contraria, regresando muy tarde. Dijeron que la situación estaba muy confusa. Había alemanes y letones en algunas partes y el enemigo estaba situado en una zona muy boscosa que empezaba en un lugar llamado Woronowo. Desde allí, en dirección nordeste, hostigaba los pueblos de los alrededores; Lukino, Schichimorowka, Boljchaja y otros que ni el diablo entendía. En resumen: que los rusos estaban infiltrados en toda la zona sur y que el terreno más despejado era la orilla del Ilmen, donde los grandes estuarios, desnudos de vegetación, impedían la sorpresa.”

Un día cualquiera en el frente durante el verano de 1943...
El frente había entrado en una tranquilidad relativa, si se podía llamar relativa a una tranquilidad que producía de 300 a 400 bajas al mes, entre muertos, heridos y enfermos. De todas formas, el calor, verano, había traído un asentamiento de las posiciones. Se sufrían los acostumbrados golpes de mano, especialmente por el sector de `El Dedo´ y `El Alcázar, posiciones del regimiento dos-seis-dos, que parecían sufrir o gozar de la debilidad rusa, algunas veces pretendiendo abrazar a lo oso, como ocurriera el día 17 de junio, en que atacaron las dos posiciones con efectivos de batallón, previo un golpe de mano, dejándose la mitad de los hombres en las alambradas. Todo iba quedando atrás. En agosto las trincheras se calcinaban bajo el sol. Los días eran más cortos, iniciando el retroceso a las eternas noches, aunque todavía habría dos o tres meses de buen tiempo. Parecía extraño que no se aprovechase el buen tiempo para acciones ofensivas; pero los alemanes debían haber renunciado por completo a sus planes ofensivos, y los rusos..., los rusos se limitaban a esperar.”

Retirada general...
Ya estaban en los P. C., cargando los trineos: parte del armamento, munición, menaje,
suministros y chismes de cocina. El ambiente era deprimente. Nada importa retirarse o marchar de día; lo que apuraba era abandonarlo todo en plena noche, cuando nada se tenía previsto, cuando se esperaba que la vida, la cochina vida, la rutinaria y maldecida vida siguiera su curso. Aunque fuera para mejorar impresiona abandonar lo conocido. Lanzarse a lo desconocido era peor cantar.
Los de antitanques se negaban a volar las piezas y estaban trabajando como negros para sacarlas del emplazamiento. Lo mismo sucedía con la artillería. Las semanas que llevaban sin moverse habían acumulado nieve, hielo y telarañas encima de las ruedas; las piezas parecían clavadas en el suelo. Los antitanquistas maldecían por lo bajo y por lo alto. Alguno estaba tratando de conseguir un coche.”

Libro para amantes del género bélico realista donde los únicos héroes son lo que quedaron allí enterrados y las grandes hazañas se resumen a sobrevivir un día más, una noche más...

Ideal para servicios nocturnos, espera hospitalaria y a la suegra no, que se sentirá motivada a tratarnos como si fuera una tropa de asalto teutona contra el demonio rojo...

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV

http://theadversiterchronicle.org/



 

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