The Adversiter Chronicle

martes, 20 de febrero de 2018

"Manual del Buen Comer", por el profesor T. A. Rambaina


Con la colaboración del profesor T. A. Rambaina
en exclusiva para The Adversiter Chronicle

LASAÑA PRECOCINADA

Hoy tratamos en MBC otro de esos alimentos que al menos comemos una vez en la vida, al menos otra cada diez años y en algunos casos forma parte de la dieta de mucha ciudadanía, un alimento precocinado que en ocasiones acaba en la bolsa de la basura por su chcuchurriez tras seguir las instrucciones para el preparado pero que forma parte del imaginario gastronómico colectivo: lasaña precocinada para preparar en micro ondas...

-¿Por qué nos fascina la lasaña precocinada, ein?

-Los platos de pasta nos fascinan ya desde que tenemos uso de razón porque en la infancia nos encanta y es además uno de los primeros platos que un macho alfa aprende a cocinar y se da la curiosa circunstancia de que se piensa, por parte de los mismos, que lo preparan mejor que las mujeres. Sin embargo la lasaña, desde que se quita el envoltorio y se prepara, supone un gasto de neuronas que no todo macho alfa tiene y es de suponer que antes que reconocer que la parienta cocina la pasta en lasaña mejor que uno mismo, hace que siempre andemos rogando por lasaña precocinada. Aún así, tras media docena de intentos frustrados, el macho alfa siempre recurre a la mano femenina de la casa para preparar la lasaña precocinada y sólo tras un detallado estudio del sistema que utiliza es cuando nos atrevemos a prepararla. Pero la lasaña evoca nuestros mejores momentos gastronómicos de la infancia y resulta adictiva desde un punto de vista psicológico.

-Bien, ¿importa la marca?

- Importa a la hora de pagar porque básicamente todas llevan los mismos ingredientes procesados industrialmente y si se para a mirar el etiquetado es posible que vomitemos si hacemos un ejercicio de imaginación según lo leemos. Puesto que es un plato que ha de servirse casi ardiendo por motivos que luego se verán, el calor en la boca anula cualquier sutil diferencia entre distintas marcas. Yo recomiendo atender al precio y no dejarse llevar por la publicidad aunque como en todo plato precocinado tenemos marcas fetiches que una vez le pillamos el tranquillo de cómo prepararlo que se pueda comer, resulta inevitable la fidelidad a una marca determinada.

-¡Bien! Tenemos la lasaña, tenemos el micro ondas y las indispensables instrucciones...

-Advertir que si sigue las instrucciones al pie de la letra no le saldrá. Desde un punto de vista estadístico, el macho alfa común necesita de tres intentos al menos de prueba-error antes de acertar en cómo calentarlo. La primera suele quedar cruda del centro hacia el exterior y la base superior de queso sencillamente cruda; la segunda, si bien mejor en su aspecto final, sigue siendo inmasticable e indigerible por un organismo normal; en la tercera o sale bien o se quema el electrodoméstico por someterlo a máxima potencia durante demasiado tiempo. Mi recomendación es seguir consejos de las féminas de la casa o que tengamos a mano en ese momento. No recomiendo preguntar a adolescentes del entorno porque a esa edad se come lo que te echen y además suelen sazonarlo de ingredientes externos que nos pueden hacer pasar un descanso nocturno en fatigosa acidez gástrica que se convierte en pesadilla.

-Bueno, pues la metemos, con perdón,... programamos el tiempo recomendado más un minuto extra por si las moscas y esperar.

-Lo del tiempo es fundamental y aplaudo su decisión de añadir un minuto más. Bien, hay que sacarla sin perder un segundo ya que el calor se difumina y enfría en menos de un pispás. Lo mejor si queremos mantener la fantasía de que comemos una lasaña como Dios y los santos cánones mandan, lo mejor es comerla en el envase. Bien, pues ya puede empezar y sobre todo antes de que enfríe para consumir a la temperatura adecuada...

-¡Pues Santiago y cierra España! ¡A ver a que...aaaaaaaaaaaaaaaagghaaassffggg! ¡Esto quema rediosssssaaaggff!

-Es el efecto ardiente que comentaba al principio... ¡Refalfies, refalfies de consumidor mal acostumbrado, refalfies! Ahora que las terminaciones nerviosas están en shock por la temperatura de la lasaña, es el momento de comerla antes de que enfríe, tanto el paladar como la lasaña en sí. Aunque se tiende por instinto a soplar antes de comer el trozo, todo adentro sin miedo a que siga ardiendo. Una masticación a ritmo, ni rápida ni despacio, que favorece la posterior digestión y evacuación del alimento. ¡Coma, coma y no piense en que quema, coma!

-¡Ech quech echimma che cheda pecghado enthre logh dientech! ¡Y quemaaaaaaaa!

-Refalfies, sólo refalfies. Si no se puede con todo, lo normal es tirarlo a la basura pero gracias al efecto ardor en la boca, ésta nos queda insensible unas horas, las suficientes para volver a comer a la cena o siguiente comida. El efecto llama en la boca nos facilita además la ingesta de agua, lo cual repercute en una buena digestión aunque durante la misma puedan producirse gases poco aromáticos olfativamente en el prójimo en forma de sonoras flatulencias. Advertir que según la marca puede existir riesgo de sensación de llama a la hora de evacuar el alimento.

-¡Quemaaaaaaaaaaa, profesor, quemaaaaaaa!
 
 
The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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