The Adversiter Chronicle

sábado, 12 de noviembre de 2016

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre


Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle
 

Libro: 1491 – Una nueva historia de las Américas antes de Colón-
Autor: Charles C. Mann
Editorial: Santillana Ediciones Generales, S. L.
Traducción: Miguel Martínez Lage y Federico Corriente
Edición: 2006

Tradicionalmente se ha aceptado y enseñado que antes de la llegada de Colón el continente americano era una especie de Arcadia ecologista donde los nativos vivían en armonía con la naturaleza, la población era escasa y donde la conquista del ser humano del entorno que le rodeaba era relativamente reciente en comparación con las culturas orientales y europeas, las grandes obras arquitectónicas sólo podían haber
sido construidas con ayuda extraterrestre porque la tecnología y conocimientos necesarios no estaban entre las virtudes de los pobladores. Le unimos que durante la conquista fueron destruidos códices y legados culturales de las distintas civilizaciones, resulta de todo ello un halo de misterio y desconocimiento donde las lagunas de información tienden a rellenarse con prisma europeo ignorando la historia del continente.

La propuesta de hoy es una nueva visión y teoría a tenor de nuevos descubrimientos que echan por tierra los tópicos típicos como que los yanomami siempre vagaron por la jungla ajenos al mundo o que las orillas del Amazonas estaban despobladas en contra del testimonio de conquistadores que relataban orillas plenas de población. Posiblemente las reticencias a las teorías que nos muestra el autor resida en que obligaría a escribir de nuevo la historia y dejaríamos el resto del planeta sin su superioridad cultural y tecnológica en comparación a los habitantes del continente americano...

Charles C. Mann es corresponsal de Science y del Atlantic Monthly. Coautor de varios libros, ha recibido, entre otros, los premios de la Asociación Americana de Abogados, la Fundación Margaret Sanger, el Instituto Americano de Física y la Fundación Alfred P. Sloam.
Datos del año de edición y parca la contraportada en biografía pero en Internet encontraréis más información. Como es habitual unas breves pinceladas que os inciten a su lectura:

El Beni...
"Bajo nosotros se extendía el Beni, una provincia boliviana más o menos del tamaño de Illinois e Indiana juntos y casi igual de llana. Durante la mitad del año, la lluvia y la nieve derretida, procedente de las montañas del sur y del oeste, cubren la tierra y la tapizan con una lámina de agua móvil e irregular, imprevisible en su grosor, que termina por afluir a los ríos del norte de la provincia, los afluentes más altos de la cuenca del Amazonas. Durante el resto del año, el agua se evapora, y el intenso verdor de tan vasta llanura se convierte en algo que recuerda, y mucho, a un desierto. Esta llanura tan peculiar, remota, a menudo inundada, era precisamente lo que había atraído la atención de los investigadores, y no sólo por ser uno de los pocos lugares que hay en la tierra habitados por gente que tal vez jamás haya visto a los occidentales armados con sus cámaras fotográficas.”

Pueblo de la Primera Luz...
La primera descripción escrita que tenemos del Pueblo de la Primera luz es la de Giovanni da Verrazzano, un marinero italiano contratado por el rey de Francia en 1523, para descubrir si era posible llegar a Asia rodeando las Américas por el norte. Al poner rumbo al norte desde las Carolinas, observó que la línea de costa estaba `densamente poblada´, pues eran frecuentes `los humos de las hogueras de los indios´; a veces, le llegaba el aroma del humo a cientos de kilómetros de distancia. Ancló su barco en la amplia rada de Narragansett, cerca de lo que hoy es Providence, estado de Rhode Island. Verrazzano fue uno de los primeros europeos que los nativos vieron. Quizás el primero de todos, a pesar de lo cual los narragansett no se dejaron intimidar. Casi de inmediato, veinte canoas de eslora considerable rodearon a los visitantes. Seguro de sí mismo, elegante, el `sachem´ de los narragansett se adelantó para subir a bordo. Era un hombre alto y de largo cabello, de unos cuarenta años, que llevaba joyas multicolores colgadas del cuello y de las orejas, `tan bello de estatura y de complexión que no podría describirlo bien´, escribe Verrazzano.”

Epidemias...
"Huayna Cápac falleció en la primera epidemia de viruela. El virus se cebó con el Tahuantinsuyu de nuevo en 1533, 1535, 1558 y 1565. En cada una de estas ocasiones, las consecuencias fueron inimaginables desde esta era afortunada en la que vivimos. Según un testigo ocular de la epidemia de 1565, `morían a centenares. Los pueblos quedaban diezmados, despoblados. Los cadáveres quedaban esparcidos en los campos, o apilados en las casas o en las chozas […] Los campos quedaban sin cultivar […] Los rebaños quedaban sin recibir atenciones, y el precio de los alimentos tuvo tal incremento que a muchas personas les resultaba imposible comprar comida. Se habían salvado de la terrible enfermedad, pero sólo para perecer de inanición´. Por si fuera poco, el Tahuantinsuyu fue objeto de invasión de otras pestes europeas a los que los indios eran igualmente vulnerables. El tifus (probablemente) en 1546, la gripe en 1558 (junto con otra oleada de viruela), la difteria en 1614, el sarampión en 1618... Todas ellas debilitaron sumamente los cimientos de la cultura inca. Tras sumar el total de estas oleadas de enfermedades arrasadoras, las estimaciones de Dobyns son que las epidemias habrían acabado con la vida de nueve de cada diez habitantes del Tahuantinsuyu.”

