The Adversiter Chronicle

lunes, 25 de julio de 2011

"Lomo con tapas"

Suplemento literato cutre de The Adversiter Chronicle

Libro: La Guerra de la Independencia
Autor: Miguel Artola
Editorial: Espasa Calpe, S. A.
Año de edición: Febrero de 2008 – 2ª edición

¡Sacar la bandera conque engalanasteis las ventanas en el pasado Mundial de Sudáfrica! ¡Sacar los pantalones de la mili y la carabina de balines que nos invaden los gabachos!

Comienzo de manera tan patriótica y guerrera este número de “Lomo con tapas” porque traemos hoy un libro que habla de nuestra última gran guerra hasta la Guerra Civil. Un libro que nos habla de que hubo una época que marcó el posterior aislamiento de España del resto de naciones europeas y a la vez explica la raíz del ocio acerval para con los franceses de los españoles y viceversa.

El caso es que en 1808 los españoles se echaron a las calles y sacaron banderas no para celebrar un gol de Iniesta, resulta que al bueno de Napoleón, que andaba por aquella repartiendo reinos entre sus parientes y generales, se le ocurre que dar el reino de España a su hermano. El Rey se llevaba mal con su hijo, un botarate absolutista que prometió el oro y una constitución que hiciera entrar a España en el siglo XIX y que al final ahorcó, compró, o simplemente les hizo emigrar, a quienes lucharon por su causa...
Pero este libro de Miguel Artola nos habla de la guerra por expulsar al ejército imperial y restaurar la independencia nacional.

Miguel Artola (San Sebastián, 1923) es uno de, como siempre estos apuntes biográficos los saco de la solapa del libro, es uno de los más prestigiosos historiadores españoles. Es académico de la Historia y doctor honoris causa por las universidades del País Vasco y de Salamanca. Ha obtenido, entre otros, el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales y el premio Nacional de Historia.

Escrito de manera amena y dinámica, es de agradable lectura para quienes sientan la pasión por la historia. Pero ya sin más os dejo con unas breves pinceladas para que me deis la razón...

La quiebra del Antiguo Régimen...
Los acontecimientos políticos y militares de 1808 marcaron el inicio de una nueva época de la historia de España. La guerra de la Independencia, como suele ser para quienes la soportan en su patria, fue el aspecto dominante, aunque la historia presta mayor atención a los cambios políticos y sociales que tuvieron lugar durante o como consecuencia de la guerra. Las Cortes de Cádiz iniciaron el proceso revolucionario que introdujo el constitucionalismo y cambió la organización de la sociedad y de la economía. La independencia de las colonias americanas transformó la identidad territorial de la Monarquía de España. Las condiciones objetivas para la revolución produjeron en su tiempo una abundante literatura, cuya mayor debilidad fue olvidar la importancia de las circunstancias en el origen de los sucesos revolucionarios. La crisis del Antiguo Régimen fue la condición que permitió la conquista del poder y la formación de una opinión liberal dispuesta a continuar la lucha hasta la victoria. Tuvo dos manifestaciones distintas: la primera fue dinástica y dio lugar a la sustitución violenta del rey por el príncipe de Asturias y a la abdicación de todos los varones de la familia en el emperador francés; la segunda afectó al aparato del Estado, cuyos titulares no se atrevieron a ejercer su poder, cuando hacerlo comprometía su carrera. El poder, abandonado por sus titulares, recayó en manos del pueblo.”

Fernando VII abandona Madrid...
En la mañana del mismo día en que salió Fernando VII de Madrid, Murat inició sus requerimientos para que se le entregase al Príncipe de la Paz. Dos días después repitió su demanda, que renovó luego cotidianamente. La Junta de Gobierno consultó al rey, que se encontraba a la sazón en Vitoria, y aunque este les ordenó que no accediesen a la pretensión del gran duque, terminaron por entregarle, luego que el general Belliard afirmó el 20 de abril por escrito <<que el Príncipe de Asturias había puesto a su disposición al preso don Manuel Godoy>>, y sin tener en cuenta si había transcurrido el tiempo mínimo para que pudiese cruzarse toda la correspondencia que el oficio del jefe de Estado Mayor francés implicaba. Aquella misma noche tuvo lugar la entrega del prisionero, que emprendió a continuación el camino de Bayona, adonde seis después, cuando los reyes padres habían ya, por su parte, iniciado el viaje que les conduciría al mismo destino. En dicho lugar se les unieron luego el infante don Francisco, la reina de Etruria y el infante don Antonio, con lo que Napoleón llegó a tener en sus manos a la casi totalidad de la familia real española, a la que iba a dictar su voluntad.

