The Adversiter Chronicle

domingo, 20 de octubre de 2013

"Butaca de patíbulo", suplemento cinematográfico cutre


Suplemento cinematográfico cutre de The Adversiter Chronicle

Mayor Dundee

Traemos hoy una de esas películas que resultan interesantes por varios motivos pese a que el año de su estreno puede hacer que las generaciones nacidas en la era de los ordenadores personales y acostumbrados a los efectos digitales salgan corriendo de su visionado ante el temor de encontrarse una de esas bazofias de películas de vaqueros que pululan por las cadenas de televisión...
Producción de 1964 dirigida por un Sam Peckinpah que por una vez no nos muestra las imágenes de violencia a cámara lenta, lo que con el tiempo sería su seña de identidad y leche materna de Tarantino por poner un ejemplo.

Un reparto que visto ahora es un elenco de estrellas que nos acompañarían luego en nuestro periplo cinematográfico vital siendo alguno de los integrantes estrella propia en carteleras y que verles ahora juntos y en plenitud de juventud reconforta: Richard Harris, Charlton Heston, James Coburn, Jim Hutton, Michael Anderson Jr y Denta Berger entre otros.
Como película de vaqueros tiene todos los ingredientes esenciales del género, subdivisión soldadesca de caballería: ambientada en la Guerra Civil Americana con yankis y confederados, indios rebeldes mandados por un sanguinario jefe apache, el típico poblado mejicano de zarapastrosos y revolucionarios destripaterrones explotados   por los franceses con ambiciones imperiales a costa de los despojos del decadente imperio español, historia de amor imposible con bella moza y acto heroico final que hace que nos aborde una lágrima y sintamos como propio el amor a la bandera de barras y estrellas.

En este sentido es una película imprescindible del género rodada con oficio, ágil realización y espectáculo cinematográfico sin tacha que puede visionarse si nunca se ha visto sin temor y si ya la viste seguramente la veas cada quince o veinte años a los largo de la vida...
Pero tiene más miga.

Rodada en el centenario del conflicto final, refleja a la manera de Hollywood que sólo Hollywood sabe hacer y sigue haciendo, las tensiones raciales y de lucha por los derechos civiles que azotan los EEUU en 1964. Así, vemos la tensión, sin violencia física pero sí en miradas, gestos y provocaciones, entre los racistas sureños y el pelotón de negros en una traslación de lo que sucedía en la nación cien años después y que al calor del combate contra el enemigo se forja el respeto mutuo como se aprecia en la escena en que un soldado negro y otro sudista llegan a la conclusión de que los negros coloniales gabachos son inferiores a los negros afro americanos porque no han nacido en el sur. Además la
película no peca de la hipocresía eufemística políticamente correcta de utilizar el término afro americano que acabaría imponiéndose como se aprecia en las palabras del líder negro del pelotón que pide ir al combate tras dos años limpiando cuadras y haciendo guardias refiriéndose a mis negros. Otra escena clave y cumbre de cómo aborda el tema racial la película es cuando el soldado sudista, con esa mirada de paleto endogámico sureño basada en la supremacía racial mamada desde la cuna, ordena al soldado negro que le quite las botas y es el predicador que sigue los cánones bíblicos quien le baja los humos racistas... ¿Metáfora de LBJ y sus leyes a favor de los derechos civiles?

Se pueden apreciar, aunque en el imaginario colectivo la guerra de Vietnam es memoria a partir de 1968, una metáfora sobre la intervención en el sudeste asiático que en 1964-1965 vio el incremento brutal de tropas estadounidenses: la confaternización y fornicios en el pueblo mejicano, el sadismo francés como tropas de ocupación que presumen de libertadoras que empequeñecen la brutalidad de los indios y la guerra no declarada al entrar en territorio mejicano las tropas de caballería que entran en combate repetidas veces pero sin enarbolar la bandera hasta la batalla final. Es cierto que este símil parece cogido por la cabellera, nunca mejor dicho, pero tal vez era un mensaje larvado dentro de los cánones de lo correcto que imperaba por aquel entonces de exaltar el patriotismo y los valores de la milicia en el cine de Hollywood, que apenas ha cambiado salvo que ahora se muestra el inconformismo ya sin censura.
Finalmente está la visión de cómo el combate y el ejército no hacen miramientos racistas ni conocen de diferencias ideológicas porque el combate y las penurias de la guerra unen más que las ideas que separan. Vista ahora en 2013 no se aprecia lo que debió significar en 1964 de aleccionador e instructivo para los mozalbetes ver a negros, confederados y unionistas cabalgando y muriendo juntos resultando fácil deducir que para los adultos que se enfrentaban en las calles, autobuses y campus universitarios ver tales escenas no debía resultar muy agradable en los cines de las localidades sureñas del sur profundo y racista de EEUU de la era...
En un presidio unionista cerca de la frontera con México ejerce el mando el mayor Dundee, destinado allí para pudrirse como soldado profesional por ser acusado oficiosamente de ineptitud en la batalla de Gettysburg. Desolado y rabioso ante la matanza de civiles y soldados acompañado del rapto de los niños varones por las huestes renegadas del jefe apache Sierra Chariba, decide formar una fuerza de combate que les persiga y libere a los secuestrados formada por lo más selecto de las tropas de guarnición que manda y voluntarios entre los presos sudistas liderados por su antaño amigo del amor hermoso al que considera un traidor de su país y que conserva el sueño e ilusiones de un Sur algodonero y caballeroso enfrentado a una guerra imposible de ganar.

Se forma la unidad de combate y parten a perseguir a Chariba teniendo para ello que adentrarse en territorio mexicano de manera ilegal y enfrentarse a tropas francesas que en número de 30.000 ocupan el país.

Por el camino confraternizan con la población y el mayor Dundee ve desperdiciar la oportunidad del amor y una vida sedentaria en los EEUU por una noche de fornicio mientras se recupera de las heridas y asistimos a su descenso a los
infiernos como ser humano pese a que en el día a día como comandante debe mostrarse frío y en ocasiones intolerante no dudando en ajusticiar a quien deserte de la unidad. Su antagonista pero amigo verá redimida su alma en un trepidante y heroico final den que rescata la bandera de barras y estrellas de manos francesas y herido de muerte se lanza en solitario contra tropecientos lanceros franceses mientras sus camaradas cruzan el río y se ponen a salvo cruzando la líquida línea fronteriza que les devuelve al hogar...

Espectáculo cinematográfico en suma que engancha a la pantalla y trasfondos densos que no solo no lastran la historia que se nos cuenta sino que la enriquece si la vemos con la óptica adecuada siendo adelantada a su tiempo por cuanto pregona el valor de las cualidades humanas por encima de racismos, prejuicios e ideologías, lo cual no viene mal en estos tiempos de zozobra donde nos enfrentamos unos a otros, como hacemos siempre, pero que con la crisis económica hace aflorar actitudes que pensábamos desterradas: el odio entre compatriotas por motivos ideológicos y al prójimo por motivaciones racistas camufladas de optimización de gestión de recursos públicos...
 
The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV

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