Nueva técnica de datación...
Cuando las personas, las plantas o los animales mueren, dejan de asimilar C14. El que está ya presente en sus cuerpos continúa descomponiéndose y el resultado es que el porcentaje de C14 de los fallecidos disminuye de forma constante. La velocidad de disminución se conoce con exactitud: cada 5730 años, la mitad de los átomos de C14 presentes en sustancias inanimadas se convierte en átomos de carbono regular. Libby pensó que al comparar el nivel de C14 presente en los huesos y utensilios de madera con el nivel normal presente en los tejidos vivos, los científicos deberían ser capaces de determinar la antigüedad de tales objetos con una precisión sin precedentes. Era como si toda criatura viva albergase en sus células un invisible reloj radiactivo.”

Los principados mixtecas...
"Al igual que las ciudades-estado italianas del medievo, los principados mixtecas estaban rígidamente estratificados; el rey y un pequeño grupo de parientes y de consejeros de noble extracción acaparaban gran parte de la riqueza y de la tierra. Cambiaban constantemente de configuración; algunos se expandían a costa de sus vecinos, y otros hacían implosión cuando las aldeas que los constituían se separaban y se vinculaban a otros cuerpos políticos. La unión de dos estados al contraer matrimonio sus soberanos eran un suceso más común. En el territorio mixteca del siglo XI, la alianza a través del matrimonio real era tan habitual como en la Europa del siglo XVII. En ambos casos, los árboles genealógicos reales constituían una intrincada red que estaba por encima de las fronteras nacionales, pero en el territorio mixteca las tierras de la reina permanecían en manos de su linaje: el heredero del rey no lo era necesariamente de la reina. Otra diferencia: la primogenitura no se daba por supuesta. Si la reina no consideraba a su hijo primogénito apto para reinar, podía otorgarle la corona a otro vástago, e incluso a un sobrino o a un primo.”

La mano del hombre...
La interacción de los pueblos americanos con el medio ambiente era tan heterogénea
como las propias sociedades indígenas, aunque siempre obedecía a un proceso histórico concreto. En algunos casos excepcionales, como el de la civilización maya, los investigadores han logrado describir el proceso con cierta exactitud, pero lo más frecuente es que sólo se conozcan someramente los avatares históricos como sucede en la reconfiguración de la mitad este de Estados Unidos. Estos dos ejemplos paradigmáticos son los temas que abordaré a continuación. En ambos casos, los indígenas transformaban a gran escala amplias franjas de territorio para sus propios fines. Si se analizan los datos, se concluye que muchos indígenas, aunque no todos, eran muy activos en el dominio de la tierra; no se limitaban a esperar sus dádivas. No cabe duda de que podemos aprender mucho de ellos, pero no coinciden en absoluto con el estereotipo habitual.”

Alteración de ecosistemas...
"Lo que sucedió después de Colón fue como si hubiese mil `kudzus´(Pueraria lobata) por doquier. A lo largo y ancho del hemisferio, los ecosistemas se resquebrajaban y se hundían como el hielo invernal. Los ecos del tumulto biológico resuenan en los manuscritos coloniales. Los colonos de Jamestown dejaron de quejarse de sus vecinos indios para hacerlo de los estragos que les infligían las ratas que habían importado por accidente. Sin embargo, no todos los invasores eran una plaga tan evidente. En América, el trébol y las hierbas del género `Poa´ -en Europa tan dóciles y respetables como unos contables a sueldo- se transformaron en Atilas biológicos, extendiéndose a través de áreas inmensas con tal celeridad que los primeros colonos ingleses que penetraron en el interior de Kentucky encontraron a ambas especies ya aguardándoles. Los melocotones, que no suelen considerarse una mala hierba, proliferaron con tal furor en el sureste que ya en el siglo XVIII los granjeros temían que ambas Carolinas quedaran convertidas en una `jungla de melocotoneros´.”

Apasionante viaje al pasado a la luz de nuevos descubrimientos, técnicas y teorías de un mundo perdido que no estaba tan atrasado respecto a otros, donde el ser humano dejaba su impronta y su superioridad como especie alterando la naturaleza y todo ello alterado a su vez por la llegada de los europeos con sus enfermedades desconocidas hasta entonces por los nativos desterrando al olvido las culturas indígenas del continente y donde los historiadores ignoraban por menosprecio las culturas precolombinas.

Libro ideal para curiosos de la historia, amantes de la misma y servicios nocturnos sin jefes en lontananza, estancias hospitalarias o simplemente lectura por placer donde descubriremos un mundo fascinante que echa por tierra algunas verdades ecologistas y sirve de cura de humildad al resto del mundo y culturas que siempre han encontrado reconfortante negar que en el continente americano hubo culturas y civilizaciones que no sólo igualaban a sus contemporáneas en Europa sino que la superaban en grandiosidad, tecnología, conocimientos y población...
Apasionante.


The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton  Jr. IV

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