The Adversiter Chronicle

viernes, 22 de julio de 2011

"Memorias de la Transición", por Antón Rendueles

Unas memorias de Antón Ordiales en exclusiva para The Adversiter Chronicle

CAPÍTULO I

(La noche que acabó la Guerra Civil)



Suena “The Blues” interpretada por una hermosa voz negra de mujer con la banda de Duke Ellingtong y apetece sentarse al teclado y cumplir el contrato con The Adversiter Chronicle.

Postrado en mi ataud monocasco, al que imagino cápsula espacial en vuelo orbital en ninguna parte, respiro el aire de Gijón envuelto en ese bochorno festivo y añoro poder ir a la Semana Negra. El Taibo siempre se mojó demasiado con la administración socialista y cuando regentas un garito como la Semana Negra, la diplomacia vaticana con la administración de turno debe ser obligada si se quiere que algo efímero perdure a la vez, aunque ese turno democráticamente elegido dure décadas, porque esos “pecados” se acaban pagando. Me resulta triste que Gijón pierda la semana, estando por el terruño patrio es increíble que a 2000 km conozcan Gijón y su Semana Negra...

Pero esta noche de viernes es ideal para viajar al recuerdo, a otra noche... Negra para algunos, esperanzadora para otros y de incertidumbre para quienes eran nuestros padres que también tenían hipotecas, problemas en el curro...

Quiero dedicar a esas dos generaciones que vivieron aquellos tiempos mi recuerdo. Sin ellos y ellas yo no estaría tecleando ni disfrutando de este estado de bienestar consumista.

Gracias.

Aquella noche dormía en casa de mis abuelos. Regentaban una cantina en el desaparecido Mercado de San Agustín. Un edificio de dos plantas y sótano que saldrá a menudo en estas memorias porque allí transcurría gran parte de mi tiempo ocupado entre el colegio y jugar. Ese 1975 me había traído una hermanita y recuerdo noches de boxeo viendo a Perico Fernández, a Gila y sus chistes que junto con las películas de Fred Astaire , creo que se escribe así, y si no ruego al lector que me perdone mi desconocimiento de los nombres anglosajones, y el omnipresente “telediario” hacía que mi abuelo se sentara a ver la TV.

Mi abuelo imponía respeto a una criatura de mi edad, su sensibilidad era la misma que la de un tiburón antes de dar un buen ñasco a un submarinista. Tuvo una vida dura de trabajo, ahorro y sacrificio que cuando fui su nieto ya gozaba de cierto confort de clase media. También aparecerá en estas memorias. Es curioso como a la hora de transcribir los recuerdos te percatas de pequeños detalles y matices...

No recuerdo más que caminar por el pasillo, en penumbra al estar apagada la luz de la cocina y sólo alumbrarme con el luminoso blanco y claro de la pantalla del televisor. En mi desconocimiento infantil de la programación habitual de TVE, supe instintivamente que pasaba algo cuando mi abuelo prestaba atención a la tele, mi abuela apuró sus tareas de devota y santa esposa de los parámetros franquistas que regían en la sociedad medio obrera-medio clase media en España, y anunciaron la emisión de “Objetivo Birmania”.

Es la primera película de la que tengo consciencia y supongo que al igual que dicen que el primer amor te marca la vida, tal vez el cine que también es otra forma de amor te marque con la primera película...

La protagoniza Errol Flyn y es una historia de guerra con la propaganda típica de los tiempos en que fue rodada que muestra las penurias y miserias de una unidad. De aquella, era mi primera película, la escena en que cortan el dedo de un japonés para quitarle el anillo me impresionó como a otros la niña del Exorcista masturbándose con el crucifijo, Alien saliendo del vientre del piloto del Nostromo o a Dustin Hofman taladrándole el diente hasta la bulba el viejo nazi que era dentista...

Luego supe que su hijo murió en Camboya el año que yo nací y no dejan de rondar las neuronas tántricos pensamientos de reencarnación y vida más allá de la muerte...

No recuerdo nada más de esa noche. Al día siguiente tengo el recuerdo de la vieja verja del colegio “Ordás” cerrada y que en el kiosko vecino de acera todos los periódicos traían la foto de un tipo y en grandes titulares “FRANCO HA MUERTO”.”


He querido empezar estas memorias por lo que recuerdo desde que soy consciente y así las trato de transmitir.

Esa noche terminó la Guerra Civil y esa noche tomé el control de mi consciencia. Salvo recordar haberme perdido de mis padres en la calle Covadonga y retazos de instantes gozosos de niño, mis recuerdos arrancaron la noche en que Franco murió.

No deja de ser curioso.

Suena Ana Torroja con una versión de “Maquillaje”, arreglos de jazz y trompetas muy adecuado que mejora la de Mecano. Gijón se maquilla de negro y alguna mente infantil toma consciencia de sus recuerdos sin saberlo y el ambiente de la Semana Negra le acompañará hasta la muerte...
Antón Rendueles

The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV

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