The Adversiter Chronicle

lunes, 24 de septiembre de 2012

"Lomo con tapas", suplemento literato cutre


Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro: Embajador en el infierno – memorias del capitán Palacios
Autor: Torcuato Luca de Tena
Editorial: Homo Legens – Grupo Intereconomía
Edición: 2006

 
Traemos hoy a Lomo con tapas  uno de esos libros que si te fijas en el autor y la editorial puede hacer que según sea tu tendencia política te hace quemarlo en la hoguera o tenerlo en la mesita al lado del misal y el retrato de Franco…

Para el lector que simplemente le guste leer y saber algo de historia reciente, del siglo pasado, es un testimonio y un reflejo a la vez que una obra que entronca con la subdivisión literaria de los gulags tan típicos de la cultura rusa zarista y luego perpetuada por la URSS y su más insigne exponente de promover los mismos: Stalin.

Libro común  a “Archipiélago Gulag” o de otros dedicados a las vicisitudes de los prisioneros de guerra en campos japoneses pero sobre todo la lucha por sobrevivir de soldados españoles prisioneros de la URSS y de qué manera encontraron fuerzas para sobrevivir siendo el capitán Palacios su líder y sobre todo su oficial superior en el alienante mundo del gulag.

Es verdad que hay trozos del libro donde parece que el autor se deja llevar de patriotismo post guerra en la España de la dictadura fascista primero y personal después mientras que en otras distinguimos perfectamente cuando habla el soldado, el protagonista, ya reducido a carne de gulag pero que se auto erige en líder para no derrumbarse ni perder a sus hombres manteniendo la compostura y gallardía militar a la que renunciaron otros compañeros  alemanes con más rango. Pero también es testimonio de unos soldados, la División Azul, que al acabar la guerra fueron olvidados por así decirlo. Mientras italianos y alemanes eran repatriados, los españoles siguieron prisioneros.

 
Del autor contaros que desciende del fundador del ABC  y que este libro le valió la concesión del Premio Nacional de Literatura en 1955, jugaba en casa y no deja de ser un homenaje tardío a unos soldados abandonados a su suerte, logrando el Premio Planeta en 1961 con el libro La mujer de otro.

Como siempre,  unas breves pinceladas:

 La captura…
“Rodeados por todas partes, el cerco se fue ciñendo apretándose en anillos sobre nosotros. Las instrucciones recibidas, como ya he dicho, habían sido las de lanzar cohetes rojos a lo largo del combate, señalando las direcciones de ataque del enemigo, con el fin de que nuestra artillería le castigara de acuerdo con el código de señales acordado. A aquella hora, por primera vez, los utilicé y los lancé al norte, al sur, al este y al oeste. Pero nuestra infatigable artillería no existía ya. El cerco se ciñó tanto, que la infantería enemiga no podía ya disparar sobre nosotros ni siquiera con armas cortas, pues corría el riesgo de causar bajas por encima nuestro a los suyos propios. Por esta causa, las últimas horas de combate de desarrollaron en un impresionante silencio.

-No nos quedan municiones –me dijeron

-Preparad bolas de nieve. Sirven de piedras –Es claro que no hablaba en serio. La frase equivale a lo que los franceses llaman una `boutade´. En cualquier caso significaba la orden de resistir.

Durante todo el combate apenas tuve tiempo de atender a los heridos. Ya en esta fase di orden que los alojaran en un búnker, el único que no había sido deshecho. Era tan grande el silencio que, en esta espera angustiosa, sólo oíamos a nuestra espalda los ayes y los lamentos de los heridos del búnker. Decidí hacerles una visita y pedí al alférez Castillo que me acompañara. El cuadro era tal que me duele hasta recordarlo. Algunos agonizaban. A los que habían muerto se les cubría con un saco en espera de trasladarles a mejor lugar. No llevábamos tres minutos con ellos cuando me reclamaron a gritos. Subía a la superficie y me encontré a los rojos ya encima. Castillo disparó sobre ellos el último cargador de su pistola automática y les hizo varias bajas. En oleadas, y sin disparar, pues se hubieran herido a sí mismos, cayeron físicamente sobre nosotros. Entre la capa de polvo, nieve, sudor y sangre se adivinaban los rasgos de los vencedores. Unos eran nórdicos y se diferenciaban poco de los alemanes. Otros –pómulos salientes, ojos oblícuos- eran mongoles. Uno de los atacantes, herido en el vientre, se desplomó allí mismo ante nosotros. Un suboficial ruso le preguntó si podría levantarse, y, al contestar aquel que no, le remató de un disparo en la nuca. El muerto y el matador eran compañeros de armas.