El 20 de abril Fernando VII y sus acompañantes habían cruzado el Bidasoa -el Rubicón, en frase de Escoiquiz-, y poco después tenía lugar el encuentro con los grandes, enviados desde Aranjuez. Según Escoiquiz, informaron al rey de <<que la verdadera intención del emperador era la de destronar a la casa de Borbón de España>>. Ceballos, en cambio, afirma que <<su explicación con respecto a las intenciones del emperador no fue la más lisonjera>>. Una vez alojados en Bayona, y tras las iniciales visitas de cortesía, se celebró una comida en el castillo de Marrac. En este momento el monarca y sus consejeros aún conservaban sus ilusiones, según prueba la respuesta de la Junta de Gobierno a un oficio de Ceballos, con fecha de 20 de abril, en el que se habla <<de la acogida amistosa que el emperador de los franceses y rey de Italia hizo a V. M: en Bayona>>.”

Las tropas imperiales muerden el amargo polvo de la retirada...
El vacío creado por la captura del ejército de Dupont dejaba Madrid al descubierto, lo que provocó un movimiento generalizado de repliegue que no todos los ejércitos franceses serán capaces de llevar a cabo. Junot, aislado en Lisboa por el levantamiento español, trata de cumplir las instrucciones de Napoleón, que le ordenaban apoyar las operaciones de Bessiéres y Dupont. Las columnas de Loison y Avril no pudieron abrirse paso, por lo que Junot, enfrentado simultáneamente con el levantamiento portugués, decidió concentrar sus fuerzas en torno a Lisboa, dejando en Almeida y Elvas guarniciones destinadas a mantener abierto el camino para una retirada que la derrota de Bailen había hecho imposible.
El 1 de agosto iniciaba su desembarco en las playas de la desembocadura del Mondego la la división que el gobierno inglés enviaba como respuesta a las peticiones de los enviados de las Juntas españolas. Las tropas mandadas por el joven Arthur Wellesley sumaban, inicialmente, 9000 hombres, cifra que ascendió hasta los 16.000 cuando se le unieron en días sucesivos nuevas divisiones inglesas, efectivos a los que se añadieron algunos miles de portugueses.

Junot, a pesar de la superioridad numérica de sus fuerzas (28.000 hombres), se encontraba en una situación estratégica crítica debido a la hostilidad popular que el levantamiento español había producido. Enfrentado con la necesidad de cubrir dos objetivos simultáneamente, ocupar el país, especialmente Lisboa, y combatir al cuerpo expedicionario inglés, su decisión de atender por igual ambos problemas le llevó a luchar en condiciones de inferioridad numérica en Vimeiro (21 de agosto). La batalla fue planteada por Wesllesley según el modelo casi constante en su vida: superioridad de posiciones, previamente elegidas con gran minuciosidad, y táctica de desgaste del enemigo, al que se obliga a atacar en desventaja al mantener una imperturbable postura defensiva, El resultado de Vimeiro de los supuestos mencionados fue la derrota táctica de los franceses, cuyos ataques jamás tuvieron la fuerza necesaria para desalojar a los británicos de sus posiciones. La llegada de sir Harry Burrard, que tomó el mando de las fuerzas inglesas al final del combate, paralizó la persecución de los imperiales, lo que permitió a Junot retirarse sobre Lisboa sin ninguna dificultad.”

Wellington...
Apenas conoció Wellington la nueva dirección del avance francés siguiendo siguiendo la ruta Viseu-Coimbra, noticia que coincidía con un momento de gran concentración de sus fuerzas, decidió presentar batalla, ocupando la fuerte posición de Busaco. La línea anglo-portuguesa -formada por 52.000 hombres- cubría las alturas de la sierra de este nombre desde Paradas al Mondego, teniendo su centro de gravedad en el edificio del convento de Busaco, al borde del mejor de los caminos que llevaban a Coimbra. El 25 de septiembre, las avanzadillas del ejército de Reynier llegaban ante Busaco y, al día siguiente, Massena , tras inspeccionar el terreno, ordenaba un ataque frontal en el que habían de participar los cuerpos de ejército de Ney y Reynier, cada uno de los cuales lanzaría varias columnas divisionarias contra un sólo punto de la línea aliada. Comenzaría el ataque el 2º ejército, y una vez coronada la cordillera, llevaría a cabo una conversión para atacar la posición del convento por retaguardia, al mismo tiempo que Ney lo hacía por el frente. La elección de Massena suponía la aceptación de la fórmula planteada por Wellington, y daba a este todas las ventajas inherentes a una posición elegida y ocupada con entera tranquilidad, y a una batalla cuyo desarrollo había de corresponder sustancialmente a las previsiones del comandante británico.”

