The Adversiter Chronicle

miércoles, 27 de noviembre de 2019

"Un miércoles...un poema", suplemento poético

 
DESAPARECIÓ POCO A POCO

Ella desde hace un año temía que él un día muriera, que le fallara algún latido de su corazón, o que su mente quedara flotando en un espacio lejano y desapareciera de ese entorno que compartían, dejándole un gran vacío. Se había acostumbrado a sus charlas entretenidas, a sus bromas que le arrancaban siempre una sonrisa, a contarle cosas que a veces comprendía a la perfección y otras no, pero cuya respuesta le hacían reflexionar. Le gustaba escucharle con atención cuanto quería compartir, especialmente cuando era trascendental y podía dibujar algún trazo de su verdadera esencia. Ella sabía que en él casi todo era artificial, que se esforzaba por reforzar los hilos que le mantenían unido a este mundo, que necesitaba imitar y fingir para no herir, para no separarse demasiado del resto de la humanidad. A veces intuía que en cierta forma él la tenía como posible elemento útil para algún fin. Ella supo desde el principio que su frialdad, su indiferencia, su brusquedad, su extraña libertad la podían dañar, pero aún así le tenía cariño y admiración por todo lo que había logrado, por luchar continuamente de la manera que lo hacía, por no rendirse ante la adversidad, por mantener la capacidad de disfrutar de su vida actual.
Un día él encontró una motivación especial y se fue alejando de ese entorno que con cariño le quisieron acompañar en su caminar desde hace años, se distanció sin darse cuenta día tras día, semana tras semana, mes tras mes, hasta llegar casi al punto de no retorno de la amistad. Se cansaban de esperarle en vano, de pedirle una explicación que nunca llegaba, de ver cómo la confianza ganada con los años era pisoteada con silencios incomprensibles o con palabras fuera de tono. Una noche alguien le volvió a disparar una piedrecilla con un tirachinas, pero él interpretó que era una bala mortal y con desmesurado e inapropiado ímpetu se defendió antes de marcharse sangrando, dejando parte de su equipaje en aquel lugar. Voló tal vez en busca de otro confortable nido, que podría ser de cucos. Aquella misma noche ella soñó que mataban a un ruiseñor, y lo peor fue esa angustiosa sensación de que ella también disparó. Aunque le queda el consuelo de que él no murió, que vuela por otros lugares con otras compañías o quizá empapado en su profunda soledad.
Ana
 
 
The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
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