-¡Davai! ¡Palléjali! –que quiere decir:<< ¡Adelante! ¡Deprisa!>>

La estepa se abría ante nosotros, desnuda y helada.

-¡Davai! ¡Davai!

La noche a nuestra espalda, cayó como un cerrojo sobre Asia, la `cárcel infinita´.”

 
Condiciones laborales de gulag…

“Durante las doce o trece horas de trabajos forzados a que se sometía a los prisioneros en la inmediata fábrica de trilladoras, llamada Serpi y Molot (Hoz y Martillo), los soldados no recibían ni una mísera ración de pan. Sólo al regreso y al amanecer se les daba algo de comer. Después del agotador trabajo regresaban al campamento, y no una, sino varias veces, se dio el caso de que soldados totalmente agotados murieran allí mismo, en el paseo de regreso, cayendo sobre la nieve. Al día siguiente, cuando los forzados trabajadores pasaban de nuevo por aquel lugar, camino de la fábrica, volvían a ver el cuerpo muerto del compañero en el mismo sitio donde cayó. Como la temperatura era muy baja, los cuerpos no se descomponían sobre la nieve, y allí permanecían (sin más variación que, noche tras noche, los iban desnudando para robarles la ropa) hasta que el jefe de campo tuviera a bien darles de baja, tras haber aprovechado en beneficio propio durante estos días la ración del muerto. Más de una vez, uno de estos cuerpos aparecía al amanecer con los ojos saltados por los cuervos y los pies devorados por las ratas. Me repugna escribir esto, pero es preciso no omitir detalle alguno de las cosas, pues aún hay gentes que a nuestro regreso sonríen escépticas, pensando que veníamos de dormir once años en un lecho de rosas. Aquí en Jarkof, volvió a repetirse el caso, ya iniciado en Cheropoviest, de comerciar con los alimentos no digeridos por los enfermos de disentería, separándolos de los excrementos para lavarlos con nieve, hervirlos y comerlos.”

 

Sentimiento de recuperar la libertad…

“Vertiginosamente , sobre aquel fondo de apoteosis, comenzaron a desfilar dentro de mí momentos cumbres del cautiverio. La lrga columna d eheridos tropezando sobre la nieve, avanzando a golpes de culata hacia la cárcel infinita; el primer interrogatorio en Kolpino, cuando me negué a declarar desnudo, porque aquello atentaba contra mi dignidad; el diálogo con el general cortés, la primera celda, el cruce del Ladoga a 40 grados bajo cero. ¡Cheropoviest, con sus caníbales blancos! ; Suzdal, con los italianos –los que descubrían frescos bizantinos en las paredes de su cárcel; los que morían por descubrir una flor-; el ángel sin piernas, a saltos de batracio, murmurando tras nuestras rejas la canción del legionario; mi negativa a trabajar ante los perros y las metralletas…; el encuentro en Oranque con los rojos españoles; su huelga y mi escrito a Moscú defendiéndoles…

Dicen que en los minutos que preceden a la muerte todo el pasado se derrama sobre el hombre. De mí sé decir que esto ocurre también en las muertes al revés, al renacer de la vida…”

 Libro recomendable a izquierda y derecha, los primeros para ver la realidad de la utopía llevada a la práctica y los segundos para que aprendan que tras los combates y alcanzada la paz todos somos hermanos en el cautiverio.

Para el común de los mortales un retrato de los gulags y la hazaña de supervivencia de unos soldados que eran españoles y que con el paso del tiempo queda como testimonio de la brutalidad y el horror que el ser humano es capaz de infligir a otros seres humanos. Porque con el paso del tiempo, de los siglos, las guerras pasan y se olvidan sus motivaciones pero el horror se perpetúa sea cual sea el color de las banderas.

Una lectura que sirve en suma de homenaje y recuerdo a la vez que transversalmente es un fresco de los gulags rusos y a dónde lleva la sinrazón y la crueldad sobre los vencidos, ya sean de izquierdas o de derechas: a los campos de concentración.

 

 
 
The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV
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