Guerrilleros y españoles todos...
El comienzo de las guerrillas en Cataluña resulta aún más impreciso que en el resto de España, al confundirse con una fórmula bélica más antigua: el somatén. Las primeras batallas del Bruch responden a la fórmula del levantamiento general, pero esta forma de hacer la guerra será pronto sustituida por el profesionalismo del guerrillero, aunque el tránsito no resulta perceptible para los propios protagonistas. Aún más: en Cataluña,el ejército regular, después de las derrotas experimentadas ante las fuerzas de Saint-Cyr, optará por una línea estratégica puramente guerrillera que caracteriza su actuación hasta la etapa final de la contienda, en que muchas de las guerrillas se convertirán en unidades regulares a escala divisionaria en ocasiones e, incluso, de cuerpo de ejército.
El somatén se convertirá o será sustituido por el guerrillero de forma tanto más imperceptible cuanto que los jefes de los primeros seguirán siendo caudillos militares cuando, en lugar de dirigir masas populares cuya fuerza básica es el número, pasan a conducir los grupos reducidos de combatientes seleccionados. Milans del Bosch, un teniente coronel en situación de media paga, fue el primer jefe de los somatenes, cuyos miembros en muy pocos meses se transforman en soldados permanentes. Manso y Solá estuvo en Gerona y Rosas antes de convertirse en caudillo de una partida. Franch y Estalella surgen de las filas de los que combatieron en el Bruch.
La aparición de la guerra de guerrillas atrajo de manera inmediata la atención de la Junta Central, que trató de introducir un cierto orden y control en la nueva forma de hacer la guerra. El reglamento de partidas y cuadrillas, de 28 de diciembre de 1808, fue seguido en 17 del siguiente abril por el decreto destinado a organizar el llamado Corso terrestre, que ya tenía antecedentes en la partida establecida con ese título en Navarra por Mina el Mozo. Antes de esa fecha -20 de febrero-, la Junta Superior del Principado de Cataluña publica un Reglamento para los somatenes, que junto con los anteriores constituyen las primeras fórmulas destinadas a institucionalizar el nuevo tipo de combatiente y de guerra.”

Efectos de la guerra de guerrillas...
La importancia histórica de la acción de las guerrillas, cumplidamente exaltada en lo que tiene de valores humanos, resulta infravalorada en lo que respecta a su decisiva trascendencia militar. Los recientes ejemplos de guerras revolucionarias en las que guerrilleros o partisanos han combatido y triunfado frente a fuerzas regulares más poderosas numérica y posicionalmente, junto con la elaboración doctrinal que de su experiencia nos han brindado sus caudillos, han permitido un nuevo acercamiento y una más justa estimación histórica de la importancia de las guerrillas en el victorioso desenlace de la guerra de la Independencia.
Un estudio analítico de la guerra en el que se trate más de valorar el número de bajas y los daños causados a los franceses, que de describir batallas libradas de acuerdo con los principios académicos de la táctica militar, habrá de estimar forzosamente la acción de las guerrillas como más decisiva que la de los ejércitos regulares español e inglés. En definitiva, los imperiales no fueron obligados a evacuar el país por la derrota que sufrieron en los Arapiles y todavía menos por las que posteriormente experimentaron en Vitoria. Antes de esas batallas su dominio de la Península había alcanzado un punto crítico y bastó un resultado adverso en un único combate para verse obligados a evacuar, primero Andalucía y luego la totalidad del país. El comentarista militar Liderar Hart, en su libro sobre `La estrategia de aproximación indirecta, enuncia esta misma idea cuando afirma que <<tratar la guerra de la Península como una crónica de las batallas y los sitios realizados por Wellington es quitarle su verdadera significación>>.
Atacados por la permanente acción de los guerrilleros, las tropas francesas resultan fijadas al terreno, y si conservan una relativa iniciativa táctica -la de perseguir a las partidas- es a costa de perder o cuando menos de ver profundamente afectada su iniciativa estratégica de conjunto. En el momento crítico en que Massena se encuentra detenido con 50.000 hombres ante Torres Vedras en espera de refuerzos, Espoz y Mina consigue fijar en Navarra durante tres meses a los 38.000 hombres que forman el 9º ejército, la Joven Guardia y la guarnición de las plazas de la provincia.”

Libro en suma apasionante que aparte de refrescar las neuronas patrióticas nos dice que antes de independentismos boineros, esa cosa llamada España se unió contra el invasor. Por otra parte, asistiremos en primera fila a que España sí era ya Europa sufriendo los avatares que el cambio de régimen de gobierno absolutista al representativo que proclamaban las revoluciones provocó en el continente. Es indudable que se ha solapado que Napoleón no perdió, comenzó a, su aura en Rusia, tambien en España y si la Península no se hubiera sublevado es posible que la historia fuera otra en nuestros días. Inventamos un nuevo arte de lucha en la guerra que aún sigue vigente, el denominado “conflicto asimétrico” que pone en jake a ejércitos regulares frente a la hostilidad de la población.
También contiene el libro unas páginas dedicadas a cuadros y grabados sobre la época que resultan deliciosos como contrapunto gráfico a los narrado.
Libro ideal para guardias hospitalarias y de seguridad de amantes de la historia, para regalar a adolescentes indolentes y a la suegra si tiene migraña ya que su lectura le aumentará el dolor si está acostumbrada a leer las tramposas novelas históricas, no lo leerá pero se cagara en todos los muertos del yerno.
Tal vez el problema de España es que siempre nos tragamos las leyendas negras que sobre nosotros se han escrito...
 
 
The Adversiter Chronicle, diario dependiente cibernoido
Salt Lake City, Utah
Director Editorial: Perry Morton Jr. IV

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